El amigo ateo tiene un problema. En realidad, tiene varios problemas.
Cuando dices ateo en el imaginario colectivo social se sigue pensando en una persona amoral, un sociópata de libro; del estilo de Hannibal Lecter. Y no, nuestro amigo ateo lo es por las circunstancias, por herencia, por influencias y, sobre todo por una certidumbre científica y moral. A él le gustaría no serlo, sobre todo porque podría ir por la vida con un apoyo del que carece. Hace mucho frío cuando se piensa que esto es lo que hay y que, cuando se acaba pues eso, que sanseacabó. Pero a lo que ibamos. Nuestro amigo ateo es, básicamente, una persona decente. Cede el paso a los ancianos, ayuda a los extranjeros perdidos en su ciudad, en el trabajo no se escaquea, colabora con todo y con todos, aunque pierda horas y gane en preocupaciones. También le gustan los gatos y protege el medio ambiente. Aunque se podría permitir un coche grande, tiene, y casi le da verguenza porque consume CO2, un utilitario ecosostenible. Su lema podría ser “porqué enfadarnos si podemos ser amigos”.
Ahora, el amigo ateo, esta en una compleja tesitura y como tiene claro que ningún señor con túnica, barba blanca y triángulo en la cabeza va a acudir a solucionar sus problemas piensa y piensa y llega a una conclusión. El mundo es injusto, dice, hay decenas de hijos de puta que ha alcanzado la vejez de manera plácida y cuyos crímenes han sido olvidados. Hay bellísimas personas que, como “recompensa”, han padecido y padecen males terribles, situaciones espantosas que no desearías ni al peor torturador de Dachau. Ergo, confiemos, se dice, en aquello que nunca falla. En una vida de trabajo que le ha proporcionado amigos donde apoyarse y a los que recurrir. En la devolución de favores. En la familia que supone el útimo escudo ante las inclemencias. En una trayectoria honesta. En la estadística. En el improbable golpe de suerte que supone en haber nacido en una de las escasas zonas que del planeta tierra que son Primer Mundo. Y en poco más.
Confía, en fin. Y reza, porque quiere conservar lo que más quiere. Egoísta e incongruente que es el amigo ateo.
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Hay gente atea que llegado el momento sufre “iluminaciones”, Dicky. Los humanos somos así.
Si puedo hacer algo, me lo dices. No tienes más que coger el teléfono.
Por: Maripuchi el 28, Septiembre, 2009
a las 6:28 pm
Impecable, como casi siempre, dicky. Yo me considero agnóstico porque aunque me creo la teoría de la evolucióna pies juntillas me parece tan brusco el salto entre el mono y el hombre que aún sigo buscando “mi propio eslabón perdido”. Algo tiene que haber para que a nuestro alrededor haya tantas benas personas, tantos hijosdeputa, y tantos hijosdeputa que se creen buenas personas…
Yo que no creo en Dios, o al menos no creo en un Dios que nosotros podamos entender, sistematizar y domesticar para pedir limosnas en su nombre. Yo que no creo en la existencia de cielos e infiernos sí que echo en falta a veces ese apoyo que hablas, carezco de ese colchí, de ese “bueno, que sea lo que sea, ya descansaré después”.
Hay vecs que tienes que explicar que lo de no creer no es realmente una elección, que no es una pose, que ya me gustaría mi creer en algo. Pero no puedo.
Por: Javi R. el 28, Septiembre, 2009
a las 6:35 pm
Ser ateno tiene la ventaja de no tener que preocuparse de mantener contentos a los dioses ( ya no lllega con mantener en buen estado de ánimo a los humanos de nuestro entorno) y de no temer una maldición divina…da una tranquilidad digna de un paraiso.
Por: xiabre el 28, Septiembre, 2009
a las 9:21 pm
Dicky, ¿qué pasa hombre? ¿Quedamos a echar unas birras?
Y lo del ateismo, no veo la relación entre ser ateo y ser amoral, será que no he entendido lo que es “el imaginario colectivo social”…
No sé, para mí es lo normal, ser ateo, es lo racional y lo científico… Yo no doy explicaciones. Digo que lo soy a quien me lo pregunte y si no le gusta lo siento, no es mi problema… y si me deja en paz, mejor para los dos ¿no?
Por nuestros actos nos conocerán. Que sepan que quien les ayudó desinteresadamente era ateo.
Por: Pernan el 28, Septiembre, 2009
a las 10:08 pm
Ateo por la Gracia de Dios, Dicky.
Saludos.
El Conde
Por: Conde de la Maza el 30, Septiembre, 2009
a las 12:30 pm
Vivir sin Dios nos condena
a errar por propia cuenta,
Vivir sin Dios nos ayuda
a crear una vida propia,
Vivir sin Dios no consuela
y aún a veces desespera,
Vivir sin Dios no es locura,
es quitarse la tempura
y vivir omnipresente!
Por: patricia el 1, Octubre, 2009
a las 12:25 pm