Una voz en el desierto

Me escribe mi amigo y gran fotógrafo Fede Merino para trasladarme su emoción y su mirada sobre el pueblo saharaui. Fede ha tenido la gran suerte de compartir unos días con estas gentes generosas que regalan todo lo que tienen, que es casi nada. Unas gentes traicionadas por los sucesivos gobiernos españoles en los que confiaban. Un pueblo que ha tenido la desgracia de que bajo sus pies se encuentra una de las grandes reservas mundiales de fosfatos y que, en sus costas, haya grandes caladeros pesqueros. Los intereses geoestratégicos son, una vez más, demasiado importantes. Más, al parecer que las gentes, que los niños, que las mujeres, que con dignidad sobreviven en una de las tierras más hostiles para el ser humano.

[rockyou id=112264116&w=426&h=320]

Estas son las palabras de Fede

Estuve en en campamento de refugiados saharauis de Dajla llevando un taller de fotografía con motivo del Festival de Cine FISAHARA.

Allí se presentó esta iniciativa que comparto y extiendo.
El objetivo es conseguir un mínimo de 500.000 firmas antes del 15 de septiembre para pedir al Gobierno español que reconozca el estatus diplomático del Frente Polisario.

Es muy fácil adherirse, entra en www.todosconelsahara.com y rellena tus datos.

Es muy importante para el pueblo Saharaui que nos ayudéis a difundir esta iniciativa, reenviad masivamente este correo para conseguir entre todos este objetivo. Todos pueden firmar.

Me traje del viaje un recuerdo imborrable de un pueblo al que se le ha robado su tierra, que vive en condiciones infrahumanas arrojado al desierto más cruel que puedas imaginar.

Unas gentes que nos ofrecieron sus jaimas y su cariño y que nos hicieron sus hermanos y confidentes desde el primer día.

Te adjunto una colección de imágenes de aquellos días.

Un abrazo

Fede Merino

www.abfoto.org

Una patera en Tarifa

Una patera en Tarifa

Los niños de un colegio de Tarifa (Cádiz) dibujaron en la pared de su colegio una escena que han tenido que ver en más de una ocasión. Cuando, hace un año vi el mural me estremecí pensando en esos niños andaluces observando, desde las ventanas de su colegio, la llegada de seres humanos exhaustos, hambrientos y, en ocasiones, muy cercanos a la muerte.

Recordando esa imagen pensé en las palabras que el premio Nobel Wole Soyinka dijo recientemente. Este intelectual, referencia de la cultura africana, lanzó una interesante propuesta llena de ironía. “Por cada cayuco que llega a Europa con 100 africanos que arriesgan su vida por buscar una vida mejor debería salir otra embarcación en sentido contrario que llevara europeos emprendedores a África. No tienen que mandarnos a sus criminales, sino a aventureros que busquen nuevas oportunidades. Les aseguro que si se instalan en Lagos, ya no querrán salir de allí”.

Y es que para Soyinka los culpables de la situación africana hay que buscarlos en otras culturas como la nuestra. No es para enorgullecerse, pero tampoco debemos olvidar que el País Vasco, además de extraordinarios marinos mercantes, también fue cuna de grandes tratantes de esclavos negros. “… la historia de África fue perturbada por los cazadores de esclavos, tanto árabes como europeos, – dice Soyinka – que destruyeron cuanto había. Luego vinieron los imperios extranjeros a explotar nuestras riquezas y, cuando se fueron, se sucedieron los conflictos que provocaron para seguir conservando su dominio”.

90 al fondo, y la orquesta del Titánic sigue tocando

Mientras hablamos de la chirigota del secuestro de la revista EL JUEVES, en el Atlantico se han hundido como negras piedras 90 seres humanos.

Supervivientes del Naufragio, foto de EFE

Entre los inmigrantes que naufragaron la pasada madrugada a menos de 200 kilómetros al sur de Tenerife “había una familia entera de seis hermanos”, de los que “sólo uno ha sobrevivido”. Lo confirmó anoche Austin Taylor, coordinador del equipo de respuesta inmediata en emergencias de la Cruz Roja en Canarias. Taylor añadió que los inmigrantes, entre los 20 y 30 años, aseguraron proceder de Liberia y Ghana, que hablaban “en un inglés perfecto”. Esos fueron los afortunados.

Otros “se hundieron como un trozo de plomo” sin exclamar ni una sola palabra ni un solo grito de queja. Sus músculos estaban agarrotados después de diez días quietos en la misma posición. El peso de sus ropas de abrigo, que llevaban superpuestas para aguantar el frío durante la travesía, causaron el mismo efecto que los plomos de los submarinistas; un rápido descenso hacia las profundidades abisales.

Hoy son 90, mañana otros lo volverán a intentar. África, el Titanic, se sigue hundiendo y los pasajeros de los camarotes de tercera clase no subirán a los botes salvavidas. Mientras, en la prospera Europa la orquesta sigue tocando en la cubierta de primera clase.

(la fantástica fotografía de los supervivientes, que me recuerda a los cuadros africanos de Barceló es copyright EFE)