La oración del ateo

El amigo ateo tiene un problema. En realidad, tiene varios problemas.

Cuando dices ateo en el imaginario colectivo social se sigue pensando en una persona amoral, un sociópata de libro; del estilo de Hannibal Lecter. Y no, nuestro amigo ateo lo es por las circunstancias, por herencia, por influencias y, sobre todo por una certidumbre científica y moral. A él le gustaría no serlo, sobre todo porque podría ir por la vida con un apoyo del que carece. Hace mucho frío cuando se piensa que esto  es lo que hay y que, cuando se acaba pues eso,  que sanseacabó. Pero a lo que ibamos. Nuestro amigo ateo es, básicamente, una persona decente. Cede el paso a los ancianos, ayuda a los extranjeros perdidos en su ciudad, en el trabajo no se escaquea, colabora con todo y con todos,  aunque pierda horas y gane en preocupaciones. También le gustan los gatos y protege el medio ambiente. Aunque se podría permitir un coche grande,  tiene, y casi le da verguenza porque consume  CO2, un utilitario ecosostenible. Su lema podría ser “porqué enfadarnos si podemos ser amigos”.

Ahora, el amigo ateo, esta en una compleja tesitura y como tiene claro que ningún señor con túnica, barba blanca y triángulo en la cabeza va a acudir a solucionar sus problemas piensa y piensa y llega a una conclusión. El mundo es injusto, dice, hay decenas de hijos de puta que ha alcanzado la vejez de manera plácida y cuyos crímenes han sido olvidados. Hay bellísimas personas que, como “recompensa”, han padecido y padecen males terribles, situaciones espantosas que no desearías ni al peor torturador de Dachau. Ergo, confiemos,  se dice, en aquello que nunca falla. En una vida de trabajo que le ha proporcionado amigos donde apoyarse y a los que recurrir. En la devolución de favores.  En la familia que supone el útimo escudo ante las inclemencias. En una trayectoria honesta. En la estadística. En el improbable golpe de suerte que supone en haber nacido en una de las escasas zonas que del planeta tierra  que son  Primer Mundo. Y en  poco más.

Confía, en fin. Y reza, porque quiere conservar lo que más quiere. Egoísta e incongruente que es el amigo ateo.

Leo Bassi, La revelación: una guía de uso y disfrute para el ateo

Leo Bassi, la revelaciónCuando decides ir a ver “La Revelación” de Leo Bassi te tienes que enfrentar a una larga serie de dificultades. No hablo de que se te intente impedir físicamente entrar en el local del teatro, que pasó y que, afortunadamente, ya parece ser un asunto olvidado. La dificultad de la que hablo es que tu compañía, con la memoria de las escatológicas intervenciones de Bassi en “Cronicas Marcianas” se arrugue y piense que el cómico va a organizar una perfomance similar a la que nos suele regalar “La Fura dels Baus”. Para intentar convencer (porque yo ya estaba convencido) a mi acompañante de que esta era una obra del teatro al uso (bueno, más o menos) busqué en Internet descripciones de la función. Encontré algunas pero ninguna en profundidad, tal es así que casi me quedo sin argumentos para arrastrar a la indecisa.

Este escrito se ha realizado para animar a los que estén dudando si acudir a ver esa obra de teatro. “La Revelación” es un ejercicio de magnífico trabajo actoral, un texto muy meditado y un conjunto artístico que emociona, hace reír y pensar. Ah! y por cierto para los que teman el contacto, Leo, esta vez se mantiene en el escenario.

La obra: los primeros nueve minutos, los que le costaron más de un disgusto al cómico, son los de un Bassi transformado en Benedicto XVI. El presunto Papa pide perdón por los abusos de la Iglesia, por evitar el uso del preservativo y fomentar el SIDA, por estar con el bando equivocado en la Guerra Civil. El sosias de Benedicto termina bailando rap al ritmo de una música urbana para animar a los jóvenes a sumarse a una liturgia caduca y reparte condones a una divertida audiencia.

Posteriormente llega el monólogo de un falso mormón. Leo explica como fue su llegada a la Biblia y empieza a contar las, muchas cosas, que no entiende. Cómo, que desde el libro del Génesis Dios desprecia a la mujer y a la naturaleza. Cómo en el libro del Éxodo el propio Dios patrocina el primer acto terrorista de la historia al fomentar la matanza de Jericó por el pueblo elegido. Cómo los Estados Unidos han basado sus guerras actuales en el Dios de la Biblia. Cómo el mensaje pacifista de Jesús ha sido traicionado por aquellos que se dicen sus seguidores.

El espectáculo acaba de una forma poética, con una llamada al respeto de la naturaleza, con la llamada al racionalismo y al humanismo como verdaderas filosofías de vida, algo que las religiones monoteístas ya han olvidado. El texto de la obra se ha convertido también en un libro divertido, editado por Barataria, en el que se habla de la trayectoria de este espectáculo y también se profundiza en asuntos que en el escenario quedan sólo apuntados. Os recomiendo acudir al teatro y ver la obra. También os recomiendo comprar el libro. Eso sí, no tratéis de hacerlo en El Corte Inglés, allí Leo nos contó que no se vende para “no ofender a sus clientes católicos”.

Miguel de Unamuno poeta. El día que Bilbao dedica a su recuerdo

Unamuno poeta del almaTodos los 28 de septiembre. en Bilbao. se conmemora el día de Miguel Unamuno. Este pensador, filósofo, novelista y poeta fue una de las referencias intelectuales de su época y, todavía hoy, sigue siendo uno de los pensadores más citados y con mayor influencia. Dotado de una personalidad contradictoria hizo de la constante duda el motor de su vida y de su obra. Cuando estalló la Guerra Civil española era rector de la Universidad de Salamanca, rodeado de los campos castellanos que tanto bien hicieron a su espíritu. En los primeros tiempos de la revuelta fascista Miguel saludó esa insurrección porque creyó que iba a suponer una regeneración de la República a la que, consideraba corrupta y agotada. Más adelante, y tras ser utilizado propagandísticamente por los insurrectos a nivel internacional, se convirtió en un paria a los ojos de los intelectuales españoles y extranjeros que habían confiado en su pensamiento. Horrorizado, Miguel descubrió como aquellos a los que había apoyado se convirtieron en unos monstruos carniceros que ejecutaban incluso a sus buenos amigos por los que intercedió sin descanso.

Su última aparición pública, derrotado físicamente y síquicamente fue en la Universidad en el día de la Raza. Allí, uno de los profesores intervinientes, lanzó un discurso sobre las antiespañas. Miguel antes del acto expresó su intención de no hablar “porque me conozco”y resignado se hallaba al borde del agotamiento. No obstante, las palabras  le indignaron, durante la intervención había tomado notas en el dorso de una carte en la que la mujer de un pastor protestante  le pedía que intercediera antes las autoridades para evitar el fusilamiento de ese amigo,   y  ya no pudo evitar estallar y a voz en grito decir a la audiencia: “Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces, Pero, no, la nuestra es solo una guerra incivil (…) Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión (…) Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí esta el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis…

En ese punto, el general de la Legión Millan Astray empezó a gritar: “¿Puedo hablar? ¿Puedo hablar?” Su escolta presentó armas y alguien del público gritó: “¡Viva la muerte!” Entonces Millán gritó: “¡Cataluña y el País Vasco, el País Vasco y Cataluña, son dos cánceres en el cuerpo de la nación! ¡El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí!” en ese momento el militar perdió el aliento y no pudo seguir hablando. En la sala se oían gritos de “¡Viva España!”.En la sala hubo un silencio sepulcral, parecía que aquello no podía seguir, pero el anciano Unamuno, sacando fuerzas de donde no había exclamó: “Acabo de oír el grito necrófilo de “¡Viva la muerte!”. Esto me suena lo mismo que “¡Muera la vida!”. Y yo, que he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el enojo de quienes no las comprendieron, he de deciros, con autoridad en la materia, que esta ridícula paradoja que me parece repelente. Puesto que fue proclamada en homenaje al último orador, entiendo que fue dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que el mismo es un símbolo de la muerte. ¡Y otra cosa! El general Millán Astray es un inválido. No es preciso decirlo en un tono mas bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente hay hoy en día demasiados inválidos, Y pronto habrá más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Millán Astray pueda dictar las normas de psicología de las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como dije, que carezca de esa superioridad de espíritu, suele sentirse aliviado viendo como aumenta el numero de mutilados alrededor de él (…) El general Millán Astray quisiera crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por ello desearía una España mutilada…”

Furioso, Millán grito: “¡Muera la inteligencia!” A lo que el poeta José Maria Pemán, afecto al régimen faccioso, intercedió diciendo: “¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!” Unamuno ya era ingobernable, todo le daba igual, contemplaba su final físico con un desprecio rayano en la temeridad y, para acabar dijo: “¡Éste es el templo de la inteligencia! ¡Y yo soy su supremo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido , diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir, y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España”. Millán estaba rojo de furia pero, pensando en las consecuencias, se contuvo y, señalando a Carmen Polo, la esposa de Franco, ordenarle: “¡Coja el brazo de la señora!”, cosa que Unamuno hizo, evitando así que fuera linchado en su misma Universidad. Días después, Unamuno moría. Su canto del cisne le redimió frente a todos aquellos intelectuales progresistas que en los meses anteriores habían dudado de su integridad.

Hoy, al Unamuno que celebramos en esta fecha es al Miguel poeta, y se conmemora su figura poética con una conferencia, en la biblioteca de Bidebarrieta a las 19:30, de Ricardo Senabre, Catedrático de literatura de la Universidad de Salamanca. La presentación la realiza Jose Antonio Ereño Altuna, Catedrático de Historia de la Universidad de Deusto, escritor y estudioso de la figura de Miguel de Unamuno. Como os decía Unamuno siempre dudó, pero esa duda era también un anhelo profundo de creer. En esta pequeña poesía está condensada toda su figura contradictoria.

La oración del ateo

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes

a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi ama endulzóme noches tristes.

¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.