Viento

Viento.

Un estado de ánimo o un fenómeno meteorológico. El viento es, quizás, de entre todos los meteoros el más metafórico. Estamos en mitad de vientos de cambios, el viento nos mueve a su antojo, el viento cuando sopla fuerte y se convierte en huracán, tifón y ciclogénesis,  nos aparta de nuestro camino. Churchill que era maestro de la motivación, le dijo a su pueblo en plena Guerra Mundial, cuando en  la batalla de Inglaterra pintaban bastos,  que el cometa sólo se eleva con el viento en contra. Los hindús, que son gente forjada en la adversidad, proclaman: “no hay árbol que el viento no haya sacudido”. Esto quiere decir que no te preocupes amigo o amiga; eso pasará. Siempre habrá una adversidad en tu pasado, presente o futuro a la que hacer frente. En nuestra decisión está ser hojas en el viento o sauces flexibles que se adaptan frente a las ráfagas de la mala fortuna y luego se ponen en pie cuando pasa el tifón; si es que pasa. Suele pasar. (A veces).

Viento
Viento

Lo dice Quique González, y le acompaña Edu Ortega (grande) en el directo: Soy veraneante accidental en la ciudad del viento,  Subo la montaña que se oculta tras el vuelo de tu falda. En la ciudad del viento.

Vada a bordo, cazzo

Este singular blog, medio abandonado, renqueante,  tiene sus cosas curiosas. De puertas afuera mencionaré las satisfacciones que me sigue dando para el poco tiempo que le dedico. En sus once años de existencia y por su actividad, he conocido a personas a los que ahora puedo llamar amigos, me he enriquecido con centenares de aportaciones respetuosas, sensatas y divertidas. Ha puesto en contacto a decenas de personas de todo el mundo que llevan mi apellido y gracias a eso se han reencontrado familiares lejanos. También uno de los post sirvió de ayuda para que se reparará un flagrante injusticia.  Sólo por eso ya ha merecido la pena. Ahora que leo que mucha gente se queja de los trolls que asaltan sus bitácoras, puedo decir (lo diré bajito por si acaso)  que sólo he tenido un troll (persistente, como todos los de su especie, pero  que como dejé de alimentarlo se murió de inanición, pobrecito).

De puertas adentro, repaso las sorprendentes estadísticas  y me doy cuenta que  aquí  se ha  debido de hablar de temas que son atemporales y que interesan a un gran número de personas de todo orden y condición. Uno de esos temas, por el que siempre he tenido una especial fijación, es el del naufragio del Titánic. Un símbolo de la condición humana, una parábola de nuestra sociedad occidental ensimismada, siempre repartiendo culpas a la diestra y a la siniestra, pero que en el momento de enfrentarse a los problemas globales se centra en la solución individual y grita sálvese quién pueda y mirmidón el último.

Me resulta, de pura caricatura,   entrañable  el Titánic de opereta del crucero Costa Concordia.  Con un malo tan risible como el comandante Schettino. Casi igual en su meridional apostura  que Edward John Smith, comandante del Titanic que aguantó en la cabina hasta que lo engulló el mar. El kilo de héroe es ahora mucho más caro, debe ser cosa de la inflación. Y el kilo de responsabilidad y de orgullo torero se cotiza muy alto. Lo dicho, nadie es culpable de nada. Estamos en un continente que se hunde placidamente mientras la nave asiática, repleta de remeros jóvenes y hambrientos, ya alcanza una velocidad (valga la contradicción) de crucero y contempla a nuestro transatlántico que se ladea peligrosamente.

Y todos en la cubierta oyendo la orquesta y repartiendo culpas. A los que mandan, a los bajíos que nos impiden navegar. A la mar que antes nos impulsaba y ahora  con la marea en nuestra contra, nos saca de la plácida ruta que indolentemente seguíamos.

Y debiéramos de mirar a esa barquita llena de gente flaca, que reman sin descanso. Y empezar a bogar con fuerza, porque sólo una persona no mueve un barco,  pero si todos nos aplicamos la cosa mejora. Nuestros padres, al menos los míos,  pasaron hambre, exilio  y una guerra,  y no se quejaron. Yo nunca les oí quejarse. Tomaron el rumbo de sus vidas y las cambiaron. Con pequeños gestos, con actitudes y sobre todo con trabajo.

A todos los que se quejan, sin hacer nada, dan ganas de que llegue el Comandante  Falco de turno y que les diga voz tronante “¿estás cansado, no? ¿tienes y miedo quieres irte a tu casa? Pues, no. Vada a bordo, Cazzo!

Mr. Nobody

Mr Nobody está en su lecho de muerte. Es muy, muy viejo y es una rareza. Será la última persona que muera en un mundo en el que todos los seres humanos son  inmortales. Su mente trata de recordar su pasado pero es complicado. Su memoria es frágil, está perdiendo el sentido de la realidad y ya no distingue lo real de lo inventado. Imagina cómo hubiera sido su vida si hubiera tomado decisiones diferentes. Se imagina feliz con otra mujer, se ve desgraciado, se intuye con malas compañías, se adivina con hijos y sin ellos. Es una película de posibilidades desperdiciadas, de realidades inventadas y en la que el destino está fabricado por nuestra determinación y también por el azar. Mr Nobody va a dejar de ser y no sabe si ha sido lo que piensa que ha sido, o si esas existencias posibles simplemente no fueron.

Nos inventamos vidas y cuanto más larga es nuestra trayectoria más tratamos de idealizar esos momentos del pasado. Somos autoindulgentes con nuestros errores pasados y muchas veces ni siquiera admitimos como reales las pertinaces realidades.

Mr. Nobody
Mr. Nobody

En un juego de PC del siglo pasado, llamado Heart of China, se podían tomar diferentes decisiones pero, cuando nuestra opción era relevante, aparecía un señalador de caminos que te indicaba que la senda que ibas a tomar era un camino de ida y no de  vuelta.

En nuestra vida hay múltiples decisiones que tomamos cada día. Si hemos de hacer caso a las más alocadas teorías científicas cada una de esas elecciones provocan un universo diferente en el que nuestros otros yoes, los que hemos generado simplemente al elegir otra marca de champú , tendrán una vida independiente. (Reconozco que me encanta usar el plural de yo, es tan poco habitual que merece la pena ser rescatado: yoes, yoes, yoes, yoes…).

En Beautiful Girls de Ted Demme,  hay un diálogo en una cabaña situada sobre un lago helado en el que la mujer, objeto de deseo, le dice a aquel que la desea que, muchos otros también se preguntan porqué él tienen la suerte de ser el compañero de otra mujer, la suya. Todo eso para enseñar(nos) que nuestras suertes son envidiadas por otros. Pese a que, en ocasiones, no nos sintamos afortunados.

Y en esa gran obra maestra de la filosofía moderna que es Babylon hay una frase que remata lo que muchos piensan y pocos se atreven a decir: “La vida es una mierda y luego te mueres.” O no.

La desgracia de la Mujer Guapa

Lo reconozco, me intimidan las mujeres guapas. A los hombres guapos directamente los odio o trato de ignorarlos. Pero esto es un complejo  del que hablaré con el sicoterapeuta y que no viene al caso de este post. Una mujer guapa es muy difícil de gestionar. Te hacen sentir invisible, transparente o, directamente, con todas tus vergüenzas al aire. Me refiero, naturalmente,  a las vergüenzas psicológicas. Me veo en el pasado, en el presente y en el futuro intentando normalizar el contacto con las mujeres guapas y fracasando, que es gerundio.

El caso extremo, verbi gratia, tuvo su cima en el festival de cine de San Sebastián,  cuando al quedarme a solas en un salón del Maria Cristina con Lauren Bacall directamente perdí palabra y casi me desmayo intentando farfullar tres frases en inglés.  La mirada de sorna que me dedicó la protagonista de “Tener o no tener” la llevaré grabada a fuego durante el resto de mi vida.  Los hombres no sabemos como comportarnos con ese tipo de mujeres y así nos va. Nuestro limitado repertorio va desde el gruñido gutural, al servilismo o al ridículo. La peor de las enfermedades en las que se puede caer un hombre en una relación con la mujer guapa  es el pagafantismo.

Por eso creo, hay  muchos que se van  al extremo opuesto y directamente ignoran a esas mujeres. Porque parten de la base de que nunca estarán a la altura. Y eso es una desgracia para la mujer guapa.

Ellas piensan en su belleza como ventaja pero, amigas, siempre será una desgracia. Están  condenadas a un desolador mundo de hombres patéticos, balbuceantes, sobreactuados o directamente gilipollas.   No se preocupen, hay esperanza. Las mujeres  con la edad maduran y se hacen más sabias y sensatas.  Los hombres con los años se infantilizan y cada vez se compran juguetes más caros.  El cambio social y de roles permitirá a la mujer descartar a esos hombres y directamente acudir al género no manoseado. Si usted es una mujer guapa no lo dude, rompa la brecha generacional  y busque a los jovencitos.  A los hombres  les lleva toda la vida funcionando esa  misma táctica.

ps

hoy es 2 de marzo, pues eso, zorionak

La oración del ateo

El amigo ateo tiene un problema. En realidad, tiene varios problemas.

Cuando dices ateo en el imaginario colectivo social se sigue pensando en una persona amoral, un sociópata de libro; del estilo de Hannibal Lecter. Y no, nuestro amigo ateo lo es por las circunstancias, por herencia, por influencias y, sobre todo por una certidumbre científica y moral. A él le gustaría no serlo, sobre todo porque podría ir por la vida con un apoyo del que carece. Hace mucho frío cuando se piensa que esto  es lo que hay y que, cuando se acaba pues eso,  que sanseacabó. Pero a lo que ibamos. Nuestro amigo ateo es, básicamente, una persona decente. Cede el paso a los ancianos, ayuda a los extranjeros perdidos en su ciudad, en el trabajo no se escaquea, colabora con todo y con todos,  aunque pierda horas y gane en preocupaciones. También le gustan los gatos y protege el medio ambiente. Aunque se podría permitir un coche grande,  tiene, y casi le da verguenza porque consume  CO2, un utilitario ecosostenible. Su lema podría ser “porqué enfadarnos si podemos ser amigos”.

Ahora, el amigo ateo, esta en una compleja tesitura y como tiene claro que ningún señor con túnica, barba blanca y triángulo en la cabeza va a acudir a solucionar sus problemas piensa y piensa y llega a una conclusión. El mundo es injusto, dice, hay decenas de hijos de puta que ha alcanzado la vejez de manera plácida y cuyos crímenes han sido olvidados. Hay bellísimas personas que, como “recompensa”, han padecido y padecen males terribles, situaciones espantosas que no desearías ni al peor torturador de Dachau. Ergo, confiemos,  se dice, en aquello que nunca falla. En una vida de trabajo que le ha proporcionado amigos donde apoyarse y a los que recurrir. En la devolución de favores.  En la familia que supone el útimo escudo ante las inclemencias. En una trayectoria honesta. En la estadística. En el improbable golpe de suerte que supone en haber nacido en una de las escasas zonas que del planeta tierra  que son  Primer Mundo. Y en  poco más.

Confía, en fin. Y reza, porque quiere conservar lo que más quiere. Egoísta e incongruente que es el amigo ateo.

Pabellón de Valencia en Fitur

Hace dos años, por motivos de trabajo me recorrí Fitur, la feria del Turismo en Madrid, cargado de una pesada cámara durante dos días interminables. Había quedado con ministros y consejeros de turismo de diferentes países y autonomías para hacer entrevistas para un canal de televisión en el que trabajaba.

Los responsables de comunicación  de la Comunidad Valenciana, cuando en la pre-producción avanzamos nuestra intención de entrevistar a sus dirigentes,  nos invitaron a comer una paella en su pabellón.  Así que después de una mañana cansada y dura,  llegué al pabellón valenciano y me dispuse a comer el arroz en compañía de otros periodistas, tan menesterosos y hambrientos como yo.

En al entrada del pabellón una señorita muy ejecutiva recogió mi invitación y tras mirar un poco al paisano que se la entregaba y al medio que representaba, me dijo sin inmutarse: “está la comida completa, no te puedo pasar”. Mientras decía  esto,  con toda la desfachatez del mundo,  acomodaba a personas que llegaban más tarde que yo y  sin invitación en la mesa.

Yo soy Aries.  Soy una de persona de prontos muy fuertes y explosivos que rápidamente se apagan. En ese momento sentí la sangre hervir. Me importaba un comino la paella. Me podía pagar cien paellas como esa.  De hecho,  acabé comiendo a cuenta de la dieta que me pagaba mi  empresa en un  restaurante mucho mejor. Lo que me jodió fue la displicencia, la chulería y la falta de respeto de unos tipos que me habían invitado sin yo pedírselo  y que luego me estaban dejando como un trapo, tirado  en la puerta de su pabellón. Mi pronto explosivo se calmó, respiré diez veces y dije para mi mismo “que se metan estos fulanos todos y cada uno de los granos de la paella por el orto”.  Me largué sin mirar atrás.

Hoy me  entero que los responsables de montar ese pabellón de la Comunidad Valenciana van a ser enjuiciados por corrupción. Que la señorita que me negó la paella y sus jefes van a pagar su prepotencia en un juicio que quizás acabe con ellos en la cárcel y con el descrédito de los dirigentes de la Generalitat Valenciana que consintieron sus chanchullos, sus trapicheos cutre-neocon. Y pienso que, habitualmente,  la falta de ética suele ir unida con la falta de estética. Y creo que, como la venganza, ese paella valenciana es un plato que mejor se come frío.

Por cierto, ¡buen provecho!

¿Qué es ser un héroe? ¿Quiénes son héroes?

Héroes, Hiro Nakamura e Ibán Ortega RomoEste verano del 2007, en lo periodístico,  ha sido un verano atípico con la economía dando sobresaltos, con noticias políticas importantes y con guerras activas en  las que no se vislumbran soluciones.

También este verano ha sido el verano de los Héroes.

Héroe por accidente

En Estados Unidos y quizás como una metáfora del derrumbamiento del Imperio se cayó un puente en Minneapolis. Esa tragedia fue producida por la falta de inversiones en mantenimiento y provocó 13 muertos. Podrían haber sido muchos más si no llega a ser por la sangre fría de Jeremy Hernandez. El chicano Hernández, de 20 años,  consiguió rescatar a los niños de un autobús escolar en el que iba como ayudante de actividades extraescolares. Ese trabajo lo había conseguido tras haber sido expulsado del Instituto por no poder pagar los 15.000 dolares que costaba la matrícula del curso de mecánica que quería seguir. Ahora, tras haber sido designado oficialmente “héroe”, muchas instituciones americanas se han ofrecido a pagarle la matrícula.

El héroe inconsciente

Otro héroe de este verano fue Julián Reyes, un vecino de Tenerife, que salvó con una manguera y rodeado de llamas varias casas de su pueblo. Elevado mediaticamente a los altares de la heroicidad Julián contaba cómo, para realizar su hazaña, tuvo que huir de la policía que le perseguía con la intención de evacuarlo. Posteriormente se escondió y poniéndose en peligro, y poniendo en peligro a las personas que le seguían buscando, hizo de apagafuegos voluntario. Todo un héroe a pesar de que la lógica dice que vale más que se quemen unas casas a que mueran o queden heridos el personal de los grupos de emergencia que  intentaron su  rescate.

Un héroe atípico y flamenco

Antonio Solera, un guitarrista flamenco paseaba por las calles del barrio japonés de Sibuya tras acabar, de madrugada, su actuación en un teatro. Unas llamas y una mujer gritando le llamaron la atención y tras hacerse entender (ignoro cómo) consiguió que la mujer que estaba atrapada en el incendio saltara a sus brazos y se salvara de una muerte segura. Un rescate muy flamenco que acabó con Antonio condecorado por las autoridades japonesas.

Héroes, la serie de Tv

“Un gran poder requiere de una gran responsabilidad”.  Ea es la frase típica en las películas  de superhéroes.  En esta serie hay héroes buenos y malos. Gente con habilidades producidas por una alteración genética que intentan salvar al mundo y otros que se aprovechan de sus potencialidades para su beneficio o para hacer el mal. No le veo nada de mérito al ser un héroe si, por ejemplo, puedes doblar el espacio-tiempo y hacer lo que quieras y cuando quieras,  como hace Hiro Nakamura

Los héroes cotidianos

Son mis héroes preferidos. Es , por ejemplo, la señora que cuida de sus marido enfermo, que se desplaza quince kilómetros para trabajar por un sueldo de mierda y que aún tiene tiempo para repartir sonrisas y hacer del mundo un sitio mejor.

Hay también gente que nos rodea que, sin tener alteraciones genéticas, son portadores de superpoderes. Conozco a alguien que tiene capacidades innatas para la impertubabilidad. Es capaz de montar todo un equipo de grabación en 30″, encontrando el mejor sitio en dura disputa con otros cámaras. También tiene el superpoder de conseguir todo tipo de cosas. Si necesita una pieza para una cámara de vídeo da igual que esté en Apatamonasterio o en el desierto del Gobi, logrará dar con esa pieza sin que nadie a su alrededor sepa cómo lo hizo. Además a él las chicas, en los bares, le tiran miguitas de pan y a mi eso no me ha pasado nunca (y cómo jode). Lo héroes también cumplen años, por eso desde estas líneas Zorionak Iban Ortega!

Athletic Club de Bilbao

Hay asuntos en los que la racionalidad se va directamente al cuerno. En los que influye el sentimiento, en el sentido de emoción pegada a la tierra. Asuntos, en fin, en los que tras escuchar historias legendarias de boca de tus padres, tíos, abuelos, no puedes hacer nada menos que rendirte y declararte lleno de una locura que se llama fútbol, que se llama en nuestro caso Athletic Club de Bilbao.

Estadio del Athletic Club de Bilbao, circa 1950
Estadio del Athletic Club de Bilbao, circa 1950

Desde hace dos años, los seguidores de este club estamos sufriendo un dulce tormento cada fin de semana, sabiéndonos al borde del abismo del descenso a segunda división. Para aquellos que lean estas líneas desde lejos debo decir que el Athletic para nosotros es algo más que un club de fútbol. En una sociedad convulsa muchas veces ha sido, en el pasado, la argamasa que nos ha mantenido unidos por encima de nuestras ideas o ideologías.

Un club legendario, un club señor, una afición respetada y respetuosa con el contrario. Caso único en el balompié mundial, un grupo de jugadores, todos nacidos en el País Vasco, que han demostrado que se puede competir de igual a igual contra estrellas legendarias y contra equipos con miles de millones de presupuesto anual. Un equipo que ha contado con nombres en sus filas como Pichichi, Iriondo, Iribar, Zarra, Dani… El club que siguió durante toda su vida mi aita y el que me dejó en herencia cuando se marchó a ver jugar a las estrellas en el campo de sueños de la otra vida.

ps

Reedito este post que escribí en el 2007, hoy cerca de  después de jugar (y perder)  dos finales. Da igual,  lo que escribí tiene el mismo valor en la derrota y en la victoria. El futbol como elemento de unión, como valor y no como arma arrojadiza. El modelo a seguir, con humildad y sabiendo que, aunque se pierda, siempre te levantas, a tu estilo, con estilo. Y por cierto , ese niño de la foto, hoy ya no ejerce de médico pero, en el cambio, está en la directiva que contrató a Don Marcelo Bielsa y que tantas alegrías nos ha dado este año del 2012.

Atentado en Zorroza

 

Narración del atentado Radio Euskadi

El 24 de mayo de 1989 murió el ertzaina Luis Hortelano García mientras desactivaba un artefacto encontrado en el maletero de un taxi, en el barrio bilbaino de Zorroza. También murieron dos artificieros de la Policía Nacional. ( fuente EL MUNDO)

MANUEL JÓDAR CABALLERO
Manuel Jódar Caballero, policía nacional nacido en Rubite, muere destrozado en el bilbaíno barrio de Zorroza al estallar una bomba-trampa. Manuel era experto en desactivación de explosivos, tenía 35 años, estaba casado y tenía dos hijos. En el atentado falleció otro policía y el jefe de los artificieros de la Ertzaintza (policía vasca). (fuente IDEAL)
– 24/05/1989 (Bilbao). Cuando los TEDAX concluían la desactivación de un coche bomba de ETA, situado en la calle Fray Juan de Bilbao para hacerlo explosionar al paso de un convoy de las F.C.S.E., tras eliminar el sistema principal de activación del artefacto y dos trampas añadidas al mismo, se produjo la explosión de parte de dicho artefacto, resultando muertos los TEDAX D. José María Sánchez García y D. Manuel Jodar Cabrera, así como el TEDAX de la Policía Autónoma Vasca D. Luis Hortelano García. (fuente SECURITECNIA)
Tras localizar el coche bomba, en el barrio bilbaino de Zorroza, los especialistas del Cuerpo Nacional de Policía Manuel Jodar Cabrero y José María Sánchez García y el de la Ertzaintza Luís Hortelano García, lograron neutralizar varias trampas. Pero cuando creyeron que ya había quedado completamente desactivado, comenzaron a sacar el material explosivo del maletero del taxi. Al realizar esta operación se activó un sistema que había permanecido oculto y que provocó la explosión de 20 kilos de amonal y 50 de metralla. La trampa fue entonces mortal para los tres agentes.