Destacado Barack Obama, discurso de graduación 2020

El lenguaje (político) es un virus

El lenguaje es un virus que procede del espacio exterior. Esa afirmación es el meme más conocido del escritor William Burroughs. Si lo pensamos quizás no sea una idea tan descabellada. Ahora, que a nuestro catálogo de habilidades hemos incorporado la epidemiología, ya sabemos que un virus sólo tiene por objetivo el reproducirse y que utiliza a otros seres vivos como instrumento para hacerlo. El lenguaje sería, en la teoría del escritor Beat, una realidad independiente del ser humano que lo utiliza para desarrollarse y crecer. 

Nuestro lenguaje puede ser un virus de letalidad comparable a la covid19 o puede sanar y construir. Si pensamos en lenguajes destructivos y tóxicos nos vendrán decenas de ejemplos. Obviando lo evidente, la propaganda que aupó al nazismo al poder, está “La radio de las Mil Colinas” que, con sus mensajes de odio político, propició que parte de la sociedad ruandesa matara con machetes a un millón de sus compatriotas. O en los mensajes populistas y virales de ahora mismo, en todo el mundo. Apelaciones que priorizan presuntas “libertades individuales” e intoxican el ecosistema social y político cuando más necesaria es la unidad en torno a un objetivo común: la sanación. 

Por eso son tan necesarios discursos y actitudes políticas con la suficiente carga viral positiva para que sirvan como vacuna y como antídoto ante nihilismos calculados que solo buscan los réditos en el corto plazo. Creo que la Historia nos enseña que, frente al ruido y a las pequeñas miserias, los líderes y sus mensajes que han perdurado son los que han construído. Martin Luther King gritó su Sueño en el Lincoln Memorial e inspiró a toda una nación. Emmeline Pankhurst con su discurso fundacional ”Libertad o Muerte” puso las base de la incorporación de la mujer en igualdad en la sociedad moderna. 

Y Barack Obama que, una vez más, ha puesto el foco sobre la falta de liderazgo compasivo en su nación con su discurso de graduación a la jóvenes americanos que abandonan en el 2020 la escuela secundaria. 

Obama, con humor y empatía ha construido un relato poderoso que apela a la esperanza. A los adolescentes que se incorporan a la vida adulta les trata como tales. Les advierte que la crisis les va a pasar factura y que será más complicado que estudien una carrera, encuentren trabajo o formen una familia.

Pero también, en clara alusión al estilo Trump, señala que muchos de sus mayores, los que se pensaba que sabían lo que hacían, están perdidos y que quizás sea el momento de que se incorporen soluciones, ideas y enfoques nuevos que lleguen desde la gente joven. 

Finaliza con tres consejos: no hay que tener miedo, en las anteriores grandes crisis la sociedad salió reforzada; hay que hacer las cosas correctas y no las que parecen más sencillas o las que por costumbre siempre se han hecho de las misma manera; y por último para avanzar se debe construir una comunidad, hay que apoyarse en los otros y trabajar de manera colectiva. 

TEXTO COMPLETO DEL DISCURSO DE OBAMA A LOS GRADUADOS DE LA PROMOCIÓN DEL 2020, (16-05-2020)
MI TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL

Hola a todos. Aniyah, gracias por esa hermosa presentación. No podría estar más orgulloso de todo lo que has hecho en tu tiempo con la Fundación Obama.

Y, por supuesto, no podría estar más orgulloso de todos ustedes en la ceremonia de graduación de este año 2020, así como de los maestros, educadores y sobre todo, los padres y la familia que los guiaron en el camino.

Ahora graduarse es un gran logro bajo cualquier circunstancia. Algunos de ustedes han tenido que superar serios obstáculos en el camino, ya sea por una enfermedad, o por un padre que perdió un trabajo, o porque vivían en un vecindario donde las personas con demasiada frecuencia lo excluyen. Junto con los desafíos ordinarios que supone el hacerse adulto todos ustedes han tenido que lidiar con las presiones adicionales de las redes sociales, los informes de tiroteos en las escuelas y la amenaza del cambio climático.

Y luego, justo cuando estás a punto de celebrar haber terminado,ahora que estabas esperando los bailes de graduación y las noches de graduación, las ceremonias de graduación y, admitámoslo, un montón de fiestas, el mundo se ha vuelto del revés por una pandemia global. Y aunque estoy seguro de que amas a tus padres, apuesto a que estar atrapado en casa con ellos y jugar a juegos de mesa o ver a Tiger King en la televisión no es exactamente como imaginaste los últimos meses de tu último año en la escuela.

Ahora voya ser honesto contigo, las decepciones de perderse una graduación en vivo, pasarán bastante rápido. No recuerdo mucho de mi graduación de la escuela secundaria. Sé que no tener que sentarme allí y tener que escuchar el discurso de un orador en la ceremonia no es tan malo: los míos suelen durar demasiado. Además, no hay muchas personas se puedan ver guapos con esas gorras que se llevan en las ceremonias, especialmente si tienes orejas grandes como yo. Ya tendrá tiempo de sobra para ponerse al día con tus amigos una vez que se termine la crisis actual de salud pública.

Pero lo que sigue siendo cierto es que tu graduación marca su paso a la edad adulta, el momento en que un adolescente comienza a hacerse cargo de su propia vida. Es cuando puedes decidir qué es lo importante para ti: el tipo de carrera que quieres seguir. Con quién quieres construir una familia. Los valores por los que quieres vivir. Y dado el estado actual del mundo, eso puede dar un poco de miedo.

Si habías planeado irse a la universidad, el que te dejen entrar en el campus en el otoño, ya no es tan prioritario. Si planeabas trabajar mientras ibas a la escuela, encontrar ese primer trabajo será más difícil. Incluso las familias que están relativamente acomodadas se enfrentan una gran incertidumbre. Los que estaban pasando mal antes de la pandemia, ahora están pendientes de un hilo.

Todo lo cual significa tendrás que crecer más rápido que algunas generaciones. Esta pandemia ha sacudido el statu quo y ha puesto al descubierto muchos de los problemas más profundos de nuestro país, desde la desigualdad económica masiva hasta las disparidades raciales en curso y la falta de atención médica básica para las personas que la necesitan. Ha despertado a muchos jóvenes dado el hecho de que las viejas formas de hacer las cosas simplemente no funcionan; ya no importa cuánto dinero ganes si todos a tu alrededor están hambrientos y enfermos; y que nuestra sociedad y nuestra democracia solo funcionan cuando pensamos no solo en nosotros mismos, sino en los demás.

También ha corrido el telón sobre otra dura verdad, algo que todos tenemos que aceptar una vez que nuestra infancia llegue a su fin. ¿Todos esos adultos que solías pensar estaban a cargo sabían lo que estaban haciendo? Resulta que no tienen todas las respuestas. Muchos de ellos ni siquiera hacen las preguntas correctas. Por lo tanto, si el mundo va a mejorar, dependerá de ti.

Esa certeza puede dar un poco de miedo. Pero espero que también te inspire. Con todos los desafíos que enfrenta este país en este momento, nadie puede decirte “no, eres demasiado joven para entender” o “así es como siempre se ha hecho”. Porque con tanta incertidumbre, con todo repentinamente en juego, este es el mundo al que tu generación podrá modelar

Como soy uno de los viejos, no te diré qué hacer con este poder que está en tus manos. Pero te dejaré con tres consejos rápidos.

Primero, no tengas miedo. Estados Unidos ha pasado por tiempos difíciles antes: esclavitud, guerra civil, hambruna, enfermedad, la Gran Depresión y el 11 de septiembre. Y cada vez salimos más fuertes, generalmente porque una nueva generación, gente joven como tú, aprendió de los errores del pasado y descubrió cómo mejorar las cosas.

En segundo lugar, haz lo que creas que es correcto. Hacer lo te sienta bien, lo que es conveniente, lo que es fácil, es como piensan los niños pequeños. Desafortunadamente, muchos de los llamados adultos, incluidos algunos con títulos elegantes y trabajos importantes, todavía piensan de esa manera, razón por la cual las cosas están tan jodidas.

Espero que, en cambio, decidas basar tu forma de hacer las cosas en valores duraderos, como la honestidad, el trabajo duro, la responsabilidad, la equidad, la generosidad y el respeto por los demás. No siempre lo harás bien, cometerás errores como todos lo hacemos. Pero si escuchas la verdad que está dentro de ti, incluso cuando es difícil, incluso cuando es inconveniente, la gente lo notará. Se sentirán atraídos hacia tu figura y tu trabajo. Y serás parte de la solución en lugar de parte del problema.

Y finalmente, construye una comunidad. Nadie hace grandes cosas por sí mismo. En este momento, cuando la gente está asustada, es fácil ser cínico y decir déjenme cuidarme a mí mismo, a mi familia o a las personas que miran, piensan o rezan como yo. Pero si vamos a superar estos tiempos difíciles; si vamos a crear un mundo donde todos tengan la oportunidad de encontrar trabajo y pagar la universidad; Si vamos a salvar el medio ambiente y vencer futuras pandemias, tendremos que hacerlo juntos. Así que, mantente alerta para unirte a las luchas por el bien común. Defiende los derechos de los demás. Deja atrás todas las viejas formas de pensar que nos dividen: sexismo, prejuicio racial, estatus, avaricia, y sitúa al mundo en un camino diferente.

Cuando necesites ayuda, Michelle y yo hemos asumido la misión de nuestra Fundación que es brindar a los jóvenes como tú las habilidades y el apoyo para liderar sus propias comunidades, y conectarte con otros líderes jóvenes de todo el país y del mundo.

Pero la verdad es que no necesitas que te digamos qué hacer.

Porque, de muchas maneras, ya has comenzado a liderar.

Felicidades, clase de 2020. Seguid haciéndonos sentir orgullosos.

30 años de las Inundaciones de Bilbao

Hay cosas que te marcan.  Que las recuerdas como si fuera ayer. Estuvimos allí, vimos como, para la naturaleza, el ser humano es algo muy pequeño  y que su única grandeza, la nuestra, consiste en levantarse, en superar las adversidades y volver a empezar. Y en la solidaridad, que no conoce fronteras, ni patrias, ni grupos, ni clanes.   (Entrevista en EL CORREO, Ainhoa de las Heras, especial 24 de agosto)

Brigadas de voluntarios de limpieza

“Todo el mundo echó una mano»

 ‘Dicky’, tenía 18  «añitos», iba a empezar a estudiar Periodismo y bogaba en el equipo cadete de remo Kaiku. Su cuadrilla de Zorroza bajó aquel viernes 26 de agostode 1983 a fiestas de Bilbao. Iban a demostrar que eran un bote (equipo de remo) muy bien coordinado.
«Era un día raro, llovía muchísimo y teníamos que andar esquivando balsas de agua», recuerda 25 años después. Les sorprendió que en el Arriaga sólo hubiera un puñado de personas. El Arenal era «el caos»: los puentes sobrepasados de agua, coches de la Policía Municipal haciendo barrera…
Su particular ruta por la catástrofe continuó hacia La Ribera. Allí
se toparon con «la imagen más fuerte de las inundaciones: el barco ‘El
Consulado de Bilbao’ se puso de pie empujado por la fuerza de la riada».
Propiedad de la Asociación de Capitanes de la Marina Mercante, se
había reconvertido en txoko. ‘Dicky’ y sus colegas escucharon de repente desde un megáfono: «¡Echaros para atrás!». ‘El Consulado’ navegaba a la deriva arrastrado por la marea, quedó trabado y se hundió.
«Llovió sin parar durante docehoras, unos goterones como yo no
había visto en mi vida». Los dos días siguientes vivió «una situación extrema». Su padre fue un ‘niño de la guerra’ y la mujer que le acogió en Francia les visitaba, así que la llevaron a conocer Gernika.
«Los tres quedaron atrapados en un caserío. No había teléfonos móviles, no sabíamos dónde estaban. Fue horrible», rememora. Cuando «bajó
el agua», aparecieron en casa. Lo más positivo fue la ola de solidaridad contagiosa. Los cuatro amigos de Zorrotza se presentaron como voluntarios en el Ayuntamiento y trabajaron casi un mes.
«Nos tocó la calle Correo y la entrada a la Plaza Nueva. Cada vez
que paso por allí, me siento orgullosísimo. Le digo a mi mujer: ‘Estas escaleras las limpié yo’. Encontramos maniquíes y hasta monedas de oro de una tienda de numismática entre los escombros. Las recogíamos con un cedazo, les dábamos un manguerazo y se las devolvíamos al dueño, no nos quedamos con nada».

No es un indulto, es un insulto

Hechos probados:

Un señor muy, muy, muy borracho decide conducir su automóvil: Los expertos dicen que con su  nivel de 2,49 gramos de alcohol en sangre (el límite es de 0,5) lo extraño es que no caiga desplomado inconsciente.

Es una lástima pero no se desmaya. Su pequeño cerebro reptil, ajeno a la razón, la lógica y a la humanidad hace que tome la peor de las decisiones: decide conducir su Nissan Almera.

Este individuo circula a 140 kilómetros por hora en una carretera comarcal con límite de 70. Hace eses, derrapa, se salta señales;  es la una menos diez de la madrugada. Y de  improviso en una curva de izquierdas y con cambio de rasante invade el carril contrario y embiste de manera brutal a un vehículo de una familia que, respetando las normas, circula hacia su hogar tras una reunión familiar.

Consecuencias (habla Josetxo, una de las víctimas):

“Tras la colisión mi suegro falleció poco después, nuestra hija de cuatro años, sufrió un traumatismo craneoencefálico muy grave que hizo temer por su vida, pasando 8 días inconsciente en la UVI, otros 12 días consciente, recuperando poco a poco el habla, motricidad y 7 días en planta; mi suegra ingresó grave en la UVI, con politraumatismos, fémur roto, brazos rotos, ha teniendo dos estancias en la UVI, y dos intervenciones quirúrgicas; mi mujer  sufrió  fractura de cabeza de fémur y fémur; yo, por mi  parte, tengo polialtralgia ósea y muscular…”

Hechos probados:

En el asfalto queda un cadáver y una familia rota. Los que han sobrevivido quieren lo imposible: que los muertos vivan, que los heridos curen sus secuelas físicas y síquicas. Pero eso no puede ocurrir.  Ya que no se puede lo imposible, la familia pide, como poco, lo justo. La Justicia y la reparación. Una petición sincera de disculpas del homicida, cierta empatía con los que sufren por parte del criminal que tanto daño les ha hecho. Cuando creen que nada puede ser más malo, sucede lo peor. 

Humillación de las víctimas: 

El criminal y sus abogados deciden que en este país, matar borracho en la carretera puede (y suele) salir gratis o casi. Así que se aplican a conseguir que así sea. Dilaciones, trampas legales, mentiras y ocultación de pruebas. Desprecio a las víctimas. Un Horror. Un calvario.

Lo inmoral, lo amoral y lo criminal todo unido en un cóctel siniestro. Cuando llega el juicio, muy tarde, la familia tiene que oír como el sujeto dice a la jueza que “no entiendo porque tengo  que estar aquí ya que lo paga todo el seguro”.

Eso es lo que ese tipo entiende por reparación y perdón, por culpa y por castigo. Pagar las costas y los daños y ya está todo arreglado. Puede seguir con su vida.

Y no es eso. No ha roto una cafetera ni ha estropeado un grifo. Ha matado personas y destrozado vidas. Y no lo ha hecho por accidente sino por negligencia criminal. Y no entera, ni quiere enterarse, ni se enterará, salvo que la pena sea ejemplar y tenga tiempo para pensar en un sitio tranquilo. Para que no se vaya de rositas y a otra cosa. Debe saber lo que ha hecho y sus consecuencias. Es un criminal, un delincuente que no ha mostrado una pizca de empatía con las personas cuyas vidas ha tirado por el desagüe.

 Hechos:

Joaquín B. es condenado a tres años, en sentencia firme. La familia suspira con alivio. Tres años no son nada comparados con sus vidas, pero al menos entienden que, ya que no les ha pedido perdón, ni ha entendido nada de lo que ha hecho, ni les ha puesto fácil conseguir la reparación,lo justo es que lo pague. Confían en las virtudes pedagógicas de esa, muy limitada, estancia en prisión. Lo repiten, no quieren venganza, sólo reparación.

La última broma macabra:

Joaquín B. ahora ha pedido el indulto. No quiere pisar ni un solo día la cárcel. Y la familia herida llora de impotencia. Quieren impedir que ese indulto se materialice. Es la última broma macabra, la última herida, la última muerte para el fallecido. Piden tu apoyo, porque ahora  parece que los indultos a los homicidas viales se han puesto de moda. Porque parafraseando a Budd, “esa familia se merece justicia y el criminal se merece pasar una temporada en la cárcel”.

Que así sea.

SI CREES QUE ESTE INDULTO ES INJUSTO TE ESTAREMOS MUY AGRADECIDOS SI FIRMAS LA PETICIÓN EN CHANGE.ORG

Al Excmo Ministro de Justicia del Gobierno De España: No al Indulto en la causa 375/2012 de la APG

http://www.change.org/es/peticiones/al-excmo-ministro-de-justicia-del-gobierno-de-espa%C3%B1a-no-al-indulto-en-la-causa-375-2012-de-la-apg?

ps

 

Y si quieres más información sobre este asunto mándame un correo a dicky@delhoyo.com

Viento

Viento.

Un estado de ánimo o un fenómeno meteorológico. El viento es, quizás, de entre todos los meteoros el más metafórico. Estamos en mitad de vientos de cambios, el viento nos mueve a su antojo, el viento cuando sopla fuerte y se convierte en huracán, tifón y ciclogénesis,  nos aparta de nuestro camino. Churchill que era maestro de la motivación, le dijo a su pueblo en plena Guerra Mundial, cuando en  la batalla de Inglaterra pintaban bastos,  que el cometa sólo se eleva con el viento en contra. Los hindús, que son gente forjada en la adversidad, proclaman: “no hay árbol que el viento no haya sacudido”. Esto quiere decir que no te preocupes amigo o amiga; eso pasará. Siempre habrá una adversidad en tu pasado, presente o futuro a la que hacer frente. En nuestra decisión está ser hojas en el viento o sauces flexibles que se adaptan frente a las ráfagas de la mala fortuna y luego se ponen en pie cuando pasa el tifón; si es que pasa. Suele pasar. (A veces).

Viento
Viento

Lo dice Quique González, y le acompaña Edu Ortega (grande) en el directo: Soy veraneante accidental en la ciudad del viento,  Subo la montaña que se oculta tras el vuelo de tu falda. En la ciudad del viento.

Aires de Novecento

En días como estos, en los que el recurso a la rebeldía tendría que  ser más necesario que nunca, me acuerdo de Novecento.  Hace mucho que ví película de Bertolucci.  Cuando la recuerdo,  me da la impresión de que era un film excesivamente maniqueo. Casi una acción de propaganda. Con los malos, los patronos, malísimos y con unos obreros explotados de manera salvaje.  No se si en esos tiempos la situación que refleja Bernardo era lo real o la historia era un cromo panfletario. Posiblemente si hoy en lugar de mirar nuestras fábricas,  nos   vamos a Vietnam, a Marruecos  o las empresas chinas donde fabrican nuestros flamantes ipads habrá más de un patrón como el sádico fascista Attila Mellanchini.

Somos de una generación, de un tiempo y circunstancias  que, en líneas generales lo ha tenido muy fácil: cuando estás cómodo es normal que  te adormezcas. Si miro hacia atrás veo a mi abuela, viuda,  sirviendo cuarenta años casas de la burguesía de Negurí. Cuidando a los hijos de los demás y sin un sólo minuto para ocuparse de los suyos.  O a mis padres afrontando un a incierta emigración, en el otro extremo del mundo,  para dar de comer a sus hijos. Por otra parte, siempre me acordaré la frase de un conocido, que de tendencias de izquierda, en el momento que triunfó en los negocios y empezó a vivir bien me dijo que en ese mismo instante cambiaba de voto, viraba a la derecha. Nunca entendí eso.

Son tiempos confusos pero por eso,  nuestra capacidad de responder a los retos debe ser más elaborada. Lo que tengo claro es que nadie va a llegar a solucionar mis problemas.  Hay muchas vías para enfrentarse a un cambio de ciclo pero no todas suponen que al hacerlo perdamos todo lo que antes conquistaron los que nos precedieron.

Pellizza da Volpedo, 'Il quarto stato'
Pellizza da Volpedo, 'Il quarto stato'

Vada a bordo, cazzo

Este singular blog, medio abandonado, renqueante,  tiene sus cosas curiosas. De puertas afuera mencionaré las satisfacciones que me sigue dando para el poco tiempo que le dedico. En sus once años de existencia y por su actividad, he conocido a personas a los que ahora puedo llamar amigos, me he enriquecido con centenares de aportaciones respetuosas, sensatas y divertidas. Ha puesto en contacto a decenas de personas de todo el mundo que llevan mi apellido y gracias a eso se han reencontrado familiares lejanos. También uno de los post sirvió de ayuda para que se reparará un flagrante injusticia.  Sólo por eso ya ha merecido la pena. Ahora que leo que mucha gente se queja de los trolls que asaltan sus bitácoras, puedo decir (lo diré bajito por si acaso)  que sólo he tenido un troll (persistente, como todos los de su especie, pero  que como dejé de alimentarlo se murió de inanición, pobrecito).

De puertas adentro, repaso las sorprendentes estadísticas  y me doy cuenta que  aquí  se ha  debido de hablar de temas que son atemporales y que interesan a un gran número de personas de todo orden y condición. Uno de esos temas, por el que siempre he tenido una especial fijación, es el del naufragio del Titánic. Un símbolo de la condición humana, una parábola de nuestra sociedad occidental ensimismada, siempre repartiendo culpas a la diestra y a la siniestra, pero que en el momento de enfrentarse a los problemas globales se centra en la solución individual y grita sálvese quién pueda y mirmidón el último.

Me resulta, de pura caricatura,   entrañable  el Titánic de opereta del crucero Costa Concordia.  Con un malo tan risible como el comandante Schettino. Casi igual en su meridional apostura  que Edward John Smith, comandante del Titanic que aguantó en la cabina hasta que lo engulló el mar. El kilo de héroe es ahora mucho más caro, debe ser cosa de la inflación. Y el kilo de responsabilidad y de orgullo torero se cotiza muy alto. Lo dicho, nadie es culpable de nada. Estamos en un continente que se hunde placidamente mientras la nave asiática, repleta de remeros jóvenes y hambrientos, ya alcanza una velocidad (valga la contradicción) de crucero y contempla a nuestro transatlántico que se ladea peligrosamente.

Y todos en la cubierta oyendo la orquesta y repartiendo culpas. A los que mandan, a los bajíos que nos impiden navegar. A la mar que antes nos impulsaba y ahora  con la marea en nuestra contra, nos saca de la plácida ruta que indolentemente seguíamos.

Y debiéramos de mirar a esa barquita llena de gente flaca, que reman sin descanso. Y empezar a bogar con fuerza, porque sólo una persona no mueve un barco,  pero si todos nos aplicamos la cosa mejora. Nuestros padres, al menos los míos,  pasaron hambre, exilio  y una guerra,  y no se quejaron. Yo nunca les oí quejarse. Tomaron el rumbo de sus vidas y las cambiaron. Con pequeños gestos, con actitudes y sobre todo con trabajo.

A todos los que se quejan, sin hacer nada, dan ganas de que llegue el Comandante  Falco de turno y que les diga voz tronante “¿estás cansado, no? ¿tienes y miedo quieres irte a tu casa? Pues, no. Vada a bordo, Cazzo!

Damón y Pitias

Seguro que os suena la historia de Damón y Pitias. Damon se enemista con el tirano de Syracusa, Dionisio, y es sentenciado a morir en la horca. El reo pide unas horas de libertad antes de su muerte para despedirse de su familia, pero claro, el tirano le dice que no. Que verdes las han segado, y que si se marcha para despedirse ya te hemos visto, so listo. Para asegurar que sus fines son honestos y de que regresará a la cita con la muerte,  Damón deja en prenda a su amigo Pitias, que gustoso, acepta el desafío. El resto de la historia es conocido: Damón sufre mil penalidades en su viaje y  llega al patíbulo rozando el larguero y cuando ya todos pensaban que había huido. Pero Pitias sigue confiando en su amigo hasta cuando está con  la soga al cuello. Enternecido,  Dionisio perdona la vida a los dos amigos,  y colorín, colorado.

¿Aceptaríamos cualquiera, en esta sociedad cínica y descreída, ser garantía  de nuestros amigos. Personalmente, hay días que dudo hasta de la otra mitad de mi personalidad. Creo que a estas alturas,  las personas por las que apostaría mi cabeza se cuentan con los dedos de una mano, y si me apuran con el pulgar es más que suficiente.

Por eso un asunto reciente  me ha desarmado a  nivel emocional. La semana pasada eran detenidos un grupo de personas. Ese día,  alguien literalmente se volvió loco de generosidad y activismo. Dijo a todos que uno de los  detenidos  era su amigo y proclamó su inocencia. Achicharró a llamadas y a correos a los medios de comunicación que no respetaban la presunción de inocencia. Llamó a políticos, a instituciones, movilizó gente, inició una campaña de recogidas de firmas. Consiguió un espacio destacado en el periódico de mayor difusión en el día que más se  lee el periódico. Esa noticia ya se está empezando a debatir  en las reuniones de las asociaciones profesionales de periodistas…

Y finalmente, después de muchos días,  aulló de alegría a los cuatro vientos. Lo que el sostuvo desde el principio había quedado demostrado. Su amigo fue puesto en libertad. Y eso, con ser muy importante, es secundario para mi visión de lo que se ha vivido.

Es preciso y lo hemos visto  con recientes sentencias,  que a la pena del juez no se sume la “pena de telediario”. En esto,  los que nos dedicamos a la innoble profesión del periodismo,  debemos tener más que cuidado. Jugamos y juzgamos con nuestros titulares sobre bienes, haciendas, personas  y prestigios.

Por otro lado, me gustaría que si llega el día  de que mi cabeza es la que está amarrada a la soga,  alguien tenga la valentía y la certeza de partirse la cara y chillar que  soy inocente. Es lo más parecido a la idea de la felicidad y  de lo justo. Si eso pasa,  y ojalá que nunca pase,  me gustará tener a un Pitias a mi lado.

Esa gilipollez de la hora del planeta

Pues sí. El sábado estaba en casa y a las ocho y media fui al cuadro de luces de la casa y pluff desconecté mi domicilio de Iberdrola. Me imagino que unos cuantos  miles de “llamadnos ingenuos, llamadnos románticos, llamadnos ecologistas de salón (nunca mejor dicho)” hicimos lo propio.

Confieso que la cosa tenía truco. Mi netbook seguía con batería y un wifi solidario captado de algún vecino me permitió seguir conectado al mundo y vigilar las reacciones de la gente en twitter . Y mientras con la inestimable ayuda de unas velas, todo muy chill-out, escuchaba spotify  y leía twits que decían: “esto es marketing, una tontería, yo no pienso hacerlo, etc”. Un coro de voces se elevó señalando la iniciativa como algo sin interés. Un invento manipulado por el buenismo imperante o una kermesse directamente aborrecible por ser un detergente para las conciencias.

De acuerdo, pensé, siempre es mejor y más efectivo no hacer nada que hacer un poco. Está claro que el cinismo consigue elevarnos hasta cuotas de bienestar moral interior muy elevadas. Así que con permiso de las piedras, asumiré mis causas con sonrojo pero sin desmayo.

Al día siguiente coincidía con muchas de esas personas en lo real y tuvimos tiempo de comentar la jugada. Lo que me sorprendió  de esa charla es que algunos aseguraban que un puñado de acciones individuales no pueden cambiar una tendencia social. No asumían  tampoco que la sociedad se forma por sus acciones u omisiones.

Vecinos que jamás cambiarían su automóvil por el transporte público; familiares que aseveran que el emigrante recibe demasiadas ayudas mientras ellos cobran en negro y sin declarar el IVA de sus trabajos. Son los que creen que nada de lo que ellos hacen influirá en el resto de sus semejantes,  o en su país, o en el planeta. Los mismos que, curiosamente, tienen una fe inamovible en lo que hacen sus dirigentes.

Están firmemente convencidos de que la culpa de todo lo malo de la sociedad es de quienes la  dirigen. Y, en estas me acuerdo del estudio “La cultura de la corrupción” escrito por Fernando Gil Villa. Comentaba este profesor que “una sociedad corrupta y sin valores es la que genera políticos corruptos“. La política o los políticos suelen ser un fiel reflejo de la sociedad que los sustenta. Por lo tanto somos nosotros, la infantería, los que debemos armarnos de razones morales para luego exigir lo mismo a los que nos gobiernan.  Hablando de estos temas siempre me acuerdo de la reflexión de Alberto Ortiz de Zárate:no odies al gobierno, se el gobierno“.

Y de momento sigo pagando mis facturas con IVA y apagando las luces. Llamadme loco e insensato… pero lo seguiré haciendo. No por lavar mi conciencia sino porque creo que es lo justo.

Leonor

Se presenta Leonor. Ojos limpios. Una cadena de oro en el cuello con una alianza colgada. Era un encuentro esperado.  Un  abrazo. Y no se encuentran  las palabras. Torpemente cuento el asombro, la conmoción de ver  a su marido desvanecerse en una nube, en un fogonazo, en un ruido insoportable.  “No sufrió”  le aseguro convencido.  “Cuando la bomba explotó ellos ya estaban tranquilos, relajados, pensaban que todo había acabado y empezaron a sacar las bolsas llenas de explosivos del maletero  con tranquilidad, sin miedo”.

Ella cuenta que Manuel   salió de casa contento. Era el 89, un año de plomo con víctimas y bombas cada semana. Habían hablado de como encarar una muerte probable porque, cada día,  los pocos desactivadores debían enfrentarse a desafíos mortales. Pero estaba contento. Pensaba -dice Leonor- que su trabajo era importante y que lo estaban haciendo muy bien. Esa bomba, la que mato a Manuel, Jose María y Luis, fue un prodigio de maldad sofisticada. Estaba pensada para matar al  máximo número de personas y sólo el arrojo y la valentía y el sacrificio de tres artificieros logró que no muriese más gente.

El profesional que consigue que una bomba no explote lucha contra la entropía. Una bomba es el caos absoluto. La destrucción total y la muerte. Cada día explotan bombas dejando personas mutiladas, muerte y destrucción. Cuando un explosivo te muestra lo que puede romper en un segundo,  la vida no vuelve a ser lo que era.  Es como una graduación siniestra.

Es una vida sin el otro. La vida que lleva Leonor, con su anillo en el cuello.  Añorando lo que perdió pero dando un ejemplo de dignidad, sin odio, sin revancha.  Con esperanza de que lo mucho que nos ha dado  sirva para construir una sociedad en paz. Así sea.

Haití a la vuelta de la esquina

No acabo de entender el porqué pero la gente me para por la calle. Cuando viví en Londres y no tenía ni repajolera idea de inglés me preguntaban los turistas por direcciones inverosímiles. Si entraba en una tienda en Times Sq. pretendían que les vendiera el producto o que les diera explicaciones. Pensé que, pese a todas las evidencias en contra, quizás tuviera algo de aspecto british,  pero creo que no. Me ha seguido pasando lo mismo en Roma, en París en Amsterdam e incluso en la República Dominicana. Cuando paseo por la zona del Museo Guggenheim sólo creo que me falte ponerme una camiseta de guía turístico voluntario. Creo que me la voy a hacer imprimir en euskara, inglés, frances y castellano.

Ayer, un señor muy serio, muy educado, me preguntó por un ganadero forrado de pasta que vive en la zona de la carretera Zorroza a Castrejana. Le contesté, con pesar,  que no conocía a ningún propietario de reses en mi barrio que, para los que no lo conozcáis,  es el tipico industrial disease (no cows, no chickens, no sheeps). Me dolió fallarle, soy como los japoneses, insumiso a admitir la amargura de saberse incapaz de ayudar.

Y esta mañana al bajar a por los periódicos me ha mirado Angel y me ha pedido perdón, con voz muy educada. Moreno, alto y con unos ojos que seguro que en mejores épocas enamoraron a más de una, Ángel esperaba en cuclillas al autobús. Un autobús hacia las Encartaciones que hoy domingo no circula. En dos minutos me ha preguntado por la política de asistencia social en esa parte de Bizkaia. Necesitaba dormir. Esta noche se había quedado encerrado en un cajero y los bronquios  empezaban a darle guerra. Ha abierto el petate – fui marinero, mira que maravilla de nudo-  y me ha enseñado un parte de urgencias en el que le recomendaban descanso y no fumar. Justo las dos cosas que en es momento no hacía. Yo le he indicado que acudiera al albergue de Bilbao pero me ha dicho que estaba lleno. ¿Y si te acercas por urgencias del hospital? “uff en cuanto ven a uno de mis pintas los de seguridad nos ponen en la calle”. Te doy para un café, le digo. “yo lo único que quiero es dormir, hay una pensión muy cutre en Bilbao la Vieja te dejan pasar un día por 17 euros”. Me he echado las manos al bolsillo y he encontrado un billete de 20.

Nunca doy limosnas, prefiero ayudar a las gentes que tengo más al lado, compartir mi suerte en  círculos concentricos que comienzan en la familia, siguen en el barrio y, en días como estos acaban en sitios como Puerto Príncipe. Tampoco  confío en el dinero como lavaconciencias. Me gusta más dar lo que más me cuesta: cariño, trabajo, tiempo. Pero ese billete que he puesto con cuidado, doblado en la mano áspera de Angel no ha querido ser una limosna. Eso ha sido una habitación caliente en un día frío que me he pagado a mi mismo en el futuro. Por si acaso.

Avatar y el Fumar

No me ha gustado nada Avatar de James Cameron. No es una postura snob, os lo aseguro. Se que es una película que ha encantado a la mayoría y por eso he hecho un esfuerzo: me la he visto dos veces. Quería descartar que en el primer visionado hubiera estado influenciado por mi estado de ánimo o que quizás,  el dolor de cabeza que me dieron las gafas de marras  me hubiera impedido disfrutar de la peli. Y sigo en mis trece, no me ha gustado, ni en 3D ni en 2D. Me parece una película mentirosa, un canto al cinismo, un pastel y un engaño.

Podría enumerar miles de argumentos pero en el terreno de las emociones todos tenemos razón y razones:  los  repugnantes humanos a los que nos ha disgustado   y los élficos e inefables  na’vi a los  que les parece una obra maestra avant-garde.

Pero en lo que no hay discusión posible es en el tema de los cigarrillos que se fuma el personaje de la doctora.  Eso, amigos, es  publicidad subliminal pura y dura.

No soy ningún moralista y creo que  es lógico que,  si una película está rodada en un garito o en los años setenta en un transporte público, o  por ejemplo,  en un frontón de pelota vasca,  los personajes fumen como carreteros.  Pero pese a los intentos de Cameron de justificar esos cigarrillos,  no me cuela.   Este asunto me recuerda casi al pie de la letra un diálogo de la película “Gracias por fumar”. En este film,  el lobby de presión de las tabaqueras intentaban llegar a un acuerdo para introducir cigarrillos en películas de gran presupuesto. En una conversación con los productores la gente del lobby inistía en que fumaran los protagonistas de una historia que se desarrollaba en una estación espacial.  El cineasta les replicaba horrorizado:  “pero es un lugar con una atmosfera de oxigeno puro, si encienden un cigarrillo arderá toda la nave”. Suponiendo que,  aunque en Avatar no se encuentren en una estancia de esas características, el hecho de que  en  los laboratorios  se tenga que generar una atmósfera artificial, en un planeta hostil para los pulmones humanos,  imposilita el capricho fumador de la doctora.  Así que, entre col y col new age, la lechuga del cáncer de pulmón para todos los públicos.

Frase del guión de “Gracias por fumar”: ”debemos cambiar los hábitos de los americanos, en estos tiempos sólo fuman tabaco los psicópatas y los europeos”).

Y qué más da si se va todo al carajo

Se acabó la cumbre del clima y tenemos dos grandes resultados. Por un lado Juancho detenido e incomunicado por sacar un papelito y por otra parte un nuevo orden mundial promovido por San Obama de las Calzas Verdes y unos chinos que pasaban por allí.  Somos tremendamente ingenuos si pensábamos,  los europeos,  que podíamos tener algún papel en el futuro del planeta. Nuestro tiempo ya pasó y ahora las decisiones se toman muy lejos pese a quienes,  en la aldea,   se consideran el ombligo no sólo del mundo sino del universo.

Me sorprende  también la actividad de lobby de los “primos” descreídos del calentamiento global . Esta misma semana, coincidiendo con la cumbre de Copenhague,  escuchaba por enésima vez las razones de los que piensan que todo esto del clima es una conspiración de los hippys ecologistas melenudos y de los científicos que buscan subvenciones. Pese a sus dudas, el futuro ya está aquí. Nos acostumbraremos a un mundo sin agua, con migraciones provocadas por el clima y con hambrunas. El Norte rico no podrá blindarse eternamente frente al Sur pobre y sediento.

No aprendemos. Da igual que nuestros padres hayan pasado mil guerras y sufrimientos. Sus hijos, nosotros, repetimos  de manera aumentada sus errores y nuestros hijos, sufrirán nuestra  herencia envenenada.

Y alos escepticos decirles que ojala se equivoquen,  pero me da que la realidad les va a golpear como un huracán   en la cara.