Discurso de Elizabeth I en Tillbury. Comunicación en tiempo de Crisis

¿Qué le pide un pueblo a sus gobernantes?  Básicamente dos cosas. Buena gestión y capacidad de liderazgo. En los momentos de Crisis y de Urgencia, es necesario que exista  liderazgo y acompañamiento.

Recuperamos uno de los grandes momentos discursivos de la historia y lo analizamos.   #yatal.

Es el día 19 de Agosto de 1588. La Armada Española, anunciada por la propaganda política del adversario como “la Invencible” está a la vista de las costas inglesas. Es un momento decisivo en la Historia. Un cruce de caminos. La reina Isabel I sabe que de este reto saldrá, en caso de victoria, reforzada como reina. La otra posibilidad, la de la derrota es inimaginable. Si pierde lo perderá todo: su reinado, y hasta el futuro de su Dinastía y de su Religión. Ella, pese a las peticiones de su “Privy Council” decide dejar la seguridad de Londres y acudir a donde se espera la batalla. Allí dará a sus tropas un discurso potente y simbólico. Son unas palabras que en su día sirvieron para firmar un pacto entre ella y su pueblo. La “Reina Virgen” estará casada en adelante con su pueblo, será sólo para ellos y para nadie más. Después de ese día dará cominezo la que es conocida como la Edad de Oro.

Ella, sabe en ese discurso que se lo juega todo. Ese discurso a sus tropas reunidas en las colinas de Tillbury, con las agitadas aguas del canal a la vista es, por un lado un intento de subir la moral de unos soldados asustados por un enimigo que creen superior y por otro lado un mensaje a la oposición interna para reforzar su autoridad. Una autoridad que, no olvidemos,  sufrió ataques a lo largo de reinado.

Uno de los planes asociados por sus enemigos al plan de conquista era propiciar un levantamiento interno que se uniera a la invasión . Los españoles contaban con que los católicos ingleses se unieran al ejercito invasor y derrocaran a los Tudor. Un deseo futil. El pueblo inglés odiaba a todo lo extranjero. Un profundo sentimiento nacionalista que ha perdurado en el tiempo y que provocó el comentario de Petruccio Ubaldini, un protestante italiano que vive en la Inglaterra de la época y que afirma: “it is easier to find flocks of white crows than one Englishman (and let him believe what he will about religion) who loves a foreigner.”


Isabel I tenía 25 años cuando llego al Trono. Era hermosa, inteligente, de voluntad más firme que cualquiera de los hombres estuvieron a sus órdenes. Sin duda fue una de las mejores, sino la mejor, soberana de Inglaterra. Su único problema fue su soltería. Ese aspecto provocó multiples problemas en la primera mitad de su reinado. Era inconcebible para la época que la reina no se casara y que no tuviera descendencia que asegurará la Dinastía.

Isabel llevó una política moderada contra la oposición interna, ignorando la disidencia si esta era tranquila. No obstante reaccionó de manera brutal cuando los católicos conspiraron para traicionarla y colocar en el trono a María. Por el peligro que suponía decidió ejecutar a la reina de Escocia. Este acto, junto con los repetidos ataques a las posesiones españolas del corsario Drake acabaron por convencer a Felipe II para iniciara la invasión de Inglaterra.

El rey español reunió una numerosa flota que debía ir hasta los Países Bajos y desde allí al canal de la Mancha. Su Armada tenía la orden transportar al ejercito del Duque de Parma a Inglaterra. Si ese preparado ejercito desembarcaba los Ingleses tendrían muy pocas posibilidades de vencer.

Sin embargo el proyecto parecía maldito. Cuando la Armada penetró en el canal de la Mancha los barcos ingleses con mayor capacidad de maniobra y la utilización de barcos incendiarios contra los barcos españoles provocaron que la flota española se dispersara. La invasión ya nunca se produciría. Lo que pasó después, ya se conoce,  un desastre para los españoles.

Pero el discurso de Tillbury ocurre cuando la reina Isabel todavía cree que su país va a ser invadido por la mejor infantería de la época.

El destinatario del discurso es, en primer término el ejercito reunido en espera de la Invasión. No obstante, también se dirige al pueblo inglés, a los que la aman y a los que la odian. También a los nobles allí reunidos a los que demuestra con esa acción su legitimidad y su valía. Ella no se esconde. No se queda en Londres pese a los consejos. Está donde su país y su obligación la necesitan.

Isabel en su discurso tiene mucho cuidado con las palabras. Esas eran su mejores armas junto a  su autoridad y al cariño de su pueblo y de su ejercito. La Reina se dirigió a cerca de seis mil soldados de los 17.000 que se encontraban a las órdenes del conde de Leicester . Este es un hecho que ha quedado grabado a fuego en la imaginación del pueblo inglés y que ha servido de inspiración en momentos históricos posteriores como en la amenaza nazi de la segunda guerra mundial. Es un discurso tan recordado como el que su antescesor Henry V dirigiera, en la ficción de Shakespeare, a sus tropas reunidas en la Batalla de Agincourt el St. Crispen’s Day

El discurso de Tillbury es retratado de forma épica en la película “Elizabeth, The Golden Age” en el que se muestra a a una bella y poderosa reina. Elizabeth aparece en ese film como una Britomart de la obra “The fairy Queen” que Edmund Spenser dedicará a la propia Reina. Conociendo el gusto por las artes escénicas de la Reina no sería extraño que esa icónica imagen que vemos en el film fuera cierta. Así es como, de hecho, la describe Elizabeth Jenkins en su obra “Elizabeth the Great” “A steel corselet was found for her to wear and a helmet with white plumes was given to a page to carry. Bareheaded, the Queen mounted the white horse. The Earl of Ormonde carried the sword of state before her, Leicester walked at the horse’s bridle, and the page with the helmet came behind.”. También así la vemos en la serie que dedicó la BBC a la soberana.

En su discurso demuestra su respeto a la audiencia y en especial a su ejercito al que describe como lleno de lealtad y amor a la soberana “faithfull and loving people” y “loyal hearts and good-will subjects”. La Reina trata de ganarse los corazones de las tropas. Ella sabe que ni ella, que viene de la corte puede tratar de hacerse pasar por un soldado, ni los soldados podrán entender a una soberana que vive en el lujo y que nunca ha luchado con ellos.

El comienzo del discurso hay una posición de antítesis entre ella, que confía en las tropas,  y sus consejeros que le advierten que no se debe mezclar, por seguridad, entre multitudes armadas. Es un sarcasmo esa confianza, porque de sobra  sabe cómo es su ejercito.

Su ejercito ha sido reunido de prisa y está mal pagado y hambriento. Son unas tropas que no dudarán en vender su equipamiento una vez que la amenaza haya concluido. Diversos historiadores los retratan como un grupo de pillos, una banda que es descrita por Garrett Mattingly en la página 44 de su obra “The Armada” como “a set of miserable rogues, and vagabonds, untrained, ill armed and half naked. Unos hombres que, en las siguiente semanas, meses y años contarán a sus amigos y familias cómo fueron testigos del discurso de la Reina. Un discurso que irá creciendo en la imaginación del pueblo y que tomará proporciones épicas con el paso del tiempo.

Elizabeth se retrata en sus apalabras a sí misma como una virgen casada con Inglaterra, por lo que un ataque contra el país es un ataque contra ella y su virginidad. Esas referencias también aparecen en el discurso . Como cuando dice que está dispuesta a morir en el campo de batalla “to lay down for my God, and for my kingdom, and my people,my honour and my blood, even in the dust”. Su intención es clara y es firme, no es una aventura de un día. Es un compromiso con su ejercito. También en este párrafo hay un elemento nuevo. La reina pone al pueblo por encima de su figura y sólo está Dios sobre todos ellos .

También esa debilidad de mujer es utilizada. “I know I have the body of a weak, feeble woman;”. Durante su reinado fue criticada por esa condición de mujer. Para la mentalidad de la época un rey debía ser tambien un comandante en el campo de batalla. Ella con esa frase y con la que la continúa en la que afirma que “but I have the heart and stomach of a king, and of a king of England too”, De esta manera, con esta antítesis ella demuestra que es Master & Commander. Que reune en un solo cuerpo, frágil pero a la vez poderoso, a la monarca y a la soldado. Y además usa la palabra king en lugar de queen. Es tan poderosa como un monarca macho.

Por si no hubiese quedado clara su postura ella asegura con una hipérbole que está dispuesta incluso a tomar las armas “I myself will take up arms, I myself will be your general, judge, and rewarder of every one of your virtues in the field.” Ese “”I myself” demuestra por un lado confianza en sus tropas y por otro lado confianza en si misma.

Para que un discurso sea poderoso y cumpla su objetivo debe ser breve y conciso. La Reina acaba el discurso recalcando su confianza en la victoria y anunciando premios y coronas para aquellos que luchen bien en el campo de batalla.

La reina Elizabeth sabe a quién va dirigido su discurso y trata de halagarlos y de moverlos a la acción. El enemigo es también el enemigo de Dios, del pueblo y del Reino. Es digno de odiarse. La victoria está cercana y ella es la personificación de esa victoria.

Y por fin tras el discurso, las naves que en la lejanía amenazaban el país y su reinado desaparecen . Era el comienzo de la Edad Dorada. La reina ha vencido y ha convencido.

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Mis queridos súbditos:

He sido convencida por aquellos que vigilan mi seguridad personal, que debo ser precavida cuando me expongo a multitudes armadas, por temor a las traiciones; pero les aseguro que no desearía vivir para desconfiar de mi leal y afectuoso pueblo.

Dejen que los tiranos teman. Yo me he conducido de tal modo que, después de Dios, mi fortaleza principal y mi seguridad descansan en los corazones leales y en la buena voluntad de mis súbditos.
Por lo tanto, vengo en esta ocasión a ustedes, como pueden ver, no para entretenerme y divertirme, sino resuelta a vivir o morir entre ustedes en medio del fragor de la batalla, dispuesta a entregar mi honor y mi sangre por amor a Dios, y por la salvación de mi reino y de mi pueblo.

Se que soy dueña de un débil y frágil cuerpo de mujer, pero tengo el corazón y el estómago de un rey, más aún, de un rey de Inglaterra, y considero con esquiva repugnancia el que Parma o España, o cualquier soberano de Europa, se atreva a invadir las fronteras de mi reino; lo cual, si sucediera, antes que una mancha caiga sobre mi honor por mi culpa, yo misma empuñaré las armas, ya misma seré su caudillo y su juez, y sabré recompensar sus virtudes en el campo de batalla.

Se que por su disposición merecen recompensas y laureles. Y les aseguro, con palabra de reina, que les serán pagadas en tiempo oportuno.
Mientras tanto, mi Teniente General -al que nunca su reina le ordenó un objetivo más noble o digno-, estará en mi lugar. Y no dudando de su obediencia, concordia o valor en el campo (de batalla), dentro de poco tendremos una famosa victoria sobre los enemigos de mi Dios, de mi reino, y de mi pueblo.[/toggle]

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