Leonor

Se presenta Leonor. Ojos limpios. Una cadena de oro en el cuello con una alianza colgada. Era un encuentro esperado.  Un  abrazo. Y no se encuentran  las palabras. Torpemente cuento el asombro, la conmoción de ver  a su marido desvanecerse en una nube, en un fogonazo, en un ruido insoportable.  “No sufrió”  le aseguro convencido.  “Cuando la bomba explotó ellos ya estaban tranquilos, relajados, pensaban que todo había acabado y empezaron a sacar las bolsas llenas de explosivos del maletero  con tranquilidad, sin miedo”.

Ella cuenta que Manuel   salió de casa contento. Era el 89, un año de plomo con víctimas y bombas cada semana. Habían hablado de como encarar una muerte probable porque, cada día,  los pocos desactivadores debían enfrentarse a desafíos mortales. Pero estaba contento. Pensaba -dice Leonor- que su trabajo era importante y que lo estaban haciendo muy bien. Esa bomba, la que mato a Manuel, Jose María y Luis, fue un prodigio de maldad sofisticada. Estaba pensada para matar al  máximo número de personas y sólo el arrojo y la valentía y el sacrificio de tres artificieros logró que no muriese más gente.

El profesional que consigue que una bomba no explote lucha contra la entropía. Una bomba es el caos absoluto. La destrucción total y la muerte. Cada día explotan bombas dejando personas mutiladas, muerte y destrucción. Cuando un explosivo te muestra lo que puede romper en un segundo,  la vida no vuelve a ser lo que era.  Es como una graduación siniestra.

Es una vida sin el otro. La vida que lleva Leonor, con su anillo en el cuello.  Añorando lo que perdió pero dando un ejemplo de dignidad, sin odio, sin revancha.  Con esperanza de que lo mucho que nos ha dado  sirva para construir una sociedad en paz. Así sea.

Una sombra gris a la espalda

Llevo un par de semanas con el blog desatendido pero esto no se va a convertir en una pauta. Tengo temas, tengo ganas y ahora, tras dos semanas en un trabajo nuevo, empiezo a tener algo de tiempo.
Hoy tocaba hablar de mi querida Lisbeth Salander. Me acaba de llegar un correo en el que mis libreros favoritos me cuentan que ya tengo reservado el tercer tomo de la trilogía Millenium y bueno, toca otro par de noches sin dormir.
Pero Lisbeth que es paciente,  racional y calculadora,  sabrá perdonar la digresión. Porque hoy han  matado una persona y siempre que alguien es asesinado algo muere en mi  interior.
Ese hombre quemado y con las extremidades rotas es una persona, con padres, hermanos y amigos. Que se ha levantado muy de mañana. Y también es un ¿hombre? el que  ha dejado una bomba en los bajos de un  automóvil para matar a otra persona con padres, hermanos y amigos. También se ha tomado la  molestia de madrugar, la precaución de esperar, el cuajo de manipular un explosivo que se ha cobrado una vida.
Pero lo que me fascina, en el sentido perverso de la expresión, no es ese ejecutor,  sino sus cooperadores necesarios. Aquellos que durante meses han recogido información, que han cruzado datos, que han acudido al colegio donde esa persona dejaba a sus hijos y le han observado meticulosamente. Aquellos con los que se ha cruzado cada día y han apuntado meticulosamente las entradas y salidas, los horarios, las pequeñas manías y costumbres del asesinado.
Espalda contra espalda, tomándose un zurito mientras los respectivos niños juegan en la calle. La leal tropa del terror, los que no se manchan las manos. Los héroes de latón que posibilitan que un vecino deje sus tripas esparcidas en la calle de su barrio. Una sombra gris a la espalda. Un chivato, o una chivata. Y lo más terrible: cuando dentro de quince años salga de la cárcel a  algunos les seguirá pareciendo un héroe.

Llevo un par de semanas con el blog desatendido pero esto no se va a convertir en una pauta. Tengo temas, tengo ganas y ahora, tras dos semanas en un trabajo nuevo, empiezo a tener algo de tiempo.

Hoy tocaba hablar de mi querida Lisbeth Salander. Me acaba de llegar un correo en el que mis libreros favoritos me cuentan que ya tengo reservado el tercer tomo de la trilogía Millenium y bueno, me tocan  otro par de noches sin dormir. Los libros de Stieg Larsson no se leen, devoran.

Pero Lisbeth que es paciente,  racional y calculadora,  sabrá perdonar la digresión. Porque hoy han  matado una persona y siempre que alguien es asesinado algo muere en mi  interior.

Ese hombre quemado y con las extremidades rotas es una persona, con padres, hermanos y amigos. Que se ha levantado muy de mañana. Y también es un ¿hombre? el que  ha dejado una bomba en los bajos de un  automóvil para matar a otra persona con padres, hermanos y amigos. También se ha tomado la  molestia de madrugar, la precaución de esperar, el cuajo de manipular un explosivo que se ha cobrado una vida.

Pero lo que me fascina, en el sentido perverso de la expresión, no es ese ejecutor,  sino sus cooperadores necesarios. Aquellos que durante meses han recogido información, que han cruzado datos, que han acudido al colegio donde esa persona dejaba a sus hijos y le han observado meticulosamente. Aquellos con los que se ha cruzado cada día y han apuntado meticulosamente las entradas y salidas, los horarios, las pequeñas manías y costumbres del asesinado.

Espalda contra espalda, tomándose un zurito mientras los respectivos niños juegan en la calle. La leal tropa del terror, los que no se manchan las manos. Los héroes de latón que posibilitan que un vecino deje sus tripas esparcidas en la calle de su barrio. Una sombra gris a la espalda. Un chivato, o una chivata. Y lo más terrible: cuando dentro de quince años salga de la cárcel,  a  algunos en este país, todavia les  seguirá pareciendo un héroe.

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La sentencia del 11-m y la comunicación

Juez Gomez Bermudezposts relacionados:
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El infierno de la Prensa y el 11-M

Hoy por fin se han conocido las sentencias del 11-M. Fuertes penas de prisión para los principales acusados y duras críticas del juez Gómez Bermúdez a los abogados que defendieron la “teoría de conspiración”. Respecto a este tema, conviene recuperar algunas reflexiones que hiciera el sociólogo Luis Arroyo el pasado mes de junio en un artículo publicado en EL PAÍS. Para este profesional, autor del libro “Los cien errores de la comunicación de las organizaciones” algunas de las estrategias de comunicación que el gobierno de Aznar promovió en los días siguientes al atentado fueron las causantes de la perdida de poder y de mucha de la crispación que luego se produjo.

El artículo se titula “¿Quién les dijo que si era ETA ganaban?” y en el se habla de la comunicación de crisis, un aspecto insoslayable en las organizaciones publicas y en las empresas, pero que por nuestro carácter latino siempre es desplazado en el escalafón de prioridades. Hay que recordar que siempre la peor de las estrategias, cuando existe una crisis, es negar la mayor o, como en este caso, desplazar las culpas y/o mentir. Los atentados más brutales de España, fueron tumba política para algunos y, con una mejor comunicación, algunos acontecimientos probablemente hubiesen dado un giro radical en nuestra historia.
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El juicio de la Historia

Paz, Joder!Esta noche, casi por sorpresa, eran detenidas cinco personas. Otras más, hasta completar 23 serán detenidas en las próximas horas para ser juzgadas por colaboración con un ente asesino que humilló, asesinó, extorsionó y robó a un pueblo durante más de dos décadas.

Durante todo ese tiempo de opresión, el pueblo que les sufrió estuvo callado por el miedo. Cualquiera que hablara podía ser la siguiente víctima de un secuestro ilegal o de un asesinato. Luego ese pueblo se hartó salió a la calle y arrinconó a ese grupo de personas al lugar de marginalidad política e histórica que les corresponde.

Cuando hace unos años detuvieron a su jefe, muchos de sus seguidores salieron a la calle para protestar por la decisión judicial. Ahora, es posible que muchos de los nostálgicos protesten, aunque cada vez con menos fuerza. Han perdido credibilidad, no tienen coartadas y lo que es más importante; cada vez están más solos.

Y es que hoy han detenido a la viuda y a los hijos del sanguinario dictador Pinochet, mañana la policía encerrará a sus colaboradores más cercanos…