Mr. Nobody

Mr Nobody está en su lecho de muerte. Es muy, muy viejo y es una rareza. Será la última persona que muera en un mundo en el que todos los seres humanos son  inmortales. Su mente trata de recordar su pasado pero es complicado. Su memoria es frágil, está perdiendo el sentido de la realidad y ya no distingue lo real de lo inventado. Imagina cómo hubiera sido su vida si hubiera tomado decisiones diferentes. Se imagina feliz con otra mujer, se ve desgraciado, se intuye con malas compañías, se adivina con hijos y sin ellos. Es una película de posibilidades desperdiciadas, de realidades inventadas y en la que el destino está fabricado por nuestra determinación y también por el azar. Mr Nobody va a dejar de ser y no sabe si ha sido lo que piensa que ha sido, o si esas existencias posibles simplemente no fueron.

Nos inventamos vidas y cuanto más larga es nuestra trayectoria más tratamos de idealizar esos momentos del pasado. Somos autoindulgentes con nuestros errores pasados y muchas veces ni siquiera admitimos como reales las pertinaces realidades.

Mr. Nobody
Mr. Nobody

En un juego de PC del siglo pasado, llamado Heart of China, se podían tomar diferentes decisiones pero, cuando nuestra opción era relevante, aparecía un señalador de caminos que te indicaba que la senda que ibas a tomar era un camino de ida y no de  vuelta.

En nuestra vida hay múltiples decisiones que tomamos cada día. Si hemos de hacer caso a las más alocadas teorías científicas cada una de esas elecciones provocan un universo diferente en el que nuestros otros yoes, los que hemos generado simplemente al elegir otra marca de champú , tendrán una vida independiente. (Reconozco que me encanta usar el plural de yo, es tan poco habitual que merece la pena ser rescatado: yoes, yoes, yoes, yoes…).

En Beautiful Girls de Ted Demme,  hay un diálogo en una cabaña situada sobre un lago helado en el que la mujer, objeto de deseo, le dice a aquel que la desea que, muchos otros también se preguntan porqué él tienen la suerte de ser el compañero de otra mujer, la suya. Todo eso para enseñar(nos) que nuestras suertes son envidiadas por otros. Pese a que, en ocasiones, no nos sintamos afortunados.

Y en esa gran obra maestra de la filosofía moderna que es Babylon hay una frase que remata lo que muchos piensan y pocos se atreven a decir: “La vida es una mierda y luego te mueres.” O no.

Bob, ¿quén es Bob?

Hay una anécdota significativa sobre Bob Dylan. Una noche de hace tres años,  una agente de policía de Nueva Jersey recibió una llamada. Un hombre mayor de aspecto excéntrico y conducta sospechosa estaba rondando el vecindario. La policía se acercó y le pidió que se identificara.  “Soy Bob Dylan” dijo Robert. La agente, claro, no le creyó. Es como si un tipo con melenas y túnica respondiera al preguntarle por su afiliación: “Soy Jesucristo”. Bob fue detenido, conducido a la comisaría y allí fue presentado al sargento que concluyó “ese tipo no es Bob Dylan”. Fin de la historia.

Bob Dylan, cumpleaños feliz
Bob Dylan, cumpleaños feliz

Es ilustrativo de su carácter y de su genio. Puedes haber seguido a Robert desde tu más tierna infancia. Puedes haber oído sus discos hasta que el vinilo haya quedado rayado. Puedes haberte armado de paciencia y de diccionarios para descifrar el sentido que esconde en cada una de sus letras y seguirás sin saber quién es Bob y qué te cuenta. A cada uno, al oído, nos ha contado cosas muy diferentes.

Bob es cristiano, es judío. Ha sido folkie, rocker, ha hecho blues, gospel, jazz. La gente que le ha tratado describe a un hombre huraño o a una persona amable. Nadie sabe quién es Bob. Pero nos gusta. Forma parte de las vidas y de la banda sonora de muchos. Es una leyenda y cada día se reinventa y nos sorprende.  Como nosotros. Cada día nuevos, cada día diferentes, buscando la utopía y en ocasiones tocándola con los dedos.  Oliendo el perfume cálido que sale del cuerpo de la que te rodea con sus brazos.   No necesitas más. En ocasiones saber mucho significa saber poco. Ya lo dijo Bob (por cierto, ¿quién es Bob?):

Sometimes it’s not enough to know what things mean, sometimes you have to know what things don’t mean.

Juan Carlos Eguillor, Cartel Aste Nagusia de Bilbao 1978

Ser Vasco

Estos días (mayo 2008) ha existido cierta polémica entre blogueros vascos relacionados con el ambiente artístico, sobre la obra de Juan Carlos Eguillor. Se han cruzado opiniones para todos los gustos sobre su evolución artística y la vigencia de su obra. Recuerdo con cariño a personajes míticos como Mari Aguirre o Miss Martiartu, o a ese cártel de la primera Aste Nagusia, la de  de 1978 , que se ha convertido  en un icono . Mi memoria conserva divertidas ironías como esta viñeta que  acompaña al post. No tengo certeza de su fecha de publicación,  pero creo que será aproximadamente de finales de los años 80.

 

Juan Carlos Eguillor, Cartel Aste Nagusia de Bilbao 1978
Juan Carlos Eguillor, Cartel Aste Nagusia de Bilbao 1978

Y es que creo que a los vascos nos falta una mirada descreída sobre el hecho diferencial. Quizás debiéramos pensar que no somos tan diferentes a un sueco o un chipriota. Que tenemos los mismos problemas a la hora de pagar una hipoteca, que vemos la misma película de Hollywood o comemos las mismas hamburguesas del Burger King. Quizás sea el momento de dejar de hacernos tantas preguntas y empezar a tamizar con humor destroyer nuestra realidad para dejar de vernos desde tan cerca de nuestros ombligos. Y es que, salvo las veces que algunos descerebrados nos dan miedo, el resto, hasta nosotros mismos con nuestra pompa y circunstancia,  podemos provocar  un poco de risa.

Transcripción de la viñeta:

– A ustedes se les acusa de convertir el ser vasco en una visión partidista del hecho …mmm… ontológico

– En términos menos intelectuales ¿Qué es ser vasco para ustedes?

– Vasco es todo aquel que es buen vasco…

-¡Te compro la idea!

Actualización: hoy, 23 de abril  de 2011 cuentan los periódicos que Juan Carlos ha fallecido.

Gracias por tu obra, formas parte de la  memoria sentimental de este pequeño país.

El día de Todos los Santos

quién cabalgará esos caballos salvajes
quién cabalgará esos caballos salvajes

Reivindico el placer de hacer el tonto, de no tomarme demasiado en serio ni a mi ni a lo que me rodea. Soy consciente de que, que por mucha trascendencia que le des a lo que haces o a lo que dices, al final, sólo serás el eco de lo que hablaste, el recuerdo borroso en las cabezas de quienes te recuerdan. En el mejor de los casos, tu huella del paso por el mundo será un archivo digital, con copia seguridad de tus documentos, que se borrará con el pulso electromagnético de la bomba nuclear que arrojará el ayatolá sobre las cabezas de quienes te sobrevivan.

Reivindico la broma, la risa y el querer.
Me manifiesto por el placer de amar y por el gustazo de simplemente no hacer nada. Me burlo de la gente solemne, de aquellos con un Destino Manifiesto, y de quienes se ven abocados a la inmortalidad. Allá ellos; seguro que se les hace muy largo eso de estar tanto tiempo instalados en el Infinito.

Soy militante de mis amigos, me dejaría matar por los que amo y soy fan acérrimo de aquellos que me dejaron. Se que nunca podré volver a ver a esos seres humanos que, como yo, tuvieron más defectos que virtudes, pero que llenaron mi vida, la hicieron más fácil y simplemente me ayudaron a crecer. Aquellos con los que discutí, me pelee, que ignoré en ocasiones, pero a los que echo de menos con una intensidad que al escribir esto se me saltan las costuras de eso que se llama alma.

Hoy es su día. En México estaría comiendo dulces y bebiendo tequila a su salud. Como no estoy al otro lado del charco me burlo de mi sombra y les recuerdo diciendo aquello que en su dia contó Roy Batti en Blade Runner “… Todos estos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia…

post relacionado: “Yo he visto cosas”

(ningún animal fue dañado en la realización de esta fotografía)

¿Qué es ser un héroe? ¿Quiénes son héroes?

Héroes, Hiro Nakamura e Ibán Ortega RomoEste verano del 2007, en lo periodístico,  ha sido un verano atípico con la economía dando sobresaltos, con noticias políticas importantes y con guerras activas en  las que no se vislumbran soluciones.

También este verano ha sido el verano de los Héroes.

Héroe por accidente

En Estados Unidos y quizás como una metáfora del derrumbamiento del Imperio se cayó un puente en Minneapolis. Esa tragedia fue producida por la falta de inversiones en mantenimiento y provocó 13 muertos. Podrían haber sido muchos más si no llega a ser por la sangre fría de Jeremy Hernandez. El chicano Hernández, de 20 años,  consiguió rescatar a los niños de un autobús escolar en el que iba como ayudante de actividades extraescolares. Ese trabajo lo había conseguido tras haber sido expulsado del Instituto por no poder pagar los 15.000 dolares que costaba la matrícula del curso de mecánica que quería seguir. Ahora, tras haber sido designado oficialmente “héroe”, muchas instituciones americanas se han ofrecido a pagarle la matrícula.

El héroe inconsciente

Otro héroe de este verano fue Julián Reyes, un vecino de Tenerife, que salvó con una manguera y rodeado de llamas varias casas de su pueblo. Elevado mediaticamente a los altares de la heroicidad Julián contaba cómo, para realizar su hazaña, tuvo que huir de la policía que le perseguía con la intención de evacuarlo. Posteriormente se escondió y poniéndose en peligro, y poniendo en peligro a las personas que le seguían buscando, hizo de apagafuegos voluntario. Todo un héroe a pesar de que la lógica dice que vale más que se quemen unas casas a que mueran o queden heridos el personal de los grupos de emergencia que  intentaron su  rescate.

Un héroe atípico y flamenco

Antonio Solera, un guitarrista flamenco paseaba por las calles del barrio japonés de Sibuya tras acabar, de madrugada, su actuación en un teatro. Unas llamas y una mujer gritando le llamaron la atención y tras hacerse entender (ignoro cómo) consiguió que la mujer que estaba atrapada en el incendio saltara a sus brazos y se salvara de una muerte segura. Un rescate muy flamenco que acabó con Antonio condecorado por las autoridades japonesas.

Héroes, la serie de Tv

“Un gran poder requiere de una gran responsabilidad”.  Ea es la frase típica en las películas  de superhéroes.  En esta serie hay héroes buenos y malos. Gente con habilidades producidas por una alteración genética que intentan salvar al mundo y otros que se aprovechan de sus potencialidades para su beneficio o para hacer el mal. No le veo nada de mérito al ser un héroe si, por ejemplo, puedes doblar el espacio-tiempo y hacer lo que quieras y cuando quieras,  como hace Hiro Nakamura

Los héroes cotidianos

Son mis héroes preferidos. Es , por ejemplo, la señora que cuida de sus marido enfermo, que se desplaza quince kilómetros para trabajar por un sueldo de mierda y que aún tiene tiempo para repartir sonrisas y hacer del mundo un sitio mejor.

Hay también gente que nos rodea que, sin tener alteraciones genéticas, son portadores de superpoderes. Conozco a alguien que tiene capacidades innatas para la impertubabilidad. Es capaz de montar todo un equipo de grabación en 30″, encontrando el mejor sitio en dura disputa con otros cámaras. También tiene el superpoder de conseguir todo tipo de cosas. Si necesita una pieza para una cámara de vídeo da igual que esté en Apatamonasterio o en el desierto del Gobi, logrará dar con esa pieza sin que nadie a su alrededor sepa cómo lo hizo. Además a él las chicas, en los bares, le tiran miguitas de pan y a mi eso no me ha pasado nunca (y cómo jode). Lo héroes también cumplen años, por eso desde estas líneas Zorionak Iban Ortega!