Leonor

20, Febrero, 2010

Se presenta Leonor. Ojos limpios. Una cadena de oro en el cuello con una alianza colgada. Era un encuentro esperado.  Un  abrazo. Y no se encuentran  las palabras. Torpemente cuento el asombro, la conmoción de ver  a su marido desvanecerse en una nube, en un fogonazo, en un ruido insoportable.  “No sufrió”  le aseguro convencido.  “Cuando la bomba explotó ellos ya estaban tranquilos, relajados, pensaban que todo había acabado y empezaron a sacar las bolsas llenas de explosivos del maletero  con tranquilidad, sin miedo”.

Ella cuenta que Manuel   salió de casa contento. Era el 89, un año de plomo con víctimas y bombas cada semana. Habían hablado de como encarar una muerte probable porque, cada día,  los pocos desactivadores debían enfrentarse a desafíos mortales. Pero estaba contento. Pensaba -dice Leonor- que su trabajo era importante y que lo estaban haciendo muy bien. Esa bomba, la que mato a Manuel, Jose María y Luis, fue un prodigio de maldad sofisticada. Estaba pensada para matar al  máximo número de personas y sólo el arrojo y la valentía y el sacrificio de tres artificieros logró que no muriese más gente.

El profesional que consigue que una bomba no explote lucha contra la entropía. Una bomba es el caos absoluto. La destrucción total y la muerte. Cada día explotan bombas dejando personas mutiladas, muerte y destrucción. Cuando un explosivo te muestra lo que puede romper en un segundo,  la vida no vuelve a ser lo que era.  Es como una graduación siniestra.

Es una vida sin el otro. La vida que lleva Leonor, con su anillo en el cuello.  Añorando lo que perdió pero dando un ejemplo de dignidad, sin odio, sin revancha.  Con esperanza de que lo mucho que nos ha dado  sirva para construir una sociedad en paz. Así sea.

No acabo de entender el porqué pero la gente me para por la calle. Cuando viví en Londres y no tenía ni repajolera idea de inglés me preguntaban los turistas por direcciones inverosímiles. Si entraba en una tienda en Times Sq. pretendían que les vendiera el producto o que les diera explicaciones. Pensé que, pese a todas las evidencias en contra, quizás tuviera algo de aspecto british,  pero creo que no. Me ha seguido pasando lo mismo en Roma, en París en Amsterdam e incluso en la República Dominicana. Cuando paseo por la zona del Museo Guggenheim sólo creo que me falte ponerme una camiseta de guía turístico voluntario. Creo que me la voy a hacer imprimir en euskara, inglés, frances y castellano.

Ayer, un señor muy serio, muy educado, me preguntó por un ganadero forrado de pasta que vive en la zona de la carretera Zorroza a Castrejana. Le contesté, con pesar,  que no conocía a ningún propietario de reses en mi barrio que, para los que no lo conozcáis,  es el tipico industrial disease (no cows, no chickens, no sheeps). Me dolió fallarle, soy como los japoneses, insumiso a admitir la amargura de saberse incapaz de ayudar.

Y esta mañana al bajar a por los periódicos me ha mirado Angel y me ha pedido perdón, con voz muy educada. Moreno, alto y con unos ojos que seguro que en mejores épocas enamoraron a más de una, Ángel esperaba en cuclillas al autobús. Un autobús hacia las Encartaciones que hoy domingo no circula. En dos minutos me ha preguntado por la política de asistencia social en esa parte de Bizkaia. Necesitaba dormir. Esta noche se había quedado encerrado en un cajero y los bronquios  empezaban a darle guerra. Ha abierto el petate – fui marinero, mira que maravilla de nudo-  y me ha enseñado un parte de urgencias en el que le recomendaban descanso y no fumar. Justo las dos cosas que en es momento no hacía. Yo le he indicado que acudiera al albergue de Bilbao pero me ha dicho que estaba lleno. ¿Y si te acercas por urgencias del hospital? “uff en cuanto ven a uno de mis pintas los de seguridad nos ponen en la calle”. Te doy para un café, le digo. “yo lo único que quiero es dormir, hay una pensión muy cutre en Bilbao la Vieja te dejan pasar un día por 17 euros”. Me he echado las manos al bolsillo y he encontrado un billete de 20.

Nunca doy limosnas, prefiero ayudar a las gentes que tengo más al lado, compartir mi suerte en  círculos concentricos que comienzan en la familia, siguen en el barrio y, en días como estos acaban en sitios como Puerto Príncipe. Tampoco  confío en el dinero como lavaconciencias. Me gusta más dar lo que más me cuesta: cariño, trabajo, tiempo. Pero ese billete que he puesto con cuidado, doblado en la mano áspera de Angel no ha querido ser una limosna. Eso ha sido una habitación caliente en un día frío que me he pagado a mi mismo en el futuro. Por si acaso.

Pirámide truncada

18, Enero, 2010


Hay un lugar en Bilbao, cerca de la sede de la televisión vasca en el que se unen una curva cerrada, una carretera y dos vías de tranvía. En ese punto pasaban esta tarde sorteando a un autobús, a dos coches y, curiosa coincidencia a un tranvía,  una pareja de ancianos. Todos los que estábamos en el lugar soltamos un suspiro de alivio cuando finalmente llegaron a la otra acera. Mientras les veiamos, ajenos a lo que pasaba a su lado, al peligro,  a los bocinazos  y a los desesperados conductores haciendo maniobras suicidas para no atropellarlos,  hubo un momento de ternura. Dos abuelos autistas, encerrados en su discusión cotidiana, en su rutina de décadas. Dos viejos como pronto seremos. El tiempo pasa rápido.

Por primera vez en la historia vivirán en la misma época muchos más provectos que jóvenes. Pronto esto será una piramide truncada, una legión de carcamales plagados de enfermedades y de egoísmos. Esos que hoy sortearon al destino son  un reflejo de nuestro hoy de mañana.

Cuando pasaron al lado del grupo una chica exclamó sin resuello “eso que han hecho es una locura”. La señora sonrío, nos dijo que sí con la cabeza y terminó con un “así vamos”. Cierto, así vamos.

Avatar y el Fumar

12, Enero, 2010

No me ha gustado nada Avatar de James Cameron. No es una postura snob, os lo aseguro. Se que es una película que ha encantado a la mayoría y por eso he hecho un esfuerzo: me la he visto dos veces. Quería descartar que en el primer visionado hubiera estado influenciado por mi estado de ánimo o que quizás,  el dolor de cabeza que me dieron las gafas de marras  me hubiera impedido disfrutar de la peli. Y sigo en mis trece, no me ha gustado, ni en 3D ni en 2D. Me parece una película mentirosa, un canto al cinismo, un pastel y un engaño.

Podría enumerar miles de argumentos pero en el terreno de las emociones todos tenemos razón y razones:  los  repugnantes humanos a los que nos ha disgustado   y los élficos e inefables  na’vi a los  que les parece una obra maestra avant-garde.

Pero en lo que no hay discusión posible es en el tema de los cigarrillos que se fuma el personaje de la doctora.  Eso, amigos, es  publicidad subliminal pura y dura.

No soy ningún moralista y creo que  es lógico que,  si una película está rodada en un garito o en los años setenta en un transporte público, o  por ejemplo,  en un frontón de pelota vasca,  los personajes fumen como carreteros.  Pero pese a los intentos de Cameron de justificar esos cigarrillos,  no me cuela.   Este asunto me recuerda casi al pie de la letra un diálogo de la película “Gracias por fumar”. En este film,  el lobby de presión de las tabaqueras intentaban llegar a un acuerdo para introducir cigarrillos en películas de gran presupuesto. En una conversación con los productores la gente del lobby inistía en que fumaran los protagonistas de una historia que se desarrollaba en una estación espacial.  El cineasta les replicaba horrorizado:  “pero es un lugar con una atmosfera de oxigeno puro, si encienden un cigarrillo arderá toda la nave”. Suponiendo que,  aunque en Avatar no se encuentren en una estancia de esas características, el hecho de que  en  los laboratorios  se tenga que generar una atmósfera artificial, en un planeta hostil para los pulmones humanos,  imposilita el capricho fumador de la doctora.  Así que, entre col y col new age, la lechuga del cáncer de pulmón para todos los públicos.

Frase del guión de “Gracias por fumar”: ”debemos cambiar los hábitos de los americanos, en estos tiempos sólo fuman tabaco los psicópatas y los europeos”).

Se acabó la cumbre del clima y tenemos dos grandes resultados. Por un lado Juancho detenido e incomunicado por sacar un papelito y por otra parte un nuevo orden mundial promovido por San Obama de las Calzas Verdes y unos chinos que pasaban por allí.  Somos tremendamente ingenuos si pensábamos,  los europeos,  que podíamos tener algún papel en el futuro del planeta. Nuestro tiempo ya pasó y ahora las decisiones se toman muy lejos pese a quienes,  en la aldea,   se consideran el ombligo no sólo del mundo sino del universo.

Me sorprende  también la actividad de lobby de los “primos” descreídos del calentamiento global . Esta misma semana, coincidiendo con la cumbre de Copenhague,  escuchaba por enésima vez las razones de los que piensan que todo esto del clima es una conspiración de los hippys ecologistas melenudos y de los científicos que buscan subvenciones. Pese a sus dudas, el futuro ya está aquí. Nos acostumbraremos a un mundo sin agua, con migraciones provocadas por el clima y con hambrunas. El Norte rico no podrá blindarse eternamente frente al Sur pobre y sediento.

No aprendemos. Da igual que nuestros padres hayan pasado mil guerras y sufrimientos. Sus hijos, nosotros, repetimos  de manera aumentada sus errores y nuestros hijos, sufrirán nuestra  herencia envenenada.

Y alos escepticos decirles que ojala se equivoquen,  pero me da que la realidad les va a golpear como un huracán   en la cara.

I have (a lot) of dreams

12, Diciembre, 2009

Que la vida es sueño y los sueños vida son empieza a parecerse a la realidad cuanto menos duermes. Hablo de ese estado cercano a la vigilia que  se produce en esas temporadas en las que el sueño reparador no llega por motivos endógenos o exógenos. Estás extrañamente alerta pero, a la vez, pueden ocurrir acontecimientos delante de tus narices que pasan desapercibidos a tu atención,  aunque quedan registrados a nivel subconsciente. El amigo Palaniuk lo retrata de manera magistral en “El Club de la Lucha” un relato en el que (atención spoiler) la mente disociada de un insomne genera una doble personalidad que  coopera, compite o, directamente, ataca al creador de la ilusión. La tortura más sofisticada y la que menos  huellas físicas deja en el sujeto es la privación del sueño.  Uno es capaz de soportar casi cualquier cosa menos ese estremecimiento que provocan la horas acumuladas en un cerebro sin descanso.  Al contrario pocos placeres son  tan reales como el hecho de acostarse en una cama y cerrar los ojos cuando llevas tiempo sin dormir.

Parafraseando al reverendo Luther King ,  “yo tengo un suelo:  la falta de sueño”.  Un sueño pesado, acumulado y que no remite con las horas de más con las que lo alimento los fines de semana. Me consuelo  de ese sopor con el hecho de que,  a menos dormir,   más sueños consigo.  Es decir,  que más recuerdo los agitados y apresurados sueños que pueblan esas escasas horas de ojos cerrados. Nunca he conseguido, pese  a intentarlo, el soñar algo tan común como el volar. Mis intentos oníricos son terriblemente patéticos. Cojo carrerilla tópemente, agito los brazos y cuando empiezo a despegar y estoy a unos dos metros del suelo me desplomo como una avutarda agotada. Supongo que eso querra decir algo,  pero me niego a solicitar cualquier interpretación freudiana. Simplemente tengo sueño así, que si me disculpan, les dejo. Me voy a echar una siesta de las de pijama y orinal. Hasta mañana.

haiku del 25 de noviembre

25, Noviembre, 2009

Grito, golpe, ¡pam!
¿así te sientes más hombre?
Algo anda mal.

En el siglo XV, en Bilbao,  a los asesinos, ladrones de ganado y amotinados  se les ataba una piedra al cuello y se les arrojaba, desde el puente de San Antón,  a las aguas de la ría. Este método de ejecución era conocido como empozamiento. Debía ser un espectáculo edificante que congregaba a multitudes que subían desde la explanada que ahora ocupa el mercado de la Ribera. Un lugar  que entonces era un sitio de negocios y cambios.  Cuentan las crónicas que un tal Pedro de Amurrio tuvo la mala fortuna de caer en las escasas aguas de una marea baja y dando grandes gritos suplicó clemencia durante un  cuarto de hora mientras estiraba el cuello a duras penas. Esa agitación duró hasta que el cansancio le pudo y sucumbió ahogado. Era también costumbre que una cuadrilla limpiara de cadáveres cada cierto tiempo el fondo sirviéndose de un gancho de hierro amarrado a un cabo. Esto no se realizaba por interés de la imagen de la Villa  o por simpatía con la familia de los reos. La principal razón de la limpieza era evitar que el abundante pescado que, entonces subía por la ría,  se nutriera de las carnes de los muertos y esta, pasara a la dieta de las gentes de Bilbao por la vía de la pesca.

Ahora, cinco siglos después, la justicia es mucho más clemente  y misericordiosa. Si aprietas el cuello de una chica tras haberle golpeado a modo durante un par de horas,  te caen  doce años a cumplir en una distendida estancia penitenciaria. Me imagino que la madre de la estrangulada y golpeada añorará tiempos en los que al asesinato se  llamaba y condenaba como tal. Es mucho pedir que aten al malvado a una piedra y le arrojen a la ría. Yo no lo quiero.  El talión no mola.   Pero por lo menos sería deseable que una mujer sepa que cuando dice NO va  a tener  toda la ley de su parte. Porque la ley y las penas no sólo tienen como finalidad el castigar,  sino también reinsertar al delincuente y evitar de manera ejemplarizante que el crimen se repita.

Secuestro y toma de rehenes

19, Noviembre, 2009

Se acabó lo del Alakrana y aunque es preciso hacer una reflexión general sobre el asunto, me quedo con algo  que tiene que ver con mi profesión, con el periodismo.

Frente al ruido mediático, que sólo ha contribuido a avivar el fuego del chantaje e incluso,  me atrevería a decir,    a alargar  la duración del secuestro os muestro una isla de cordura. Estas son las  normas que desde la BBC se marcan a sus profesionales a la hora de la cobertura de un secuestro. Todas las redacciones españolas (con perdón) y/o vascas debieran de tomar nota:

Secuestro,  toma de rehenes y asedios (normas de estilo de cobertura, BBC)

En los casos de secuestro,  toma de rehenes y asedios debemos ser conscientes de que cualquier cosa que transmitamos o publiquemos  puede ser visto o escuchado por los autores, tanto en el Reino Unido y el extranjero.

Es importante informar de las demandas en su contexto. También hay que examinar cuidadosamente las cuestiones éticas planteadas al ofrecer una plataforma para los secuestradores sobre todo si lo hacemos en  directo. Debemos mantener el control editorial sobre la información que difundimos de los acontecimientos y velar por:

* No entrevistar a un secuestrador en directo.

* No difundir vídeos  y/ o audios  proporcionados por  los secuestradores en directo.

* Emitir las grabaciones realizadas por los autores, ya sea de eventos realizados, los actos violentos o de sus víctimas, sólo después de la remisión a una figura editorial de alto nivel.

* Imponer un decalaje temporal cuando el material de difusión en directo corresponde a temas delicados, por ejemplo, una toma de la escuela o un secuestro de avión. Esto es particularmente importante cuando el resultado es impredecible y pueda dar resultado a  materiales perturbadores que no son  aptos para su difusión sin una previa  revisión cuidadosa.

Al informar sobre noticias relacionadas con el secuestros,  toma de rehenes o asedios, debemos escuchar el consejo de la policía y otras autoridades acerca de cualquier cosa que, si se cuenta , podría agravar la situación. De vez en cuando nos pedirán a retener o incluso no incluir la información. Cumpliremos cuando la petición sea razonable, pero no se transmitirá nada a sabiendas que sea falso. La policía incluso puedo solicitar un silencio completo sobre uan noticia.  Lo valoraremos y lo respetaremos tras una razonada decisión editorial.

Dueño de tus silencios

8, Noviembre, 2009

dueño de tu silencio El dicho afirma que es mil veces preferible ser “dueño de tus silencios que esclavo de tus palabras“. Y eso viene a cuento de las preguntas que se me hacen desde diversos foros del porqué este blog, antaño frondoso y florido,  está ahora mustio de comentarios.

La razón es simple. Pocas veces me he encontrado con más temas de los que hablar y menos veces he tenido unas  oportunidades tan exiguas para poder hacerlo. Desde hace unos meses,  me encuentro en la tesitura de que, cualquier cosa que afirmo o niego, es contemplada por mis interlocutores como si estuviera  efectuando una  “Declaración Oficial“. Y no, señores, cuando hablo o escribo, salvo cuando lo hago en foro publico o con membrete oficial,  soy yo el que opina y mi opinión la que se expresa.

Así que, como patinador en hielo  frágil y resbaladizo observo un cuidado exquisito para que nada de lo que salga  de mi cabeza insensata sea tomado como cátedra o postura oficial. Es complicado ponerse en esa tesitura y observo que muchos compañeros  de profesión sufren de ese síndrome o, peor aún, no lo sufren y largan por esas boquitas lo que conviene y lo que no.   Ponerse en el foco es una sensación contradictoria. Todo lo que digas tendrá rango de titular pero a la vez, ese titular puede ser lo menos conveniente para tus intereses o los de los quienes  te pagan por hacer tu trabajo.

Es por eso,  que es preciso  ( y precioso) cuando se está en una organización  tener una política de comunicación coporativa unificada y coherente, en la que las estrategias sobre lo  que se quiere contar estén bien  coordinadas. No digo que se deba incurrir en ese cliché que se nos suele achacar a los gabinetes de comunicación y asesores de prensa de ser  entes dedicados  a ocultar datos o tergiversar los mismos. Comunicar,  sí. Política de transparencia en la comunicación, también. Reconocer los errores, siempre. Pero, es  fundamental que no haya francotiradores que disparen a la política de comunicación desde la atalaya de sus egos.  Es complicado, implica humildad, pero siempre es preferible ser dueño de lo que se cuenta (o de lo que no) que esclavo de las disgresiones, de la desorganización o del exhibicionismo malsano que en ocasiones ocasiona  el saber lo que  se sabe y contar lo que se cuenta.

Y a  buen entendedor…

Deus Irae

25, Octubre, 2009

Tengo un amigo del que no diré su nombre (sólo que empieza por Per y que acaba por nan) que ha pasado un mal rato esta semana. Desde aquí le mando un abrazo y le animo. Ya que no podemos vernos por agendas apretadas se lo digo vía post: cuídate my friend.

probalemente no hay dios por lo que deja de preocuparte y disfruta de la vidaComo todas las buenas personas ese amigo se subleva y se mosquea cuando le toman el pelo y abusan de sus buena voluntad, de su bonhomía. Como todos los de mi quinta le presumo traumatizado por experiencias religiosas y es que, amigos, la Iglesia que ahora campa es casi una broma para los jóvenes, que se casan por de blanco y con arroz porque es guay y moderno. Pero esa iglesia fue una institución poderosa que moldeó con mano firme nuestras voluntades. No conozco nadie de mi quinta que no acceda, por librepensador y ácrata que se considere, con un sentimiento culposo al sexo. Y eso es culpa de la Iglesia. No conozco a nadie, salvo que sea un vegetal, que no haya ido a un colegio de curas en los siniestros años de la dictadura y que no haya experimentado un sentimiento de vergüenza y asco ante asuntos que debieran pertenecer al libre albedrío y al orden particular de la vida de una persona. Sí es cierto que, como reacción, muchos le estamos agradecidos a esa educación por habernos insertado, ventajas de la contrareacción, un saludable espíritu antisistema y de permanente duda, de rebeldía y de rebote. Pero para ese viaje no se necesitaban unas alforjas tenebrosas.

Ahora estamos en el momento de la verdad. En el que la sociedad será laica o descenderá al abismo de los fundamentalismos más absurdos. Se palpa, se ve. El lobby poderoso de la Iglesia pretende que no se le arrebate el poder del que ha gozado. Un poder que es equivalente a dinero, en contraposición descarada a los preceptos del fundador de la cosa. Ahora tira contra el aborto, y mueve masas. Y se le olvida mencionar que acabar con el aborto no dejará de ser una hipocresía. Que nadie aborta porque quiere y que las hijas de aquellos que protestan contra la ley,  siempre han podido abortar sin problemas en lujosas clínicas del extranjero. Invito a cualquiera que pase, como yo lo hice, una mañana en una clínica en la que se practican abortos para ver cuán terrible es  padecer esa experiencia. Que las mujeres o las (casi) niñas que han tenido que pasar por ese trance sólo desean que aquello nunca les hubiera pasado. Que abortar es cutre y doloroso y que deja una huella terrible. Que nadie lo hace por vicio o degeneración. Y es el asunto de la oposición al aborto implica, salvo en el caso de los engañados y los bienintencionados, un alto grado de  de hipocresía y, eso siempre ha molestado a los que van de cara y a los que, por así hacerlo, se la parten.

Doy gracias por haber asistido a un colegio religioso y a que la mano del cura de turno se deslizara peligrosamente por mi espalda hasta que le interrumpí el viaje de una certera bofetada. Doy gracias por un viaje a Alicante en el que mi aita se enfrentó a un cerril sacerdote que interrumpió el cassete de chistes de Arévalo que sonaba en el autobús  con voz tronante. Doy gracias en fin por las personas y las Instituciones que mantienen en su sitio a los que pretenden uniformizar el pensamiento. Por una sociedad laica,  cada uno en su casa y dios en la del que lo considere oportuno.

La oración del ateo

28, Septiembre, 2009

El amigo ateo tiene un problema. En realidad, tiene varios problemas.

Cuando dices ateo en el imaginario colectivo social se sigue pensando en una persona amoral, un sociópata de libro; del estilo de Hannibal Lecter. Y no, nuestro amigo ateo lo es por las circunstancias, por herencia, por influencias y, sobre todo por una certidumbre científica y moral. A él le gustaría no serlo, sobre todo porque podría ir por la vida con un apoyo del que carece. Hace mucho frío cuando se piensa que esto  es lo que hay y que, cuando se acaba pues eso,  que sanseacabó. Pero a lo que ibamos. Nuestro amigo ateo es, básicamente, una persona decente. Cede el paso a los ancianos, ayuda a los extranjeros perdidos en su ciudad, en el trabajo no se escaquea, colabora con todo y con todos,  aunque pierda horas y gane en preocupaciones. También le gustan los gatos y protege el medio ambiente. Aunque se podría permitir un coche grande,  tiene, y casi le da verguenza porque consume  CO2, un utilitario ecosostenible. Su lema podría ser “porqué enfadarnos si podemos ser amigos”.

Ahora, el amigo ateo, esta en una compleja tesitura y como tiene claro que ningún señor con túnica, barba blanca y triángulo en la cabeza va a acudir a solucionar sus problemas piensa y piensa y llega a una conclusión. El mundo es injusto, dice, hay decenas de hijos de puta que ha alcanzado la vejez de manera plácida y cuyos crímenes han sido olvidados. Hay bellísimas personas que, como “recompensa”, han padecido y padecen males terribles, situaciones espantosas que no desearías ni al peor torturador de Dachau. Ergo, confiemos,  se dice, en aquello que nunca falla. En una vida de trabajo que le ha proporcionado amigos donde apoyarse y a los que recurrir. En la devolución de favores.  En la familia que supone el útimo escudo ante las inclemencias. En una trayectoria honesta. En la estadística. En el improbable golpe de suerte que supone en haber nacido en una de las escasas zonas que del planeta tierra  que son  Primer Mundo. Y en  poco más.

Confía, en fin. Y reza, porque quiere conservar lo que más quiere. Egoísta e incongruente que es el amigo ateo.