Ingresa en prisión el conductor homicida

Estos días de juicios a toreros, de mentiras, sorbos de champan y vídeos, una noticia me alegra especialmente. Después de seis largos años de lucha la familia Lázaro-Etxeberria ha conseguido una victoria pírrica, pero victoria al fin y al cabo. El conductor que les destrozó la vida conduciendo borracho entra en prisión pese a que tuvo los santos cojones de pedir la paralización de sentencia y el indulto (además de poner todos los obstáculos posibles en el juicio y negarse a pagar las costas a la que está condenado). Todavía queda mucho por hacer en la sociedad para que se considere a los que matan en la carretera como lo que son: unos homicidas. Me alegro de estar junto a ellos en esta pelea.

Josetxo Etxeberria cree que los seis años de dura pelea en busca de la justicia han servido para abrir un camino. y dice: «Nunca nadie en Gipuzkoa había llegado hasta este límite.A partir de ahora, en un caso similar, quien quiera solicitar el indulto y al mismo tiempo la suspensión de la condena, sabe que hay una jurisprudencia
de la Audiencia Provincial que acuerda que la pena se cumpla. Pienso que el próximo que se vea afectado en esta ruleta rusa de la violencia vial lo tendrá un poco más fácil de lo que lo hemos tenido nosotros»

La noticia en los medios de comunicación:

 

diario vasco – 15 de marzo de 2013

el correo 15 de marzo de 2013

noticias gipuzkoa 15 de marzo de 2013

No es un indulto, es un insulto

Hechos probados:

Un señor muy, muy, muy borracho decide conducir su automóvil: Los expertos dicen que con su  nivel de 2,49 gramos de alcohol en sangre (el límite es de 0,5) lo extraño es que no caiga desplomado inconsciente.

Es una lástima pero no se desmaya. Su pequeño cerebro reptil, ajeno a la razón, la lógica y a la humanidad hace que tome la peor de las decisiones: decide conducir su Nissan Almera.

Este individuo circula a 140 kilómetros por hora en una carretera comarcal con límite de 70. Hace eses, derrapa, se salta señales;  es la una menos diez de la madrugada. Y de  improviso en una curva de izquierdas y con cambio de rasante invade el carril contrario y embiste de manera brutal a un vehículo de una familia que, respetando las normas, circula hacia su hogar tras una reunión familiar.

Consecuencias (habla Josetxo, una de las víctimas):

“Tras la colisión mi suegro falleció poco después, nuestra hija de cuatro años, sufrió un traumatismo craneoencefálico muy grave que hizo temer por su vida, pasando 8 días inconsciente en la UVI, otros 12 días consciente, recuperando poco a poco el habla, motricidad y 7 días en planta; mi suegra ingresó grave en la UVI, con politraumatismos, fémur roto, brazos rotos, ha teniendo dos estancias en la UVI, y dos intervenciones quirúrgicas; mi mujer  sufrió  fractura de cabeza de fémur y fémur; yo, por mi  parte, tengo polialtralgia ósea y muscular…”

Hechos probados:

En el asfalto queda un cadáver y una familia rota. Los que han sobrevivido quieren lo imposible: que los muertos vivan, que los heridos curen sus secuelas físicas y síquicas. Pero eso no puede ocurrir.  Ya que no se puede lo imposible, la familia pide, como poco, lo justo. La Justicia y la reparación. Una petición sincera de disculpas del homicida, cierta empatía con los que sufren por parte del criminal que tanto daño les ha hecho. Cuando creen que nada puede ser más malo, sucede lo peor. 

Humillación de las víctimas: 

El criminal y sus abogados deciden que en este país, matar borracho en la carretera puede (y suele) salir gratis o casi. Así que se aplican a conseguir que así sea. Dilaciones, trampas legales, mentiras y ocultación de pruebas. Desprecio a las víctimas. Un Horror. Un calvario.

Lo inmoral, lo amoral y lo criminal todo unido en un cóctel siniestro. Cuando llega el juicio, muy tarde, la familia tiene que oír como el sujeto dice a la jueza que “no entiendo porque tengo  que estar aquí ya que lo paga todo el seguro”.

Eso es lo que ese tipo entiende por reparación y perdón, por culpa y por castigo. Pagar las costas y los daños y ya está todo arreglado. Puede seguir con su vida.

Y no es eso. No ha roto una cafetera ni ha estropeado un grifo. Ha matado personas y destrozado vidas. Y no lo ha hecho por accidente sino por negligencia criminal. Y no entera, ni quiere enterarse, ni se enterará, salvo que la pena sea ejemplar y tenga tiempo para pensar en un sitio tranquilo. Para que no se vaya de rositas y a otra cosa. Debe saber lo que ha hecho y sus consecuencias. Es un criminal, un delincuente que no ha mostrado una pizca de empatía con las personas cuyas vidas ha tirado por el desagüe.

 Hechos:

Joaquín B. es condenado a tres años, en sentencia firme. La familia suspira con alivio. Tres años no son nada comparados con sus vidas, pero al menos entienden que, ya que no les ha pedido perdón, ni ha entendido nada de lo que ha hecho, ni les ha puesto fácil conseguir la reparación,lo justo es que lo pague. Confían en las virtudes pedagógicas de esa, muy limitada, estancia en prisión. Lo repiten, no quieren venganza, sólo reparación.

La última broma macabra:

Joaquín B. ahora ha pedido el indulto. No quiere pisar ni un solo día la cárcel. Y la familia herida llora de impotencia. Quieren impedir que ese indulto se materialice. Es la última broma macabra, la última herida, la última muerte para el fallecido. Piden tu apoyo, porque ahora  parece que los indultos a los homicidas viales se han puesto de moda. Porque parafraseando a Budd, “esa familia se merece justicia y el criminal se merece pasar una temporada en la cárcel”.

Que así sea.

SI CREES QUE ESTE INDULTO ES INJUSTO TE ESTAREMOS MUY AGRADECIDOS SI FIRMAS LA PETICIÓN EN CHANGE.ORG

Al Excmo Ministro de Justicia del Gobierno De España: No al Indulto en la causa 375/2012 de la APG

http://www.change.org/es/peticiones/al-excmo-ministro-de-justicia-del-gobierno-de-espa%C3%B1a-no-al-indulto-en-la-causa-375-2012-de-la-apg?

ps

 

Y si quieres más información sobre este asunto mándame un correo a dicky@delhoyo.com

Un poco de Luz

En el último disco de Luz Casal, entre otras  canciones está “La Cigarra”  que, en su día, cantó Mercedes Sosa.  Es una canción sobre el renacer, sobre la esperanza. Canta desafiante la cigarra a aquellos que  con sus malas artes intentar matar el canto.   Los reveses de la fortuna son inevitables. El destino nos pone demasiadas trampas para que, encima, nos liemos con los liantes, con los confunden las cosas y nos confunden. Pues eso, es primavera, cantemos, como la cigarra.  (por cierto, porque sé que te llegará,  te mando mucho  ánimo,  Luz y también otro abrazo entrañable a Emilio )

Tantas veces me mataron,
tantas veces me morí,
sin embargo estoy aquí
resucitando.
Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal,
porque me mató tan mal,
y seguí cantando.

Cantando al sol,
como la cigarra,
después de un año
bajo la tierra,
igual que el sobreviviente
que vuelve de la guerra.

Leonor

Se presenta Leonor. Ojos limpios. Una cadena de oro en el cuello con una alianza colgada. Era un encuentro esperado.  Un  abrazo. Y no se encuentran  las palabras. Torpemente cuento el asombro, la conmoción de ver  a su marido desvanecerse en una nube, en un fogonazo, en un ruido insoportable.  “No sufrió”  le aseguro convencido.  “Cuando la bomba explotó ellos ya estaban tranquilos, relajados, pensaban que todo había acabado y empezaron a sacar las bolsas llenas de explosivos del maletero  con tranquilidad, sin miedo”.

Ella cuenta que Manuel   salió de casa contento. Era el 89, un año de plomo con víctimas y bombas cada semana. Habían hablado de como encarar una muerte probable porque, cada día,  los pocos desactivadores debían enfrentarse a desafíos mortales. Pero estaba contento. Pensaba -dice Leonor- que su trabajo era importante y que lo estaban haciendo muy bien. Esa bomba, la que mato a Manuel, Jose María y Luis, fue un prodigio de maldad sofisticada. Estaba pensada para matar al  máximo número de personas y sólo el arrojo y la valentía y el sacrificio de tres artificieros logró que no muriese más gente.

El profesional que consigue que una bomba no explote lucha contra la entropía. Una bomba es el caos absoluto. La destrucción total y la muerte. Cada día explotan bombas dejando personas mutiladas, muerte y destrucción. Cuando un explosivo te muestra lo que puede romper en un segundo,  la vida no vuelve a ser lo que era.  Es como una graduación siniestra.

Es una vida sin el otro. La vida que lleva Leonor, con su anillo en el cuello.  Añorando lo que perdió pero dando un ejemplo de dignidad, sin odio, sin revancha.  Con esperanza de que lo mucho que nos ha dado  sirva para construir una sociedad en paz. Así sea.

Haití a la vuelta de la esquina

No acabo de entender el porqué pero la gente me para por la calle. Cuando viví en Londres y no tenía ni repajolera idea de inglés me preguntaban los turistas por direcciones inverosímiles. Si entraba en una tienda en Times Sq. pretendían que les vendiera el producto o que les diera explicaciones. Pensé que, pese a todas las evidencias en contra, quizás tuviera algo de aspecto british,  pero creo que no. Me ha seguido pasando lo mismo en Roma, en París en Amsterdam e incluso en la República Dominicana. Cuando paseo por la zona del Museo Guggenheim sólo creo que me falte ponerme una camiseta de guía turístico voluntario. Creo que me la voy a hacer imprimir en euskara, inglés, frances y castellano.

Ayer, un señor muy serio, muy educado, me preguntó por un ganadero forrado de pasta que vive en la zona de la carretera Zorroza a Castrejana. Le contesté, con pesar,  que no conocía a ningún propietario de reses en mi barrio que, para los que no lo conozcáis,  es el tipico industrial disease (no cows, no chickens, no sheeps). Me dolió fallarle, soy como los japoneses, insumiso a admitir la amargura de saberse incapaz de ayudar.

Y esta mañana al bajar a por los periódicos me ha mirado Angel y me ha pedido perdón, con voz muy educada. Moreno, alto y con unos ojos que seguro que en mejores épocas enamoraron a más de una, Ángel esperaba en cuclillas al autobús. Un autobús hacia las Encartaciones que hoy domingo no circula. En dos minutos me ha preguntado por la política de asistencia social en esa parte de Bizkaia. Necesitaba dormir. Esta noche se había quedado encerrado en un cajero y los bronquios  empezaban a darle guerra. Ha abierto el petate – fui marinero, mira que maravilla de nudo-  y me ha enseñado un parte de urgencias en el que le recomendaban descanso y no fumar. Justo las dos cosas que en es momento no hacía. Yo le he indicado que acudiera al albergue de Bilbao pero me ha dicho que estaba lleno. ¿Y si te acercas por urgencias del hospital? “uff en cuanto ven a uno de mis pintas los de seguridad nos ponen en la calle”. Te doy para un café, le digo. “yo lo único que quiero es dormir, hay una pensión muy cutre en Bilbao la Vieja te dejan pasar un día por 17 euros”. Me he echado las manos al bolsillo y he encontrado un billete de 20.

Nunca doy limosnas, prefiero ayudar a las gentes que tengo más al lado, compartir mi suerte en  círculos concentricos que comienzan en la familia, siguen en el barrio y, en días como estos acaban en sitios como Puerto Príncipe. Tampoco  confío en el dinero como lavaconciencias. Me gusta más dar lo que más me cuesta: cariño, trabajo, tiempo. Pero ese billete que he puesto con cuidado, doblado en la mano áspera de Angel no ha querido ser una limosna. Eso ha sido una habitación caliente en un día frío que me he pagado a mi mismo en el futuro. Por si acaso.

Pirámide truncada


Hay un lugar en Bilbao, cerca de la sede de la televisión vasca en el que se unen una curva cerrada, una carretera y dos vías de tranvía. En ese punto pasaban esta tarde sorteando a un autobús, a dos coches y, curiosa coincidencia a un tranvía,  una pareja de ancianos. Todos los que estábamos en el lugar soltamos un suspiro de alivio cuando finalmente llegaron a la otra acera. Mientras les veiamos, ajenos a lo que pasaba a su lado, al peligro,  a los bocinazos  y a los desesperados conductores haciendo maniobras suicidas para no atropellarlos,  hubo un momento de ternura. Dos abuelos autistas, encerrados en su discusión cotidiana, en su rutina de décadas. Dos viejos como pronto seremos. El tiempo pasa rápido.

Por primera vez en la historia vivirán en la misma época muchos más provectos que jóvenes. Pronto esto será una piramide truncada, una legión de carcamales plagados de enfermedades y de egoísmos. Esos que hoy sortearon al destino son  un reflejo de nuestro hoy de mañana.

Cuando pasaron al lado del grupo una chica exclamó sin resuello “eso que han hecho es una locura”. La señora sonrío, nos dijo que sí con la cabeza y terminó con un “así vamos”. Cierto, así vamos.

Despertad

A aquellos que consideran que una idea merece la pena que el otro muera.

A los tibios. A los tibios. A los tibios.

A los que miran para otro lado. “No es mi problema”. “¡Vivan las cocochas”. “En este país se vive muy bien!”

A los del “algo habrá hecho”.

A los que nunca mirarán en los bajos de su coche y a los que nunca supondrá un ejercicio de alto riesgo el pasear por la calles de su pueblo.

Al tipo que  pegó un puñetazo en la cara a un amigo cuando llevaba a su hija  de año y medio  a hombros por el paseo de la Concha,  porque “sesgaba la información y provocaba  sufrimiento al pueblo vasco”.

A los que ponen una bomba de 300 kg de explosivo al lado de 40 niños que duermen.

Despertad. Esta pesadilla ya dura demasiado.

Gore San Fermín !

A ver cómo digo esto sin meterme en un jardín ni ofender sensibilidades… Imposible, lo digo y punto.

Las fiestas de San Fermín me parecen un horror. No la fiesta, ni las gentes que acuden y participan, ni el consumo desaforado de alcohol. Ni la suciedad y el ruido, equivalentes a los de cualquier otro punto de la geografía española.  No. Me parece un horror esa mistificación del encierro, esa deificación de los corredores. El que se haya convertido en nuestro particular surtidor de adrenalina y testosterona para el  resto del Mundo.

Ya se que los pamploneses y pamplonesas no tienen la culpa. Que si  por ellos fuera, seguirían siendo unas fiestas de pueblo, tradicionales, pequeñas y endomingadas. Pero llegó el Macho Alfa, Mr. Hemingway, y los puso en el mapa y aquí llegó el despiporre. Y, quede constancia que   no me parece mal que la gente se suicide en actividades de riesgo. Que para eso somos todos mayores de edad (menos el niño al que el descerebrado de su padre metió a correr el encierro el año pasado). Somos mayores para saltar en parapente entre acantilados y con borrasca, para correr en moto a 200 km/h, para bucear entre tiburones blancos o para ir de vacaciones a un safarí y que el elefante mosqueado  te aplaste la jeta. Eso sí, que luego nadie venga pidiendo responsabilidades o que se movilice a toda la Guardia Costera para un rescate. Si somos mayores para una cosa lo somos para todas. Lo restos, en capazo,  que los recojan los allegados del finado.

EFE/ZIPI
EFE/ZIPI

Lo que me parece terrible es que, para que los yonkis de la adrenalina tengan su dosis anual de droga en vena sea  preciso torturar, más aún,  a unos  animales destinados a un cruento sacrificio. Nadie les ha consultado si quieren ser soltados en medio de una jauría enloquecida. Una turba   que conseguirá que su último día de vida sea más terrorífico que una película de Wes Craven. Me sorprende que el debate sobre la suspensión de el encierro sólo surja cuando hay sobre los adoquines del recorrido un muerto y varios heridos (humanos).

A estas alturas casi todos hemos llegado a la conclusión de que arrojar una cabra desde un campanario, asetear con miles de dardos a un toro o arrancar el cuello a un ganso es una locura, una insensatez y una inhumanidad. Y ahora sólo persiste incólume el encierro.  por su exquisito grado de “estética” por sus valores culturales, porque las camisetas de kukuxumusu nos hacen mucha gracia  y por la (sacrosanta) tradición.

Esta actividad “cultural” es jaleada desde los Medios de Comunicación de todo el mundo (no os perdáis los comentarios de la noticia enlazada)  que asumen que forma parte de nuestra idiosincrasia, de nuestro carácter, de nuestra forma de vida. Y ante  todo eso me rebelo. Esa no es mi tradición. Mis remotos antepasados dibujaron en Santimamiñe unos bisontes que eran su alimento pero ante los que se inclinaron  con devoción y respeto.

Ante esa orgía de sangre y maltrato y ante la idea de que con el dinero de nuestros impuestos se subvencionen, en las plazas de toros y  en las fiestas de pueblo unos asesinatos, yo sinceramente no puedo permanecer en silencio.

ps

He registrado el dominio goresanfermin.com  Gore por lo sangriento,  como contraposición al Gora (arriba, viva) no aplicable a este caso.

Verde que te quiero verde

Si alguien todavía no se había dado cuenta de la importancia del microblogging y, en concreto, de twitter,  la noticia que cito a continuación da muestra de su relevancia. Según explicaron  varias agencias de noticias,  la red social Twitter pospuso el viernes pasado  por 24 horas la actualización de su sistema para evitar cortar el servicio a los iraníes que lo están utilizando para coordinar las protestas postelectorales. Segun fuentes del Departamento de Estado de EEUU  la decisión había sido tomada a solicitud de Washington.

Twitter, blogs, facebook y videos como el de la agonía de Neda (una palabra que persa significa “Voz”)  una joven espectadora de las manifestaciones asesinada por las milicia paramilitares,  han dado la vuelta al mundo y están sirviendo para organizar una revolución autogestionada. Una revuelta  nacida, como casi siempre, del hastío ante la imposición y el fascismo.  Tan relevantes son estas herramientas que los gobiernos (China, Birmania, etc) las temen y tratan de cortar el acceso de todas las formas posibles.  Hoy se sabía, por uan noticia emitida por la BBC, por ejemplo, que las autoridades iraníes están  contando con la inestimable colaboración de la compañía Nokia  Siemens a la hora de controlar y reprimir las protestas gracias a un servicio de espionaje y monitorización instalado en sus  redes.

Y en nuestra parte del mundo también las redes, con su horizontalidad y con los “líderes de prestigio”  como nodos de las protestas están empezando a despertar en los temas que nos atañen.  El viernes a los pocos minutos del asesinato de Eduardo Pueyes,   twitter y facebook empezaron a poblarse de mensajes reclamando protestas contra ETA, impulsando actuaciones simbólicas y llamando a la movilización.  Uno de mis contactos  decía : “Hemos pasado del eslogan “El carro de combate es el carro de la compra” a la inócua protesta político/tuitera.” pero discrepo de esa apreciación.  El protestante tuitero que  se retrata contra ETA en Euskadi está muy lejos de la vacuidad. Aquí hasta lo que parece inocuo tiene su carga de riesgo. No es sencillo dar el paso de decir en alto que se está contra el terror cuando uno de los que te lee puede estar tomando notas y  no precisamente para aplaudirte.

Twitter y facebook son también una herramienta para tomar el pulso de cómo va el descenso del amedrentamiento social.  Son herramientas de autorefuerzo social, de pedagogía contra el fascismo. Deslegitiman  zonas oscuras  y con ellas también podremos algún día decir que “todo lo malo” pasó y que fue, gracias en una pequeña parte a nosotros que hablamos y lo contamos.

 

Una sombra gris a la espalda

Llevo un par de semanas con el blog desatendido pero esto no se va a convertir en una pauta. Tengo temas, tengo ganas y ahora, tras dos semanas en un trabajo nuevo, empiezo a tener algo de tiempo.
Hoy tocaba hablar de mi querida Lisbeth Salander. Me acaba de llegar un correo en el que mis libreros favoritos me cuentan que ya tengo reservado el tercer tomo de la trilogía Millenium y bueno, toca otro par de noches sin dormir.
Pero Lisbeth que es paciente,  racional y calculadora,  sabrá perdonar la digresión. Porque hoy han  matado una persona y siempre que alguien es asesinado algo muere en mi  interior.
Ese hombre quemado y con las extremidades rotas es una persona, con padres, hermanos y amigos. Que se ha levantado muy de mañana. Y también es un ¿hombre? el que  ha dejado una bomba en los bajos de un  automóvil para matar a otra persona con padres, hermanos y amigos. También se ha tomado la  molestia de madrugar, la precaución de esperar, el cuajo de manipular un explosivo que se ha cobrado una vida.
Pero lo que me fascina, en el sentido perverso de la expresión, no es ese ejecutor,  sino sus cooperadores necesarios. Aquellos que durante meses han recogido información, que han cruzado datos, que han acudido al colegio donde esa persona dejaba a sus hijos y le han observado meticulosamente. Aquellos con los que se ha cruzado cada día y han apuntado meticulosamente las entradas y salidas, los horarios, las pequeñas manías y costumbres del asesinado.
Espalda contra espalda, tomándose un zurito mientras los respectivos niños juegan en la calle. La leal tropa del terror, los que no se manchan las manos. Los héroes de latón que posibilitan que un vecino deje sus tripas esparcidas en la calle de su barrio. Una sombra gris a la espalda. Un chivato, o una chivata. Y lo más terrible: cuando dentro de quince años salga de la cárcel a  algunos les seguirá pareciendo un héroe.

Llevo un par de semanas con el blog desatendido pero esto no se va a convertir en una pauta. Tengo temas, tengo ganas y ahora, tras dos semanas en un trabajo nuevo, empiezo a tener algo de tiempo.

Hoy tocaba hablar de mi querida Lisbeth Salander. Me acaba de llegar un correo en el que mis libreros favoritos me cuentan que ya tengo reservado el tercer tomo de la trilogía Millenium y bueno, me tocan  otro par de noches sin dormir. Los libros de Stieg Larsson no se leen, devoran.

Pero Lisbeth que es paciente,  racional y calculadora,  sabrá perdonar la digresión. Porque hoy han  matado una persona y siempre que alguien es asesinado algo muere en mi  interior.

Ese hombre quemado y con las extremidades rotas es una persona, con padres, hermanos y amigos. Que se ha levantado muy de mañana. Y también es un ¿hombre? el que  ha dejado una bomba en los bajos de un  automóvil para matar a otra persona con padres, hermanos y amigos. También se ha tomado la  molestia de madrugar, la precaución de esperar, el cuajo de manipular un explosivo que se ha cobrado una vida.

Pero lo que me fascina, en el sentido perverso de la expresión, no es ese ejecutor,  sino sus cooperadores necesarios. Aquellos que durante meses han recogido información, que han cruzado datos, que han acudido al colegio donde esa persona dejaba a sus hijos y le han observado meticulosamente. Aquellos con los que se ha cruzado cada día y han apuntado meticulosamente las entradas y salidas, los horarios, las pequeñas manías y costumbres del asesinado.

Espalda contra espalda, tomándose un zurito mientras los respectivos niños juegan en la calle. La leal tropa del terror, los que no se manchan las manos. Los héroes de latón que posibilitan que un vecino deje sus tripas esparcidas en la calle de su barrio. Una sombra gris a la espalda. Un chivato, o una chivata. Y lo más terrible: cuando dentro de quince años salga de la cárcel,  a  algunos en este país, todavia les  seguirá pareciendo un héroe.

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La colina de Watership


Cuando eres un conejo sólo eres presa. Tratarás de llegar a la Colina de Watership pero habrá mas de mil predadores deseando tu muerte. Por debajo de tu lugar en la cadena trófica sólo estarán los vegetales y las bacterias que descomponen la carroña.

Un conejo tiene que emplearse a fondo para no ser comido y su vida dependerá de su rapidez, de su astucia animal y de la suerte. En definitiva todo lo que haga en su existencia , generalmente breve, tendrá más un componente de fortuna que de decisión autónoma.

¿No os suena esa vida de conejo a otras vidas que muchos llevamos? Somos arrojados a la corriente de la vida, afortunados de vivir en un lugar del mundo no demasiado hostil pero, definitivamente sujeto a los caprichos de predadores que, para nuestras cortas miras, son tan inaprensibles como los zorros o el cazador humano  para los conejos.

Sawyer lee la Colina de Watership en la Isla de Lost
Sawyer lee la Colina de Watership en la Isla de Lost

Cuando creces hay lecturas que se debieran  recuperar. No es lo mismo leer la Colina  de Watership con catorce años que con cuarenta. Y probablemente, y espero contarlo, tampoco será lo mismo hacerlo con setenta años.

La colina de Watership es un libro de conejos que tratan de sobrevivir y en su limitado conocimiento del mundo,  buscan estrategias para encontrar su lugar en la tierra. Puede ser leído como un libro de aventuras, como un libro de aprendizaje, como un relato lleno de amor a la naturaleza o como un Zen del Conejo filosófico.

Sus pequeños cuentos, que unidos dan lugar a la epopeya, son metáforas de las sociedades humanas acomodadas y complacientes con su destino, pero también son relatos de rebeldía utópica y revolucionaria,

Es también una historia de animales que piensan y sienten y actúan de la manera en la  que probablemente actuarán los animales. Que nadie espere a unos conejos humanos. Tienen miedos, tienen una visión limitada de su entorno, sufren y calman sus necesidades con su instinto.

La colina de Watership es ya un relato clásico. Su autor Richard Adams  publicó con mucho esfuerzo una pequeña edición de dos mil ejemplares que casi no se vendieron. Un golpe de suerte hizo de este libro una historia de culto. Por cierto, La colina de Watership es el libro que  obsesiona a Sawyer  durante la primera temporada de Lost y  casi acaba con su vista.

Si todo en esta serie de tv tiene una segunda lectura, Watership tiene dos, tres o varios cientos de interpretaciones. Te sugiero que encuentres la tuya.

Cuentos para gente impaciente

gente-impacienteHay libros que te encuentras y libros que te buscan. Hay que libros que recomiendas y otros que casi  no merece la pena ni hablar de ellos. En ocasiones,  ni tan siquiera finalizar su lectura. Hoy hablo de un libro que recomiendo, que me ha buscado y que recomiendo su lectura. Hablo de “Cuentos para gente impaciente”, una colección de relatos cortos editada en Bubok.es y que debe su existencia a Javier de Ríos Briz, conocido por su blog http://www.guiadeconcursos.com/, un sitio en Internet para mantenerse informado de lo que sucede en el mundillo de los certámenes literarios.

Javier nos cuenta en la introducción a sus relatos que “no son excesivamente buenos, ni están pulidos, pero creo sinceramente que son relatos que merecen la pena…”. Empezaré discrepando en el primer punto. Son relatos de juventud, que duda cabe, pero si algo se les puede reprochar a estos relatos es que leyédolos puedes atisbar demasiados retazos de la vida de su autor. En ocasiones, hay  tanto detalle que el lector pudoroso no deja de sentirse un poco incómodo al atisbar las  partes más íntimas de una personalidad.

En cuentos como “Capitán” o “La momia” la anécdota pequeña se tranforma en una mirada inclemente a nuestras debilidades como seres humanos. En muchos de los relatos, los que fuimos niños pequeños asilvestrados en un pueblo, recuperamos ese espacio rural como lugar en la memoria.

Son relatos en los que los niños se muestran como los proyectos de hombres que serán y como el proyecto acabado de seres humanos para el resto de sus vidas. Esos momentos de la infancia, la magdalena proustiana, son importantes en la narrtiva de Javier. Una narrativa trabajada, elegante y llena de compasión. En “la vida sigue, papá” nadie que haya perdido a un ser querido puede permanecer indiferente. Ese relato me trae ecos de otro gran libro sobre la pérdida de la identidad. Somos lo que recordamos, somos la memoria, la angustia y los retazos de nuestra vida que se alejan.

Antes de que llegue “el colchonero lanero” neoliberal y nos cambie nuestras creencias y nuestros valores por unos nuevos, más acordes a estos tiempos fenicios y olvidadizos, no estaría mal acercarse a Bubok y leer estos cuentos pacientes para gente impaciente. Yo al menos, he disfrutado, me he emocionado y en cierta manera me he estremecido. Algo más de lo que este fin de semana ha conseguido hacer el ultimo escritor de moda Stieg Larsson con sus fuegos de artificio literarios.