Beowulf y Afterplay

Este fin de semana asistíamos a dos espectáculos. Por un lado, y en el marco del Festival de teatro de Santurtzi, que este año alcanza su XXVIII edición, acudimos a ver Afterplay. Esta obra que interpretan Blanca Portillo y Helio Pedregal habla de la soledad, de la necesidad del otro y también de las pequeñas mentiras que contamos para construir el personaje que nos gustaría que los demás contemplaran cuando nos observan.

Beowulf habla curiosamente de lo mismo, de un héroe que debe mentir para construir la leyenda que los demás necesitan desesperadamente. Por un lado,  el teatro cuenta la historia de una forma minimalista. Por otra parte, el cine, atacado por la decadencia y las descargas de Internet busca nuevas vías para contar lo mismo: una historia. Beowulf es una película rodada con el sistema de captura de imágenes que ya se empleara en Polar Express. También en alguna salas se exhibe en tres dimensiones. Si se puede es recomendable acudir a verla en este formato sorprendente. Esta cinta es el indicador de por dónde irán las tendencias de las grandes productoras a la hora de fidelizar al público y hacerle acudir al cine. Y es que, para ver lo mismo que horas más tarde está en la manta, muchos no se toman la molestia de acudir a salas que en muchas ocasiones resultan más incomodas que las ya grandes pantallas planas caseras.

Porque al fin y al cabo se trata, de contar una historia y eso, desde el chamán que al lado del fuego relataba las peripecias de la caza, hasta la lanza tridimensional que te alcanza desde la pantalla en esta historia épica, poco ha cambiado. Si Beowulf fuera una gran película, el 3D y los acartonados personajes que recuerdan a un videojuego, se hubieran diluido en la narración. Pese a Angelina Jolie saliendo de un lago bañada en oro, la cosa queda pobre y extraña. Y para eso el mejor 3D, hoy por hoy, sigue siendo una obra de teatro en la que el actor te mira a la cara y, si tiene una buena noche, te emociona.

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Angelina Jolie, Brad Pitt y el barrendero de Castrejana, Bilbao
Angelina Jolie y Brad Pitt posan con, Esteban, el barrendero que les indicó como salir de Bilbao. La foto no tendría nada de raro si no fuera porque está sacada en Castrejana, a unos 400 metros de mi casa y porque yo pasé haciendo footing por ahí justo diez minutos después de cuando me contaron que se hizo. Lo siento Angelina, ya sé que me estabas esperando, pero será en otra ocasión. Ese día andaba yo con mucha prisa. 😉

Y qué hacían Brad Pitt y Angelina Jolie en mitad de un desvío en un barrio industrial, en un cruce de caminos que lleva a una zona rural y a una carretera cortada. Pues estaban perdidos como casi todos los que hemos usado alguna vez un GPS. El problema es que la carretera cortada de la que os hablo era antes era la entrada a la autopista que querían tomar para llegar a cenar en las bodegas Marques del Riscal en Elciego, La Rioja.

Ahora, desde hace unos meses, para llegar a esa autopista hay que tomar un camino endiablado que atraviesa el barrio de Zorroza, pero claro, eso no figuraba en el GPS de las dos estrellas de Hollywood. Brad Pitt y su santa, Angelina Jolie habían dejado a los niños a buen recuado y estaban pasando un día en Bilbao donde Brad, al que le pone tanto al arquitectura como mirar las curvas de su señora, hizo una serie de fotos al Museo Guggenheim desde la orilla derecha de la ría bilbaina.

Y en ese momento de la mañana, cuando todavía no habían puesto las calles y me imagino a la pareja discutiendo, como todas las parejas que se pierden, aparecieron los basureros que les sacaron del embrollo. No entendían inglés pero el lenguaje gestual hizo el resto. Esa noche Angelina y Brad cenaron en las bodegas diseñadas por Frank Gehry, el arquitecto del Guggenheim.

Buen viaje!

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