Mineros

Roque tiene un par de días libres. Quedamos y compartimos un culete de sidra. Roque es mi primo. Le gustan el rock, Juan Perro y sobre todo su chica y su niño. Roque me cuenta que cuando acciona el mando de su jaula muchos compañeros cierran los ojos y casi no respiran. El es encargado del ascensor que baja por la caña hasta la décima planta a 485 metros de profundidad, medio kilómetro por debajo de la tierra. Un lugar donde, si te quedas atrapado, es muy complicado del que salgas. La jaula baja muy deprisa, el ruido es profundo, un aullido, la tierra se cierra a tu alrededor y todo es negro salvo el pequeño círculo de luz que lanza la bombilla del casco. Así todo, lo dicho, muchos prefieren cerrar los ojos o apagar la luz y tragar saliva. Aunque luego se arrastren por galerías que miden 40 cm de altura y tiren de perforadora mecánica,  un esfuerzo del infierno, los pulmones se les queden negros y todo en unas posturas inhumanas, durante turnos más que largos y que para la cara no haya agua que quite tanta suciedad mezclada con sudor.

Son mineros y las canciones hablan de su esfuerzo y de su sacrificio. Y su trabajo no es sólo suyo. Lo que hacen, su esfuerzo, inyecta dinero en regiones enteras y la alternativa al cierre de las minas es la despoblación y la nada. Merecen respeto. Luego, claro cómo no, están los sinvergüenzas que les ponen de parapeto para especular en negocios millonarios, los grandes aprovechados que han puesto lo social como escusa del pelotazo particular. Esos.

Pero ahí está Roque, que tiene los arrestos de bajar y subir todos los días la jaula, algo que muchos no podríamos hacer ni una sola vez en toda una vida. Son superhombres, son de otra pasta y otra raza. Son mineros, y sólo por el hecho de serlo ya merecen un respeto. Una solución y un buen trato. Gente honesta y cabal, trabajadora y que cumple. Paisanos de los que hacen falta, no sobran. Ejemplares.

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3 pensamientos en “Mineros

  1. Exacto merecen respeto, para mi son unos “superhumanos”. El otro día ví un vídeo donde contaban su lucha, y no pude evitar llorar. Envidio el corage que derrochan para defender su pan.

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