Mr. Nobody

Mr Nobody está en su lecho de muerte. Es muy, muy viejo y es una rareza. Será la última persona que muera en un mundo en el que todos los seres humanos son  inmortales. Su mente trata de recordar su pasado pero es complicado. Su memoria es frágil, está perdiendo el sentido de la realidad y ya no distingue lo real de lo inventado. Imagina cómo hubiera sido su vida si hubiera tomado decisiones diferentes. Se imagina feliz con otra mujer, se ve desgraciado, se intuye con malas compañías, se adivina con hijos y sin ellos. Es una película de posibilidades desperdiciadas, de realidades inventadas y en la que el destino está fabricado por nuestra determinación y también por el azar. Mr Nobody va a dejar de ser y no sabe si ha sido lo que piensa que ha sido, o si esas existencias posibles simplemente no fueron.

Nos inventamos vidas y cuanto más larga es nuestra trayectoria más tratamos de idealizar esos momentos del pasado. Somos autoindulgentes con nuestros errores pasados y muchas veces ni siquiera admitimos como reales las pertinaces realidades.

Mr. Nobody

Mr. Nobody

En un juego de PC del siglo pasado, llamado Heart of China, se podían tomar diferentes decisiones pero, cuando nuestra opción era relevante, aparecía un señalador de caminos que te indicaba que la senda que ibas a tomar era un camino de ida y no de  vuelta.

En nuestra vida hay múltiples decisiones que tomamos cada día. Si hemos de hacer caso a las más alocadas teorías científicas cada una de esas elecciones provocan un universo diferente en el que nuestros otros yoes, los que hemos generado simplemente al elegir otra marca de champú , tendrán una vida independiente. (Reconozco que me encanta usar el plural de yo, es tan poco habitual que merece la pena ser rescatado: yoes, yoes, yoes, yoes…).

En Beautiful Girls de Ted Demme,  hay un diálogo en una cabaña situada sobre un lago helado en el que la mujer, objeto de deseo, le dice a aquel que la desea que, muchos otros también se preguntan porqué él tienen la suerte de ser el compañero de otra mujer, la suya. Todo eso para enseñar(nos) que nuestras suertes son envidiadas por otros. Pese a que, en ocasiones, no nos sintamos afortunados.

Y en esa gran obra maestra de la filosofía moderna que es Babylon hay una frase que remata lo que muchos piensan y pocos se atreven a decir: “La vida es una mierda y luego te mueres.” O no.

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