Pirámide truncada


Hay un lugar en Bilbao, cerca de la sede de la televisión vasca en el que se unen una curva cerrada, una carretera y dos vías de tranvía. En ese punto pasaban esta tarde sorteando a un autobús, a dos coches y, curiosa coincidencia a un tranvía,  una pareja de ancianos. Todos los que estábamos en el lugar soltamos un suspiro de alivio cuando finalmente llegaron a la otra acera. Mientras les veiamos, ajenos a lo que pasaba a su lado, al peligro,  a los bocinazos  y a los desesperados conductores haciendo maniobras suicidas para no atropellarlos,  hubo un momento de ternura. Dos abuelos autistas, encerrados en su discusión cotidiana, en su rutina de décadas. Dos viejos como pronto seremos. El tiempo pasa rápido.

Por primera vez en la historia vivirán en la misma época muchos más provectos que jóvenes. Pronto esto será una piramide truncada, una legión de carcamales plagados de enfermedades y de egoísmos. Esos que hoy sortearon al destino son  un reflejo de nuestro hoy de mañana.

Cuando pasaron al lado del grupo una chica exclamó sin resuello “eso que han hecho es una locura”. La señora sonrío, nos dijo que sí con la cabeza y terminó con un “así vamos”. Cierto, así vamos.

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