El tío de la maza

Ya se le conoce popularmente al que majo a golpes la herriko de Lazkao  como el “tio de la maza”. Antes Jose Mota había  popularizado su  personaje del “tío de la vara”. Este super-héroe rural se encarga de bajar la tontería a mastuerzos recalcitrantes a base de “varazos”. No es mal método para aplicar en el caso de gobernantes que se pasan el tratado de Kioto por el forro o promotores de pelotazos urbanísticos que arrasan con el paisaje.

En Euskadi somos menos sutiles, más honestamente brutales. Así que, para una parte de la ciudadanía, el héroe del momento es “el tío de la maza”. Un justiciero no anónimo  (gracias a los  vídeos de diferentes televisiones  que, sin distorsionar, han mostrado su cara a admiradores y a ojeadores de ETA). Este hombre, que acababa de estrenar su pisito,  ha visto como una bomba que iba dirigida contra la sede socialista de Lazkao ha reducido a escombros su vivienda. Su reacción ha sido emprenderla a golpes con  la sede de D3M en su  pueblo. (D3M ¿siglas quizás de “dale tres mazazos”?). La respuesta de los agredidos ha sido encartelar Lazkao con carteles que le etiquetan de “faxista” y de paso le señalan como objetivo para próximas “visitas” no demasiado amistosas. Francamente, no me gustaría estar en el pellejo del tío de la maza.No quiero entrar en calificativos morales. No me gusta esa reacción,  aunque me sorprende que no sea más común en el País en el que vivimos. Salvo en el caso del asesinato de Miguel Ángel Blanco en el que la rabia popular saltó todas las costuras y hubo momentos de verdadera tensión social, aquí nos hemos acostumbrado a aceptar lo que nos toca con una mansedumbre digna de los bueyes más mansos. Hay, sin embrago, reacciones valientes.

Fundamentalmente es la reacción de las víctimas, de quienes han perdido lo más importante, de aquellos a los que el terrorismo ha matado a un padre, a un marido a un familiar. De aquellos que se les ha arrebatado todo y que, sin embargo con una rebeldía cívica han puesto sus recursos para ayudar en la construcción de una sociedad más justa, sin miedos y sin rencores cainitas.

El jueves tuve el privilegio de compartir mesa con Natividad Rodríguez, Pilar Manjón, Sandra Carrasco y otras personas que han hecho de su dolor un arma no partidista, un emblema de ayuda a los otros. Y se que muchas veces la tentación de agarrar una maza es muy fuerte, pero la palabra y la ausencia de miedo para usarla, sin eufemismos, ni medias tintas también se está convirtiendo en armas para despertar a una sociedad paralizada y con la empatía rozando peligrosamente el bajo cero.

Os dejo para que, si  lo deseáis, contempléis una dramatización que  han  hecho  los actores Rafa Martín y Carmen San Esteban en base a los testimonios de victimas recogidos en el estudio “El impacto en la salud de la Violencia colectiva”. Este estudio, auspiciado por la Fundacion Fernando Buesa, se ha   realizado a partir de más de 2000 encuestas a ciudadanos  del País Vasco y a cerca de 40 entrevistas en profundidad a víctimas de la violencia terrorista.

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4 pensamientos en “El tío de la maza

  1. Pingback: Lazkao, de héroes y comentaristas | Fernan.com.es

  2. Pues en un pais de cobardes por fortuna ha aparecido un valiente. Si dejaramos de mirar a otro lado y ocultar la cabeza como las avestruces, y cada vez que los fascistas hicieran una barbarie, se iria a sus casas a pedirles cuentas pues seguro que habiamos acabado con el problema rapidamente.

    Y en cuanto le condenen a esta persona con el pago de una multa, sere de los primeros en dar un donativo para echarle una mano.

    Este pais me recuerda la alemania nazi. Cuando fueron a por los judios nadie protesto, cuando fueron a por los gitanos nadie protesto, cuando fueron a por mi ya no quedaba nadie para defenderme…

  3. Obviamente no sugiero que se reaccione así, pero muchos hemos pensado por un instante que podría pasarnos a nosotros, que lo de poner la otra mejilla es un engaño.

    Seguramente este hombre aceptará su condena con resignación, una condena que nunca será comparable a que te destrocen la casa, te señalen con el dedo por la calle como a los judíos en la Alemania nazi, y además digan que tú eres el fascista, riéndose a tu puta jeta.

    Ojala ninguna víctima vuelva a recaccionar como él. Ójala no les den motivos.

  4. En los vídeos muestran su cara, pero en cambio tapan la del resto de personas, incluidas las de gente que mientras la policía lo detiene lo amenaza. Ah y la policía por supuesto con pasamontañas.
    Casi parece el mundo al revés.

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