Pabellón de Valencia en Fitur

Hace dos años, por motivos de trabajo me recorrí Fitur, la feria del Turismo en Madrid, cargado de una pesada cámara durante dos días interminables. Había quedado con ministros y consejeros de turismo de diferentes países y autonomías para hacer entrevistas para un canal de televisión en el que trabajaba.

Los responsables de comunicación  de la Comunidad Valenciana, cuando en la pre-producción avanzamos nuestra intención de entrevistar a sus dirigentes,  nos invitaron a comer una paella en su pabellón.  Así que después de una mañana cansada y dura,  llegué al pabellón valenciano y me dispuse a comer el arroz en compañía de otros periodistas, tan menesterosos y hambrientos como yo.

En al entrada del pabellón una señorita muy ejecutiva recogió mi invitación y tras mirar un poco al paisano que se la entregaba y al medio que representaba, me dijo sin inmutarse: “está la comida completa, no te puedo pasar”. Mientras decía  esto,  con toda la desfachatez del mundo,  acomodaba a personas que llegaban más tarde que yo y  sin invitación en la mesa.

Yo soy Aries.  Soy una de persona de prontos muy fuertes y explosivos que rápidamente se apagan. En ese momento sentí la sangre hervir. Me importaba un comino la paella. Me podía pagar cien paellas como esa.  De hecho,  acabé comiendo a cuenta de la dieta que me pagaba mi  empresa en un  restaurante mucho mejor. Lo que me jodió fue la displicencia, la chulería y la falta de respeto de unos tipos que me habían invitado sin yo pedírselo  y que luego me estaban dejando como un trapo, tirado  en la puerta de su pabellón. Mi pronto explosivo se calmó, respiré diez veces y dije para mi mismo “que se metan estos fulanos todos y cada uno de los granos de la paella por el orto”.  Me largué sin mirar atrás.

Hoy me  entero que los responsables de montar ese pabellón de la Comunidad Valenciana van a ser enjuiciados por corrupción. Que la señorita que me negó la paella y sus jefes van a pagar su prepotencia en un juicio que quizás acabe con ellos en la cárcel y con el descrédito de los dirigentes de la Generalitat Valenciana que consintieron sus chanchullos, sus trapicheos cutre-neocon. Y pienso que, habitualmente,  la falta de ética suele ir unida con la falta de estética. Y creo que, como la venganza, ese paella valenciana es un plato que mejor se come frío.

Por cierto, ¡buen provecho!

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5 pensamientos en “Pabellón de Valencia en Fitur

  1. Ya sabes Blondem, inspiración, respiración.

    Y si todo falla como dice Lorena: ¡zas, en toda la boca!

    Y Fernan, te aseguro que esa paella resultaría “de digestión amraga y de sabor incalificable”.

    Nouvelle cuisine total….

  2. Una paella en Valencia… De tan típico que es la invitación me parece hasta desagradable.

    Además, a ver quién es el guapo que se come una paella que ha pasado antes por algún orto 🙂

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