Elena se tira por la escalera

Salgo del trabajo y como cada día subo andando las escaleras de la estación de Abando. Subo andando por desentumecer las piernas después de un día de oficina. Por no sentirme encajonado en una escalera mecánica. Por no tener la sensación de ser una pieza en un engranaje.

Hoy subo y fugazmente he visto a mi izquierda un cuerpo que caía. Un grito y un golpe tremendo en el descansillo. He querido ir de inmediato a ayudar pero la gente seguía su paso y algunos han pisado el cuerpo tendido en su prisa de llegar a ningún sitio.

Es entonces cuando he tenido la impresión de estar en un sueño extraño. La persona caída se ha levantado y ha tomado impulso y se ha arrojado de cabeza al siguiente tramo de escaleras. Ha caído rodando, como en una película, golpeándose en la cabeza y en las piernas. Ha quedado muy quieta en el vestíbulo de la estación. La gente se ha quedado paralizada. Miraban y  nadie hacía  nada. Un chico, acompañado de un niño,  ha ido a ayudar. Yo he pedido a la gente que se apartara y he impedido que la movieran del sitio. He valorado su estado; estaba consciente  pero no demasiado orientada. He tocado con cuidado piernas, brazos y cuello y he creido apreciar una fractura en la clavícula.

– ¿Como te llamas?

Elena y me quiero morir.

– Bueno Elena, respira, toma aire. No me parece que te hayas hecho mucho daño pero te tienes que quedar quieta hasta que venga la ambulancia.  Respira y deja de temblar que ya ha pasado lo peor.

– Lo voy a volver a hacer. Estoy muy mal.

El chico y yo nos miramos. Yo suelto un par de lugares comunes, le digo que piense que,  aunque hoy esté todo mal en su vida,  quizás mañana pueda verlo todo de otra manera. Le cogemos de la mano, le acariciamos el pelo. Es muy joven, casi una adolescente. Tiene unos ojos muy azules pero inyectados en sangre por el llanto y por  el susto. LLega la camilla, les informo de las lesiones que he creido detectar. Le pregunto  a Elena qué medicación  toma y narra con voz de lección aprendida una serie de ansiolíticos y antidepresivos.

– Muchas gracias,  Elena -le decimos- y buena suerte.

– ¿Porque me dáis las gracias?

– Porque tu nos has dado la oportunidad de ayudarte y no pasar, ni pisar de largo.

A la de tres coordinados le subimos a la camilla. ¡Uno, dos y tres!

Elena cierra los ojos y  su madre, asustada y en segundo plano me da la mano.

Son las ocho de la tarde hora de coger el tren.

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5 pensamientos en “Elena se tira por la escalera

  1. Muchas gracias por vuestros comentarios. Este post era, evidentemente, un desahogo personal…

    Todavía tengo el cuerpo un poco raro. Me siento muy triste por esta chica y por todas las personas que están en su misma situación. Como decía en otro post estos casos son, en parte, la consecuencia de una sociedad que es muy agresiva y no está demasiado sana en su conjunto.

    Respecto al tema de los primeros auxilios, creo que es algo que debiera ser explicado en la escuela. No sabemos lo sencillo que a veces resulta tartar un problema médico en una circunstancia de emergencia.

    Al menos lo básico. Cómo es imperativo no mover a una persona que haya tenido un traumatismo, cómo parar una hemorragia aplicando presión en los puntos adecuados, cómo limpiar las vías respiratorias de objetos extraños o evitar que una persona se ahogue con su propia lengua o hacer una resucitación cardiopulmonar o el conocido popularmente como boca a boca. Y en un país como el nuestro con el txuletón en la dieta la famosa Maniobra de Heimlich….

    En la Cruz Roja imparten periódicamente este tipo de cursos

  2. ¡Grande dicky! Joer, es triste saber que a 200 metros de mi oficina, y 400 metros de mi casa puede haber gente que está tan mal y que probablemente con una charlita que tomas bien a gusto no iría a hacer cosas como esta.

    Además de municipal (en un corto), cámara, coordinador, gourmet de alto estánding, crítico gastronómico, coloca-gente, caza-talentos, periodista, y blogger, sabes de primeros auxilios?

    Gran Gran Grande!

  3. No tengo palabras…

    No por intentar ponerme en la situación de Elena e intentar imaginar lo que puede estar pasando por tu cabeza.
    Tampoco por el gesto que tú y el chico desconocido tuvísteis a la hora de auxiliar a la pobre chica que tan sólo conocíais desde un par de tropezones atrás.
    Y tampoco por la dejadez del rebaño ciudadano en el que lamentablemente nos vemos envueltos en muchas ocasiones.

    Lo que me fascina no es lo que cuentas, sino cómo lo cuentas. Y ojalá que esto lo puedan leer muchas más Elenas antes de querer tropezarse con el último escalón de su vida.

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