“La vida no es manera de tratar a un animal”, ante la muerte de David Foster Wallace

Se ha colgado de una viga David  Foster Wallace. Los que le conocían personalmente destacan que era un encanto, una persona bella y cordial. Era además uno de los escritores más brillantes de su generación. De mi generación. Tenía 46 años y la pesada carga de una personalidad autodestructiva que le generaba  largos periodos de  humor negro, de nubes  depresivas que le  impidían  ver la belleza del mundo y de la vida, si es que crees que existe tal belleza o tal vida.

DFW fue un gran escritor, y si no conoces sus trabajos te recomiendo que comiences por sus recopilaciones de relatos como ” La niña del pelo raro”, “Algo supuestamente divertido que no volveré a hacer” (una descripción afilada de un viaje en un crucero, una parábola de la sociedad) o “Hablemos de langostas”, en la que, en el relato que da título a la recopilación,  se plantea el porqué, para satisfacer nuestro apetito gastronómico,  debemos hervir hasta la muerte a un ser vivo.

Pero su gran obra, un libro que ya es de culto es “La Broma Infinita”. No es un libro sencillo de leer. Ni por su longitud, ya  que supera las mil páginas, ni por su estructura con decenas de extensas notas de pie de  página. Ni tampoco por su  tema. Nuestra sociedad es descrita como  el paraiso de las adicciones. Adicciones a los tranquilizantes, a los antidepresivos, a las emociones, y sobre todo  a la televisión. DFW fue el gran teórico de la tv como instrumento de control y de creación del imaginario colectivo. Es una lectura ineludible para todos los que de alguna manera estamos trabajando para  o estamos siendo manipulados por la tv. Por lo tanto,  para todos. (excepto para  mi compañera Jone y otros anacoretas, que son  resistentes y objetores de la tele).

Y depués de su obra,  el final del suicidio. Un final del que hablabamos un grupo de periodistas y diseñadores gráficos  el otro día en una de esas apresuradas charlas de café. Muchos afirmaban  que quitarse la vida es un acto egoista, plasmando en esa creencia esa  ética que nos ha grabado a fuego nuestra sociedad cristiana. Otros lo entendían como salida  en el caso de enfermedad grave y dolorosa. Otros decían que el suicidio es un error porque el que, él  se quita la vida,  no tiene la oportunidad de enderezar su acto si, en una hipotética vida futura , se hubiera arrepentido de esa acción. Me quedé sólo en esa discusión defendiendo  la autoextinción como el acto supremo de control de nuestro destino.

Nadie fue preguntado a la hora de llegar a la vida. Simplemente vivimos. Las razones de cada cual a la hora del suicidio  son suyas pero, aunque suene raro y aunque  probablemente nunca recurra a esa solución, entiendo a los que se la plantean y la ejecutan.

Libre albedrío. Decisión egoista. Hastío o dolor. Creo que sólo conociendo los límites de nuestra fugaz existencia y siendo dueños, en la medida de lo posible, de los mismos, podremos disfrutar de esta vida alienada que nos han impuesto vivir.  Es mi opinión. No pretendo sentar cátedra.
Albert Camus, ganador del Nobel de Literatura 1957, escribió: “Sólo existe un problema filosófico realmente serio: el suicidio”

Kilgore Trout es el personaje de ficción que, utilizado entre otros por Kurt Vonnegut, expresó la frase que titula este artículo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s