Una chica lloraba en la parada de los taxis

Me imagino que para los que consideramos que aún nos quedan unas pequeñas gotas de decencia, para los que todavía  no pasamos directamente de todo,  la gran pregunta que nos plantea esta sociedad es ¿me implico o miro para otro lado?.

Seguramente el profesor y periodista Jesús Neira ni siquiera pensó lo que hacía cuando recriminó a un energúmeno de nombre  Antonio Puertas mientras éste agredía a su pareja. Todos a estas alturas sabemos lo que pasó: Neira se debate entre la vida y la muerte tras ser agredido de manera vil y cobarde por el violento. Neira no miró para otro lado. La pareja del violento, la que fue defendida, niega la mayor y dice que el profesor se buscó su agresión porque ella no estaba siendo agredida sino que era “una simple discusión de pareja, un pequeño forcejeo” y que Puertas es una “bellísima persona”. También este año sucedio algo similar con  Daniel Oliver, un joven universitario de 23 años, que murió tras recibir un fuerte golpe del novio de una chica que estaba siendo pateada en el suelo y a la que intentó defender.

Love & Hate

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Realmente ante esta situación mi mayor perplejidad reside en la situación de la mujer que defiende a su maltratador. Lo entiendo por el miedo, por los vínculos, por el síndrome de Estocolmo que provoca una relación claustrofóbica y violenta.

Lo entiendo pero me subleva. La única vez que intervine en lo que, me pareció,  era una agresión de género lo mayores insultos me llovieron precisamente de la mujer a la que creía estar defendiendo.

Por esto y  por situaciones como las del profesor Neira siento mucho haber mirado el día 27 de julio de 2008, a las dos de la mañana, en la parada de taxis de Santurtzi para otro lado.

Llorabas, pequeña y encogida, mientras tu ¿novio? te insultaba. Creí entender que todo se resumía a un asunto de celos. Tu ¿pareja? te decía que habías hecho demasiado caso a otro chico en el pub Tabata. Él desde su altura, se trataba de controlar ante la presencia de nuestro grupo, pero todo su lenguaje no verbal expresaba una violencia a punto de estallar. Ahora, quince días después, sigo pensando que quizás no hicimos lo que debimos pero que, a la vista de la experiencia el  no hacerlo fue lo mejor. Para ti, pequeña chica de la parada de taxis, porque la frustración de tu ¿novio? se hubiera vuelto en tu contra cuando nos hubieramos ido tras defenderte. Para nosotros, porque nunca sabes con qué situación explosiva vas a tener que lidiar, porque en las calles cada vez hay más descerebrados con la combinación letal de armas más drogas. Para tu ¿novio? porque probablemente esa noche hubiera acabado con alguna contusión si nuestro grupo hubiera decidido tomar cartas en el asunto.

Te digo, chica de la parada de taxis, que, estás a tiempo de no ser complice de tu propia desgracia. Tienes una oportunidad de oro para ser feliz en la vida. Para no llegar a casa y sentirte degradada. Para no ser una perpetuadora de unos roles que son nefastos para la sociedad, para la mujer y para ti misma. Para no ser un trapo en manos de una persona que, a estas alturas de la relación, ya te ha perdido todo el respeto que te mereces.

Tienes una ocasión de oro. Piénsalo cinco minutos y pasa de una vez y por todas de ese imbécil.

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