LLueve sobre mojado

Hay cosas en las que la memoria te traiciona. Yo estuve en las Inundaciones del 83 y las recuerdo como un sueño apresurado. la noche que la Ría de Bilbao se fue de madre y se tragó el Casco Viejo de Bilbao yo estaba con mis amigos dispuesto a bajar a las Fiestas en el Arenal y a eso de las diez de la noche, el Puente del Arenal ya estaba sobrepasado y todo lo que rodeaba al teatro Arriaga era una inmensa laguna de agua embravecida.

Digo que lo recuerdo como un sueño porque lo que vi aquella noche fue, en experiencia, lo que puedes vivir en varios años de una vida normal. Luego estuvimos más de un mes una situación de catástrofe. Con el agua racionada, formando parte de cuadrillas de voluntarios que cada día eramos distribuidos por las zonas más perjudicadas vestidos con buzo y provistos de palas para acarrear toneladas de lodo.

El domingo a las cuatro de la mañana sentí algo parecido. Llovía, el cielo abierto sobre nuestras cabezas. Pero afortunadamente una serie de hechos afortunados impidió que la catástrofe se repitiera. Y una vez más nos confiamos a la fortuna. Porque nuestras autoridades estaban desavisadas, el servicio meteorológico no previó unas precipitaciones de esa magnitud, los voluntarios una vez más salvaron la situación y, gracias al cielo (nunca mejor dicho) no murió nadie. No se trató del recurrente aguaduchu que tantas veces en la historia de Bilbao ha destruido nuestra Villa. Fue sólo un aviso.

Un aviso de que 25 años después no se han hecho los deberes. Está por terminar el macro – colector La Peña Zorrotza que desagüe las crecidas de la Ría. El canal de Deusto sigue sin abrir para que sirva de salida alternativa a las crecidas. Y lo peor de todo, seguimos empeñados en construir en zonas inundables, espacios que el agua, que es muy tenaz y tiene mucha memoria, seguirá reclamando como suyos por mucho muro y mucho cauce que hagamos.

“por más que llueva y valga la redundancia,
llueve sobre mojado.
Bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla,
uno y uno son demasiados,
bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla,
llueve sobre mojado.
Y, al final, sale un sol
incapaz de curar
las heridas de la ciudad,
Y se acostumbra el corazón
a olvidar.”

(Joaquín Sabina y Fito Páez)

Ayer lunes la Ría volvía a mostrar su fondo marrón. Los cientos de toneladas de sustrato arrastrado y que se perderá, erosionando inevitablemente nuestros campos y vegas. Ahora, se ve cieno, pero si hay alguién lea este post dentro de mil años les mando un consejo para hacerse millonarios. Que excaven esa pasta endurecida. En el estrato correspondiente a la segunda mitad del siglo XX encontrarán una capa de roca negra compuesta por cientos metales pesados, que para entonces seguro que valen una pasta.

Ya lo decía el poeta bilbaíno

Sobre el ría, un telar.
la marea baja enseña
una mezcla de arena y lodo.
Son ya cien años untándonos de grasa
para que nos resbale todo.

Furor de Bilbao. Editorial Gerion. G. Yanke

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