Decálogo moral de una radiotelevisión pública

Leo un magnífico artículo de Jose Antonio del Moral en su blog y eso me hace ponerme a fantasear sobre cómo, en un mundo utópico, serían mi radio y televisión pública ideal.

Hay que tener en cuenta que quien escribe esto trabajó casi 8 años en los medios públicos de su país, ahora está en el sector privado, y aunque la situación actual la veo con un pesimismo infinitamente mayor que hace diez años, hago una reflexión sobre lo que para mi sería un medio público ideal.

– Mis informativos serán independientes. Fomentaré el reportaje de investigación y en especial investigaré las estructuras de poder político de mi área de influencia, convirtiendo mis programas en un contrapoder que refuerce la democracia y la salud de sus instituciones. Mi línea editorial estrá siempre del lado de los sectores más desfavorecidos de mi sociedad y seré beligerante contra de cualquier forma de violencia. Habrá vías horizontales para que cualquiera con una noticia relevante pueda vehiculizarla gracia a mi estructura.

– Tendré una estructura de personal ligera. No crearé un funcionariado. No hay nada más pernicioso para una gran mayoría de periodistas que la rutina de un trabajo fijo y estable. Vincularé contratos con resultados tangibles, no necesariamente de audiencia sino de excelencia. Trataré de que mi estructura laboral sea lo más parecida a la de la empresa privada sujeta a una evaluación continua.

– No trataré de competir con los Medios de comunicación privados en ámbitos de actuación que sean onerosos para el erario público. Si ellos deciden apostar por la televisión basura, por deportes cuyos derechos son estratosféricos, o por los concursos chabacanos será su problema, no el mío.

– Como corolario del anterior punto mi meta será la calidad en mis programas, el servicio público, no la audiencia.

– No competiré por una porción del mercado publicitario porque eso me obligaría ineludiblemente a entrar en la producción de realities, famoseo y telebasura en general.

– Al optar por una financiación publica me someteré al escrutinio de organismos independientes que auditen el destino de esos fondos.

– No competiré con las pequeñas productoras. Al contrario, aligeraré mi estructura de producción para abaratar mis gastos fijos y, de rebote, fomentar el mercado audiovisual local. No tiraré los precios de ese mercado gracias a que, al estar subvencionado con dinero público puedo hacerlo.

– Fomentaré la producción audiovisual de ficción de mi área de actuación. En especial el trabajo de nuevos realizadores.

– Fomentaré la Cultura de mi país, y al decir esto quiero decir la pequeña cultura, la creación en mayúculas, y no, por ejemplo, el fútbol.

– No gastaré en mi financiación el cincuenta por ciento de los presupuestos de la consejeria o ministerio de Cultura de mi país.

Quizás para los que conozcan desde dónde hablo esto les suene un poco local pero, creo que esos puntos se pueden aplicar en cualquier parte del mundo .

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