Elogio de la Melancolía

“El peor enemigo de nuestra felicidad es la imagen de la felicidad que nos venden”.

No recuerdo donde leí este comentario y siento no poder citar a su autor, pero no puedo estar más de acuerdo. Vivimos en una sociedad profundamente infeliz porque la fachada que hay que proyectar a los demás, siempre e ineludiblemente, es la del éxito. Somos una sociedad adolescente en la que, frente a valores como la inteligencia, o la urbanidad se vende (nos venden) valores como la juventud o una rebeldía de salón. Y, atención, brothers & sisters, hace algún tiempo descubrí que uno sólo es joven durante unos escasos diez años de la vida. Eso sí, muchos se aferran a una perpetua adolescencia mental. El resto de nuestras existencias, según nos cuentan nuestros queridos publicistas, debiéramos estar condenados a la fustración y a la amargura. Somos infelices porque podemos pensar en serlo. Las sociedades más felices son curiosamente las más pobres. Como muy bien decía el doctor Corbalán nadie en un poblado de África tiene tiempo para pensar en su felicidad. Tienen bastante con planear cómo conseguirán dar de comer a sus hijos cada día.

Así que yo, blanco, occidental, y habitante de una de las regiones más ricas del planeta reivindico el poder de la melancolía, una melancolía inconformista y pesimista. Una melancolía irónica y descreída. Un risa ante lo inevitable, un luchar contra lo que sabes de antemano que te va a derrotar porque, sólo con el fracaso se aprecian los éxitos. Dice, en un poema, el poeta venezolano Rafael Cadenas que “el éxito es el fracaso asumido, y el éxito no asumido es el fracaso”.

La suerte de este trabajo de periodista que, testarudamente, decidí para mi vida cuando sólo tenía cuatro años, es la de encontrarte con personas tan inteligentes, irónicas y divertidas como el filósofo y hermeneuta Andrés Ortiz-Osés. Grabar sus palabras y transmitirlas para que otros las aprovechen. Compartir el conocimiento como se comparte con los amigos un buen vino. Os dejo con su reflexión sobre la melancolía. Yo, ni aunque viviera mil años, podría decir algo que fuera, tan sólo, la mitad de lúcido.

Si queréis contemplar toda su charla podéis hacerlo en el canal Forum de www.deusto.tv.

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