Miguel de Unamuno poeta. El día que Bilbao dedica a su recuerdo

Unamuno poeta del almaTodos los 28 de septiembre. en Bilbao. se conmemora el día de Miguel Unamuno. Este pensador, filósofo, novelista y poeta fue una de las referencias intelectuales de su época y, todavía hoy, sigue siendo uno de los pensadores más citados y con mayor influencia. Dotado de una personalidad contradictoria hizo de la constante duda el motor de su vida y de su obra. Cuando estalló la Guerra Civil española era rector de la Universidad de Salamanca, rodeado de los campos castellanos que tanto bien hicieron a su espíritu. En los primeros tiempos de la revuelta fascista Miguel saludó esa insurrección porque creyó que iba a suponer una regeneración de la República a la que, consideraba corrupta y agotada. Más adelante, y tras ser utilizado propagandísticamente por los insurrectos a nivel internacional, se convirtió en un paria a los ojos de los intelectuales españoles y extranjeros que habían confiado en su pensamiento. Horrorizado, Miguel descubrió como aquellos a los que había apoyado se convirtieron en unos monstruos carniceros que ejecutaban incluso a sus buenos amigos por los que intercedió sin descanso.

Su última aparición pública, derrotado físicamente y síquicamente fue en la Universidad en el día de la Raza. Allí, uno de los profesores intervinientes, lanzó un discurso sobre las antiespañas. Miguel antes del acto expresó su intención de no hablar “porque me conozco”y resignado se hallaba al borde del agotamiento. No obstante, las palabras  le indignaron, durante la intervención había tomado notas en el dorso de una carte en la que la mujer de un pastor protestante  le pedía que intercediera antes las autoridades para evitar el fusilamiento de ese amigo,   y  ya no pudo evitar estallar y a voz en grito decir a la audiencia: “Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces, Pero, no, la nuestra es solo una guerra incivil (…) Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión (…) Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí esta el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis…

En ese punto, el general de la Legión Millan Astray empezó a gritar: “¿Puedo hablar? ¿Puedo hablar?” Su escolta presentó armas y alguien del público gritó: “¡Viva la muerte!” Entonces Millán gritó: “¡Cataluña y el País Vasco, el País Vasco y Cataluña, son dos cánceres en el cuerpo de la nación! ¡El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí!” en ese momento el militar perdió el aliento y no pudo seguir hablando. En la sala se oían gritos de “¡Viva España!”.En la sala hubo un silencio sepulcral, parecía que aquello no podía seguir, pero el anciano Unamuno, sacando fuerzas de donde no había exclamó: “Acabo de oír el grito necrófilo de “¡Viva la muerte!”. Esto me suena lo mismo que “¡Muera la vida!”. Y yo, que he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el enojo de quienes no las comprendieron, he de deciros, con autoridad en la materia, que esta ridícula paradoja que me parece repelente. Puesto que fue proclamada en homenaje al último orador, entiendo que fue dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que el mismo es un símbolo de la muerte. ¡Y otra cosa! El general Millán Astray es un inválido. No es preciso decirlo en un tono mas bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente hay hoy en día demasiados inválidos, Y pronto habrá más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Millán Astray pueda dictar las normas de psicología de las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como dije, que carezca de esa superioridad de espíritu, suele sentirse aliviado viendo como aumenta el numero de mutilados alrededor de él (…) El general Millán Astray quisiera crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por ello desearía una España mutilada…”

Furioso, Millán grito: “¡Muera la inteligencia!” A lo que el poeta José Maria Pemán, afecto al régimen faccioso, intercedió diciendo: “¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!” Unamuno ya era ingobernable, todo le daba igual, contemplaba su final físico con un desprecio rayano en la temeridad y, para acabar dijo: “¡Éste es el templo de la inteligencia! ¡Y yo soy su supremo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido , diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir, y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España”. Millán estaba rojo de furia pero, pensando en las consecuencias, se contuvo y, señalando a Carmen Polo, la esposa de Franco, ordenarle: “¡Coja el brazo de la señora!”, cosa que Unamuno hizo, evitando así que fuera linchado en su misma Universidad. Días después, Unamuno moría. Su canto del cisne le redimió frente a todos aquellos intelectuales progresistas que en los meses anteriores habían dudado de su integridad.

Hoy, al Unamuno que celebramos en esta fecha es al Miguel poeta, y se conmemora su figura poética con una conferencia, en la biblioteca de Bidebarrieta a las 19:30, de Ricardo Senabre, Catedrático de literatura de la Universidad de Salamanca. La presentación la realiza Jose Antonio Ereño Altuna, Catedrático de Historia de la Universidad de Deusto, escritor y estudioso de la figura de Miguel de Unamuno. Como os decía Unamuno siempre dudó, pero esa duda era también un anhelo profundo de creer. En esta pequeña poesía está condensada toda su figura contradictoria.

La oración del ateo

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes

a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi ama endulzóme noches tristes.

¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.

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