Periodistas, cómo conseguir que te odien y hablen mal de ti o de tu empresa

Como sabéis los que leéis este blog, el trabajo que paga mi hipoteca se desarrolla en una agencia de comunicación. Se podría decir que somos periodistas, pero que actuamos desde el otro lado de la barrera . Muchas de nuestras tareas tienen que ver con la “venta” de determinadas noticias. Y para vender, tienes que conocer al cliente que es, también, periodista.

Leo una muy divertida noticia que cuenta cómo el periodista de la revista de tecnología Wired, Fred Vogelstein, recibió por error un e-mail con un informe que manejan sobre él Microsoft y su agencia de relaciones públicas Waggener Edstrom. Cuando recibió ese correo el periodista estaba preparando un reportaje sobre la transparencia de la empresa de Bill Gates .

Y es que, siempre he dicho que jamás debes escuchar lo que la gente piensa sobre ti. A Volgestein segun Microsoft “le cuesta llegar al meollo de la cuestión y por lo tanto hay que tener paciencia con él”. Este detalle de la personalidad de Vogelstein molesta especialmente a su mujer, según señala él mismo, pero “no suponía que se hubiera convertido en un problema para Microsoft”. El dossier afirma que el periodista es “hábil” y le gusta “hurgar en la basura” para hacer sus artículos y suele poner “trampas” para pillar a las empresas. Opps! Ahora SI vamos a negociar el artículo, presumo.

Y eso me recuerda un caso real, ocurrido en “una empresa de comunicación”. Llamemosla (a la empresa) X. Sus protagonistas se verán reconocidas, pero permítaseme que les preste el anonimato, aunque alguna no se lo merezca. Recientemente una periodista se puso en contacto con esa empresa para hacer un reportaje sobre un cliente. Obviamente se le facilitó la tarea y se le proporcionaron los contactos. El problema es que la persona encargada de dar la información pertenece a la subcategoria “funcionarius nodagolpus”. Así que ni corta ni perezosa se quitó a la periodista de encima traspasando su tarea a una persona de su institución de inferior categoría jerárquica. Y lo hizo con un correo plagado de expresiones displicentes del tipo: “mira ésta, quiere un reportaje, ¡no te fastidia! ¡sí ya! y yo quiero la luna”, “qué se habrá creído, ¡qué ganas de molestar!”, etc . El problema de esta funcionaria es que, en caliente, escribió el email con la opción responder y, ¿adivináis a quien le llegó el correo?… Pues sí, a la periodista. Y es que la torpeza, la desidia y el correo electrónico unidos son muy malos aliados. La empresa de comunicación tuvo que hacer una delicadísima operación de relaciones públicas y de comunicación de crisis por culpa de una persona que:

– no quiso hacer su trabajo
– no respeta a los periodistas y a la labor social que desempeñan
– no sabe qué es y cómo funciona el correo electrónico

La anécdota de Microsoft y la propia me recuerdan al decálogo del mal portavoz ante la prensa que desarrolló Fernando González Urbaneja. Si alguna empresa quiere enemistarse con los periodistas que lo siga, y que, además, utilice mal el correo electrónico.

Lo que no debe hacer un portavoz (entre paréntesis mis opiniones)

1.- No contestar a las llamadas de los medios
2.- Dar respuestas evasivas
3.- Tratar de manera displicente a periodistas primerizos o de medios sin excesiva repercusión (recuerda, un periodista jamás olvida y el becario de hoy puede ser el Gabilondo de mañana)
4.- Fundamentar la estrategia de comunicación de la empresa en dar entrevistas a los medios y periodistas partidarios (o vetar a los no afines)
5.-Hablar mal de unos periodistas en presencia de otros (eso debiera también aplicarse a la vida en general, si tu hablas mal de alguien, probablemente del próximo del que hables mal será tu actual interlocutor)
6.- Recurrir al redactor jefe o al director si hay problemas con un redactor (mala idea, cuanto más alto subas en el organigrama del medio más gente enfadada conseguirás)
7.- Presionar a los medios para que tu publiquen información basándote en que has insertado publicidad
8.- No escuchar al periodista, ser arrogante (un capullo, en definitiva)
9.- Ser intolerante y exigente, no perdonar los errores involuntarios del periodista
10.- Quejarse con cartas al director, al editor, al defensor del lector (ver punto sexto)

En definitiva, que los periodistas también tenemos nuestro pequeño orgullo y, que como todo en la vida, el sentido común y la lealtad, suelen dar mejores resultados que la trampa y el pataleo. Y, eso sí, al enviar un correo es conveniente mirar siempre que pone en la casilla “para”.

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