¿Hubiesen sido posibles los campos de concentración nazis sin la complicidad de gran parte de la sociedad alemana? Hubiera podido construirse una maquinaria de exterminio si por ejemplo, el humilde guardagujas de una estación perdida, en la ruta de Auswicht, no hubiera accionado el cambio de vías al paso de un convoy lleno de seres humanos destinado al matadero?
¿Sería posible una estadística de mujeres muertas y heridas por la violencia doméstica o el terrorismo machista sin una sociedad que mirara para otro lado? Del número de ataques denunciados sólo un 3 por ciento lo hace la familia. En muchas casas las paredes de papel permiten a los vecinos saber con certeza que en la habitación de al lado le están partiendo la cara a una mujer.
Pero lo peor es la complicidad activa. Convertir esa violencia en un espectáculo morboso. Unir a víctima y a verdugo en un programa de testimonios de telebasura. Banalizar algo tan grave. Son guardagujas de la alemania nazi la audiencia de ese programa que busca una emoción alimenticia que les adormezca la conciencia, los anunciantes que se aprovechan del tirón de la mierda, los directores de la cadena que buscan subir sus puntos de share, las productoras que se pelean por ofrecer carnaza para seguir con el programa, los directores del espacio que llevan al límite a sus redactores para buscar ese testimonio que enganche a la audiencia. Y los redactores; periodistas que bucean en asociaciones, comisarías, grupos de apoyo para conseguir, casi siempre con engaños, que acuda la asustada víctima a un plató de televisión en la que será un cebo preparado para los lobos.
Yo durante dos meses fui un monstruo, colaboré con los nazis y ayudé a accionar el cambio de vías en uno de esos programas. Fui redactor de la telebasura y busque testimonios. Sólo conseguí una media docena. No me siento nada orgulloso, pese a que, hace diez años, esos programas eran la peli “Bambi” de Disney comparados con los de ahora. Me pude haber negado, pero necesitaba ese trabajo y durante dos meses me fui para casa sintiéndome sucio y miserable. Me salvó la campana. El programa duró muy poco porque tuvimos la suerte de tener una presentadora mala, mala, mala y ETB lo retiró de su parrilla para poner otra cosa parecida realizada por otra productora. ¿Y si hubiera seguido la cosa? ¿Hubiera sido capaz de plantarme un día, de no accionar la palanca del cambio de agujas?
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