Hace casi cien años tres individuos hicieron a pie, arrastrando trineos cargados de pertrechos, un viaje que, con el tiempo se catalogó como “el peor viaje del mundo”. Fueron 96 kilómetros que se hicieron en medio de las condiciones climatológicas mas adversas que nadie pudiera imaginar, en la más completa oscuridad. Fue el viaje que realizaron tres miembros de la expedición Terranova que organizó Scott en su intento de llegar a Polo Sur. Una empresa que finalmente le costó la vida a él y cuatro de sus hombres y que es trágicamente recordado porque Amundsen se les adelantó por unos pocos días en la llegada.
Los tres eran Cherry-Garrard, Bowers y Wilson. De los tres el que me provoca una especial admiración es Cherry-Garrard. Cuando Scott anunció que se disponía a conquistar el Polo Sur se presentron más de 1500 voluntarios a una empresa que se presumía cuando menos, arriesgada cuando no posiblemente mortal. El empeño de esos hombres no era conquistar la gloria o territorios para su país, Gran Bretaña. Los ojetivos eran científicos. Simplemente querían saber más sobre unos territorios vírgenes para la Humanidad y compartir lo que investigaran con el resto de los países. Cherry-Garrard se valió de todas sus influencias para ser elegido para esa expedición pero fue sistemáticamente rechazado. Era muy joven, no tenía experiencia científica ni de exploración y era, terriblemte miope. El uso de las gafas estaba completamente decartado en un lugar en el que iba a soportar temparturas de hasta cincuenta grados bajo cero. Finalmente cuando Scott le descartó, Cherry-Garrard ofreció de manera altruista una alta cantidad de dinero para patrocinar la aventura. Ese gesto le supuso ser elegido en última instancia.
Cuando se prepraró el que iba a ser un viaje secundario dentro de los ambiciosos objetivos de Scott, Cherry-Garrard ya había demostrado sobre el terreno polar sus magnifica actitud frente a las dificultades. Su incapacidad para el desaliento, su carácter aglutinador y positivo sobre el resto de los miembros del grupo. Así que Scott decidió que acompañaria a sus dos mejores hombres en el viaje que le les llevó desde el cabo Evans al cabo Crozier. Sobre esa experiencia y sobre el destino de la desgraciada empresa de Scott , Cherry-Garrad escribió el que se considera unánimente el mejor libre de viajes jamás escrito. Un libro que lleva el título de este post.
La primera expedición estaba destinada a conseguir unos huevos de pingüino emperador, un pájaro que en esa época era un total misterio para la ciencia. El pingüino sólo tiene huevos en el terrible invierno austral, una época en la que temperatura más “calida” es de 36 grados bajo cero. El viaje fue efectivamente terrible, en ese invierno de ventiscas, de oscuridad y de enormes grietas en las que cayeron en más de una ocasión. Unas caídas a las que sobrevivieron, porque iban atados por arneses a sus trineos que les servían de ancla frente a los abismos. Esos hombres anduvieron en sus jornadas peores un kilometro y medio al día y cuando llegaron, agotados al cabo Crozier se enfrentaron a lo peor. Tras conseguir tres huevos de pingüino, de los que dos se le rompieron a Cherry-Garrard porque se tropezó, se prepararón a pasar la noche en una improvisada cabaña creada con sus lonas y con nieve.
Esa terrible noche se abatió sobre ellos un temporal de fuerza descomunal que destrozó su refugio y se llevó por los aires su tienda. Hay que entender lo que eso suponía. Sin tienda, simplemente no tenían ninguna posibilidad de sobrevivir al viaje de vuelta. Esa noche con el el viento aullando sobre sus cabezas, sepultados por la nieve, metidos en sus sacos de dormir, la pasaron cantando himnos y canciones de taberna hasta que quedaron dormidos por el cansancio y la angustia.
Quiso la fortuna que al día siguiente encontraran la tienda incomprensiblemente cerca y emprendieron el viaje de vuelta. El frío, las privaciones, el cansancio les hizo en ocasiones desear la muerte como una alternativa dulce. El sudor que producían sus cuerpos se congelaba y hacía que sus ropas y sus sacos de dormir estuvieran congelados y duros como piedras. Cherry-Garrard contaba que una noche tiritó tan fuerte que pensó que su columna vertebral estaba a punto de romperse. Hicieron turnos en el viaje para que alguién no se durmiera andando porque el cansancio era tan extremo que se dormían durante la marcha mientras tiraban de sus trineos. Frente a todo, frente a las condiciones infames, frente a unas equipaciones que hoy no llevaríamos ni a una excursión de media montaña, fente a una dieta inadecuada y escasa, esos hombres lo lograron. Fue un triunfo de la voluntad y al final no importó que el objetivo fuera un huevo de pingüino. Simplemente ellos dieron un paso más en su viaje hacia la meta.
Estos días he andado por la nieve, por las montañas,he seguido rutas, he pasado frío. ¿Por qué he elegido hacer eso y no me he quedado a gusto en el calor de mi casa? No lo se. Mientras caminaba pensaba en Apsley Cherry-Garrard, en Robert Falcon Scott y en un huevo de pingüino emperador.
Por la tarde, viajaba hasta el Valle de Ayala, en concreto a la preciosa localidad de Quejana. Allí la SPRI, con Álex Crespo en la organización desarrollaba el primer Barnetegi Tecnológico. Esta actividad, en un marco de lujo, el hotel Arcos de Quejana, (muchas gracias a su director Ángel San Mamed por las facilidades que nos proporcionó en nuestra labor) consistía en un “internado” para diez personas. Los participantes, en su mayoría talluditos, fueron en dos días de concentración, formados intensivamente en el uso práctico de nuevas tecnologías. Sus profesores, expertos como Ray Fernández, Juanan Pereira o Aitziber Hernández. Tuvimos la oportunidad de hablar también con Iñaki Suarez, director de Área de la Sociedad de la Información de la SPRI y Txomin Alkorta de EJIE. Lo más gracioso de la tarde fue la “conferencia telefónica” que establecimos, gracias a Txomin, con un viejo compañero de batallas el “hacker reciclado” Jose Luis Farelo (queda pendiente la comida…). Y hablando de los participantes deciros que me emocionaron los testimonios de gentes como don Sebas Agirretxe, ingeniero industrial de 71 esplendidos años, que se declaraba encantado de poder manejar el mundo de Internet, o Farid Mikhael, con 65 años, dispuesto a no perderse ni uno sólo de los avances que se produzcan en las TICs a partir de ahora. Con todo ese material ya estamos preparando un vídeo que se mostrará el próximo jueves en Tolosa, en el marco del Día de Internet. Como véis muchas cosas, todas muy rápidas, todas muy emocionantes. Espero poder contaros más los próximos días….
La escritora Connie Willis en su novela “Oveja Mansa” habla de los problemas de una investigadora a la hora de encontrar el origen de las modas que, con periodicidad de una gripe atacan a las sociedades occidentales. La pregunta que intriga a la protagonista es uno de los misterios más grandes de las culturas y sociedades humanas: ¿cómo demonios se originan las modas? ¿De donde salen esas efímeras sociales y/o estéticas modas? Esas modas absurdas,en las que si no estás a la última en el objeto de la moda eres un paria social. Al hablar de estas modas lo hacemos de asuntos que van desde las muñecas Barbie hasta el grunge, de los patinetes a Risto Mejide o Prison Break.Y si hablamos de modas, deberemos hacerlo también, del Cambio Climático y los Medios de Comunicación . Hace unos años, y hablo con conocimiento de causa porque dirigí un programa sobre ecología en Radio EUskadi, llamado “Frontera Azul”, el hablar de temas ecológicos era enfrentarse al desierto. Era una labor ingrata porque, no había interlocutores, salvo los cuatro militantes de grupos ecologistas y algunos abnegados científicos. No había oyentes porque para escuchar una noticia, supongamos, sobre la desertificación del Levante español, había que integrarse dentro de una miltancia medioambiental. El programa duró una temporada en antena y luego se me pidió una reconversión temática. Era demasiado pronto para hablar de algo que no estaba de moda.
De eso habla el libro que os recomiendo, una obra de John Brunner titulada ”El Rebaño ciego” . En este libro, escrito en 1970, se describe el mundo de principios del Siglo XXI (nuestra época actual). Este mundo imaginado se aboca el desatre total por la contaminación química y biológica. Los niños mueren de disentería, malaria, tifus, avitaminosis (y no sólo en los países del Tercer Mundo, también Europa sufre una gran hambruna por la contaminación definitiva y total del Mediterraneo). Mientras, los adultos contemplan cómo su esperanza de vida se acorta cada día que pasa y son cada vez más conscientes que no habrá una nueva generación. “El rebaño ciego”, sin embargo, no es panfletario en la denuncia del consumo desenfrenado y la amoralidad empresarial y política. Todos los datos están documentados y son presentados de manera rigurosa. Es un libro que está viendo como muchos de sus presupuestos se están cumpliendo


