La jueza del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Haro (La Rioja), Doña Marta Iciar Fernández-Hierro Martínez, ha rechazado la reapertura de las diligencias previas derivadas del “caso Enaitz”, pedida por el Fiscal Superior riojano, Juan Calparsoro.
El auto alude al atropello mortal, el 26 de agosto de 2004, del joven Enaitz Iriondo, por un vehículo conducido por Tomás Delgado, quien, en marzo de 2006, reclamó a los padres del fallecido 20.000 euros por los daños ocasionados en el accidente en su coche, un Audi A-8, así como los gastos de alquiler de otro vehículo.
La jueza dice que el Ministerio Fiscal, en febrero de 2007, consideró que debía confirmarse el auto de septiembre de 2006, en el que se apreciaba la existencia de cosa juzgada y se decretaba el archivo de las diligencias previas, tras la denuncia penal presentada por los padres del menor contra Delgado por un presunto delito de conducción temeraria y bajo la influencia de bebidas alcohólicas.
“No ha sido hasta el año 2008 cuando este asunto ha despertado un inusitado interés en los medios de comunicación, cuando el Ministerio Fiscal ha considerado incorrecta la resolución de 22 de septiembre de 2004, y se ha molestado en instruir unas completísimas diligencias informativas, algo totalmente inusual en la práctica diaria de los tribunales”, señala el auto.
También cree que “atenta contra la más mínima y esencial seguridad jurídica (…) pretender convertir un auto de sobreseimiento libre en uno de sobreseimiento provisional después de haber consentido durante cuatro años” y “resulta inquietante pensar que pueda haber sido la trascendencia mediática del asunto la que haya motivado este cambio de criterio jurídico”.
Y ante esta resolución me hago dos preguntas de profano en temas jurídicos: si esas completísimas diligencias fiscales de ahora, consiguen destapar nuevos datos relevantes, por qué no aceptarlas; si resulta inquietante para la señora Jueza que sea la trascendencia mediática la que ha conseguido que el fiscal opte por la reapertura, no será porque, precisamente la naturaleza del atropello es tan moralmente indignate y tan jurídicamente defectuosa que requiere otro juicio justo. Un juicio que en su día no se dio.
Estoy en contra de la vendettas, de las ejecuciones en plaza pública, de los linchamientos morales o físicos pero creo que el caso Enaitz requiere justicia, y eso, sólo eso, es lo que se niega a Antonio, a Rosa y sobre todo a Enaitz. “Tengas pleitos y los ganes”, dicen los gitanos. Esto no se acaba aquí. Enaitz tiene detrás a mucha, mucha gente que no está dispuesta a arrojar la toalla. Él no se merece que una señora jueza desde la tranquilidad de su despacho esté por encima del Bien y de Mal, sobre todo del Mal. Con estos folios asepticos la justicia despacha un drama humano provocado por un señor que, lo mires como lo mires, no merece seguir en la calle poniendo en peligro a otros seres humanos.
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