Algunas de las mejores historias y algunas de las mejores formas de contar esas historias están en los cómics. Ese “presunto arte menor” está suministrando en los últimos años argumentos al cine y las novelas gráficas se convierten en éxitos de ventas compitiendo en igualdad de condiciones con los serios libros. Ya no son los tebeos para niños. Es mucho más. Y lo mejor es que el arte contar está en pleno proceso de crecimiento. Hay muchos autores con estilos personales que hablan de asuntos que antes no se hubieran planteado. Me acuerdo de Marjane Satrapi, de la que muchos somos fans. Pienso en la serie de obras de Guy DeLisle, empezando por su visión de un régimen autocrático (que no autocrítico) en Pyoyang, sus Crónicas Birmanas o el más reciente y delicioso, por lo sutil, por lo minimalista, por lo cariñoso, por el detalle (de regalármelo, gracias) “Cómo no hacer nada“. (publicado por la generosa y arriesgada Editorial Astiberri)

una viñeta políticamente incorrecta de "No hacer nada"

Yo Tarzan, tu Jane, Ellos Alicia y Pernan
Aquellos que tenemos tan poco talento desearíamos tener mucho poder o muchos euros para, al menos, cumplir la función de Mecenas que estas gentes merecen. Me veo, como el pastelero de Cyrano, regalando bollos a personas como Alicia y Pernan que, en cuatro líneas claras reconfortan el espíritu, dan que pensar y sirven de tónico para la crisis. Su obra está en marcha y debiera ser vista, admirada e incluso estudiada en Universidades. Conocer a alguien se llama la cosa y reconforta casi tanto como un caldo de pollo para el espíritu.
Véanlo, oigan, y participen, se sentirán de lo más a gustito.







