Hola Paula. Esto que te voy a contar no es tu aita. Es la visión particular y desenfocada sobre unos tiempos en los que se compartieron trabajo, mesa, alegrías y penas, esperanza y desánimo. Durante más una década. No dejes que te digan eso tan gastado de que, cuando seas mayor, entenderás lo que ha pasado. Cuando pierdes a tu padre da igual que seas mayor o, como es tu caso, una niña. Se arranca una parte de tu identidad, y ni los recuerdos podrán completar ese vacío tan grande.
Nos consolamos con la memoria porque es mejor que la nada, y por eso miramos al pasado, y hacemos una selección de los momentos. Celebramos lo bueno y olvidamos lo regular. Porque toda vida se compone de claros y oscuros. No existe la excepción a esa regla.
En ese pasado hay una oficina a medio montar, mesas y llaves allen. Un tipo apresurado que fumaba y andaba y llamaba por teléfono y escribía como si no existiera un mañana. Qué ironía, era verdad, su mañana se esfumó en un momento. Tan pronto. Y ese gol que se gritó en una oficina vacía, y que asustó a los vecinos. Y la inmersión en el Abra, qué momentazo. Ese ok con la mano y las burbujas que subieron para arriba y se mezclaron con los rayos de sol. El resto de la tropa echando la papilla, mareados por unos simples borreguitos, y aquí los veteranos impasible el ademán.
Y la comida. La humanidad está dividida en dos tipos de personas. Los que comen y los que se alimentan. Ese comer la comida tres veces. La primera con los ojos, cuando salían los platos, la segunda apresurado (siempre corriendo, ¡qué manía!) y la tercera paladeando y preparando la siguiente.
Se ha discutido y peleado en esas oficinas, siempre esperando un cambio de moqueta, y de las mejores broncas surgieron las mejores complicidades. Algún inconsciente te metió por los senderos del Warcraft, y seguro que más de un orco lo sintió en su piel y en sus huesos.
Hay una playa en esta historia. El sol ya cae y el Mediterráneo abraza a un hombre que, desnudo de ropas, agobios y tristezas, entra en el mar. Si es cierto que existe un lugar en el que los buenos momentos quedan congelados ese lugar ya fue. Atrápalo, es tuyo. Para siempre.









