Es lo que tiene el vivir en una zona fronteriza. En un cruce de caminos. La gente de Carson City lo sabía y los de Zorroza también. Aquí, en la margen izquierda, en ocasiones ves pasar a la gente y en otras la ves quedarse. Permanecer estampados, como polillas atraídas por la bombilla, dentro de sus vehículos en las, más que famosas, míticas curvas de Zorroza. Y así, lo que empieza con una voz en megafonía que te saca del sueño mientras aulla un “¡¡pare su vehículo!!”, suele terminar invariablemente con un chirrido, un derrape y un automóvil incrustado en la acera. Con un coche con el capó y el palier reventados tras llevarse por delante unos cuantos bolardos, y con la gasolina deslizándose peligrosamente.por la calle. Y con dos señores esposados y con la mitad del turno de la benemérita policia municipal de Bilbao comentando la jugada. A altas horas de la
madrugada. No, perdón. A las cuatro y diez.
Y no es la primera vez. El hombre (no el mismo siempre, claro), tropieza en esta curva, en coche tras persecución policial, tres veces.
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