La desgracia de un padre bobo

Yo te entiendo cuando te aburres. Es muy triste tener 20 años y estar de vuelta de todo y de todos.

Con tu edad Baudelaire, además de trasegar ingentes cantidades de alcohol, pillar la sífilis y haber abusado de todas las drogas que encontró a mano,  había escrito poemas, estudiado Derecho y había conocido a Balzac. También, con veinte años escasos,  fue marino mercante, putero reconocido y escritor de poemas tan bellos como fatalistas y descreídos.

Con tu edad,  miles fueron arrancados de sus casas y expuestos al fuego y la metralla . Desembarcaron en Juno, Omaha o Utah y encontraron sangre, fuego y muerte. Les dijeron que, probablemente, harían historia y que salvarían a la democracia. Ellos sólo hicieron aquello que pensaron que estaba bien, muchos no regresaron.

Con tu edad, hace sólo un par de centenares de años ya  eras un adulto y, por delante, tenías una esperanza de vida no superior a los cuarenta años. Había que darse prisa. Probablemente, a tus 19,  ya tendrías  un par de hijos, tus manos estarían doloridas por las artritis, habrías perdido la mitad de tu dentadura y  tus  pocos momentos de descanso los dedicarías a engendrar nuevos hijos o a descansar hasta el siguiente amanecer.

Ahora, en este mismo planeta, quizás no muy lejos de donde vives, gente de tu edad tiene que trabajar de sol a sol. Otros son prostituidos, algunos son carne de cañón en guerras o simplemente son adoctrinados para volarse en pedazos o volar a otros.

Y tu, ¿qué has tenido? Una educación culpable y timorata. Unos padres inmaduros. Una sociedad rica y permisiva. Sois los hijos únicos, los sobrinos únicos, los únicos nietos. La generación mejor preparada (cuando desea ser educada).

No habéis tenido la suerte de pelear por vuestro dinero, de desear y no alcanzar lo deseado. De tener que compartir la ropa de vuestros hermanos mayores. Toda vuestra experiencia viene dada por sucesos programados o de segunda mano. Nadie os ha puesto límites, ni siquiera os han pegado un bofetón. Lo echaréis de menos. Ya lo estáis haciendo.

Como los perros que molestan, no es  vuestra culpa. Cuando los perros  incordian, o cagan donde les da la gana o ladran, la culpa es de los amos. En vuestro caso la gran  desgracia, básicamente,  es que tenéis  un padre bobo.


11 comentarios to “La desgracia de un padre bobo”

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