Le pido a mi sobri, que está de visita, que me haga de secretaria para escribir unas pocas líneas. Este blog estará parado, por razones técnicas, un tiempo indefinido. Más o menos lo que tarde mi mano en cicatrizar. Y es que, amiguitos, haced caso al tío Dicky y cuando utilicéis maquinaria peligrosa, como una motosierra, no lo hagáis cansados, tras haber hecho una ruta de 17 km por los Picos de Europa, ni a la luz de una bombilla, ni sobrevaloréis vuestras habilidades.
Aprovecho estas líneas para agradecer al cirujano plástico del Hospital de Cruces, dr. Mario Llop, por su impecable labor de zurzido de tendones y colgajos. A los amabilísimos facultativos del centro de salud de Posada de Llanes en Asturies que me hicieron las primeras curas, me pararon la hemorragia y me inyectaron una milagrosa inyección de voltarem. También aprovecho para dar las gracias a mis gruesos guantes de piel de becerro que evitaron que algún que otro dedo acabara por el suelo.
Lo más surrealista de esta experiencia fue, sin embargo, el rato que compartí box en urgencias con un hiperacelerado y peligroso neng que había sido generosamente rociado con un spray de defensa. Desde aquí hago un aviso a la chica que le dio la dosis. “Que se prepare esa chorba -repetía el amigo del chándal blanco- porque la voy a matar“.
O sea que mientras lo cosa se mejora reflexionaré sobre la suerte de haber nacido en un país en el que existe la anestesia, el nolotil y un adecuado sistema de salud pública. Y cuando decida hacer labores tan masculinas como cortar leña, lo decían los Monty Phyton en la “canción del leñador”, tendré más cuidadín.
Feliz Hannuka a todos, nos leemos a la vuelta.
Escrito en Personal, accidente | Etiquetas: cruces, lumberjack song, monty phyton, motosierra, nolotil, voltarem
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